Veedores y examinadores

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Manuel Rubio Fuentes, bajo licencia CC By-sa petit.png
Acta del Concejo de Guadalajara de 7 de enero de 1711: lista de veedores y examinadores (Archivo Municipal de Guadalajara)

La ciudad de Guadalajara a través de su Ayuntamiento poseía desde tiempo inmemorial el privilegio de examinar a los que aspiraban a ejercer un oficio con la categoría de maestro, tener su "oficina" propia y abrir tienda para vender sus productos. Además, también controlaba el ejercicio de las actividades económicas de sus vecinos mediante las ordenanzas municipales que debían cumplir los gremios.

Para cumplir con estos cometidos, el Concejo tenía la facultad de nombrar veedores y examinadores de oficios, que debían tener la categoría de maestros en sus oficios. Normalmente, se nombraban dos veedores por oficio y de tantas clases como oficios había en la ciudad. La lista de nombramientos sirve, pues, como termómetro de la situación económica de la población, pues el número de veedores variaba en función de las actividades que en cada momento se ejecían en la localidad. En todo caso, el Concejo hacía todo lo posible por mantener los oficios existentes e, incluso, incrementarlos, para lo cual ofrecía determinados beneficios a aquellos que se establecieran en la ciudad, como la exención de tributos y cargas municipales y ciertas facilidades para el establecimiento de tienda.

Estos cargos eran anuales. Cada año, en la primera sesión que celebraba el Concejo, se procedía a su nombramiento, después de que se hubieran designado los comisarios, escribanos, contadores, porteros, etc. Estos nombramientos quedaban registrados en los libros de actas.


Oficios urbanos

Los nombramientos registrados a lo largo de los años nos permiten valorar de forma indirecta la importancia de los distintos gremios. Los veedores de algunos gremios cambiaban todos los años, lo que da a entender que eran gremios numerosos; los de otros eran siempre los mismos: un individuo o una misma familia (padre e hijo, hermanos), lo que pone de manifiesto el escaso número de sus integrantes.

A lo largo de la Edad Moderna, la ciudad de Guadalajara tuvo una nómina bastante larga de oficios, aunque varió mucho a lo largo de los tiempos. Junto a periodos de pujanza y esplendor (hasta el primer tercio del siglo XVII, a finales de este siglo y mediados del siglo XVIII) hubo otros de notable decadencia (casi todo el siglo XVII y primer tercio del XVIII).

  • Algunos oficios son nombrados de forma permanente, año tras año, como alcalleres, boteros y odreros, cabestreros, calceteros, jubeteros y gorreros, carpinteros y albañiles, cedaceros, cereros, cerrajeros, cordoneros, cuchilleros, espaderos, fontaneros, molineros, sastres, sellos de paños, sombrereros, tejedores, tundidores, zapateros, zurradores (nombrados desde antiguo); cardadores, tintoreros, pasamaneros, caldereros, latoneros y olleros, pasteleros, guarnicioneros, albarderos y bataneros (desde el primer tercio del siglo XVII).
  • Otros oficios figuran de forma esporádica en las listas municipales, como maestros de coches y carros, confiteros, coleteros, molederos de chocolate, enjalmistas, entalladores, alpargateros, maestros de obras, medidores de tierras, alojeros, esparteros, herreros, maestros de vidrieras, polvoristas y coberteros.


Intervención de los veedores y examinadores

Como hemos dicho anteriormente, la misión de los veedores era doble:

  • Por una parte, tenían que examinar en el oficio a todas aquellas personas que, procediesen de donde procediesen, reuniendo las condiciones necesarias, lo solicitasen. Para ello, formaban un tribunal con el corregidor de la ciudad que, como máxima autoridad de la misma, era el presidente del mismo, y un escribano. Este tribunal se encargaba de someter al aspirante a todas las pruebas establecidadas desde antiguo por el gremio correspondiente y juzgaba si el aspirante era apto o no para desempeñar el grado de maestro en el oficio. Si era declarado apto, el escribano levantaba acta de lo ejercitado y al examinado se le entregaba un título que le permitiría ejercer el "oficio de maestro, tener oficina [taller donde trabajar] y tienda propia" en toda Castilla. Las actas de los exámenes se encuentran tanto en el Archivo Municipal como el los protocolos del Archivo Histótico Provincial.
  • Por otra parte, los veedores tenían que girar visitas a los distintos talleres y tiendas, velando por que se cumpliera la ordenanza municipal y la normativa gremial correspondiente en materia de calidades y precios. Además asesoraban a los regidores comisarios del Ayuntamiento cuando se producían denuncias de particulares


El acta o título de maestro

Todas las actas constaban de las mismas partes. Se iniciaban con la fecha de celebración y continuaban enumerando los nombres de los integrantes del tribunal con el cargo que cada uno de ellos desempeñaba (corregidor, teniente de corregidor, veedores del oficio correspondiente, escribano). Después describían al examinando: talla, edad, rasgos físicos (pelo, barba, defectos o marcas físicas, etc.) y lugar de procedencia. A continuación hacían referencia a las pruebas del examen y consignaban el dictamen definitivo, con enumeración de las competencias a las que daba derecho el título que se expedía, así como la circunscripción en la que tenía validez (los entregados en Guadalajara eran para todo el reino de Castilla).

A lo largo de los tiempos, la única variación que experimentaron estos exámenes fue la simplificación de las pruebas. El resto del procedimiento prácticamente permaneció inalterable.


Referencias bibliográficas

Rubio Fuentes, Manuel (2003). Una ciudad castellana en el Siglo de Oro: Guadalajara (1630-1700) [Recurso electrónico]. Guadalajara : Diputación Provincial, 1 disco (CD-ROM).