Escuela Municipal de Artes y Oficios

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png

A comienzos de 1916 los alcarreños se hacían eco de un rumor que paulatinamente cobraba fuerza: La Hispano-Suiza buscaba terrenos suficientes para construir un gran centro fabril en Guadalajara.

El 21 de julio de 1917 se inscribía en el Registro Mercantil de Madrid La Hispano, S.A. Fábrica de Automóviles y Material de Guerra, una sociedad que hasta agosto de 1936 situaría a Guadalajara entre los centros fabriles más importantes de Europa dedicados al desarrollo de la industria aeronáutica y automovilística.

La puesta en marcha de estos talleres, y las enormes expectativas de empleo surgidas, movió a las instituciones de Guadalajara a buscar las alternativas posibles en materia de formación laboral, aumentando la oferta realizada por la Maestranza de Ingenieros del Fuerte de San Francisco y por el Ateneo Instructivo del Obrero. Muy pronto, se abrieron varias aulas para que los más jóvenes obtuvieran los conocimientos y experiencia oportuna en los oficios que allí más se necesitaban; especialmente, delineación, carpintería, forja y ajuste de metales.

Escuela Municipal de Artes y Oficios

Vista de la calle Ingeniero Mariño de Guadalajara. c. 1925. A la izquierda se identifican los locales y jardín de la Escuela Laica. Tarjeta postal editada por Gutenberg (ca. 1925). (Colección particular.)
Enrique Catalán con sus alumnos en el aula de dibujo de la Escuela Municipal de Artes y Oficios (ca. 1925).(CEFIHGU, Colección Latorre–Vegas, NC.- 0348.)

De forma paralela, el Ayuntamiento de la capital acordó en la Sesión del 31 de enero de 1919 la fundación de una Escuela Municipal de Artes y Oficios, « donde las familias de las clases obreras pobres y poco acomodadas encuentren con facilidad medio de proporcionar a sus hijos aquellas enseñanzas y conocimientos que deben ponerles en condiciones positivas de sostener la lucha por la existencia y de labrarse un porvenir».

Para este objetivo se esperaba la colaboración de la Diputación Provincial de Guadalajara, administración que tenía en estudio un proyecto similar; de hecho, en la sesión del 7 de febrero de ese año se leyó en la sala municipal el acuerdo positivo tomado por la corporación provincial. No obstante, y por razones que desconocemos, la pretendida Escuela Provincial de Artes y Oficios nunca entró en funcionamiento.

Años más tarde, en la sesión del 10 de noviembre de 1922, y a iniciativa de Miguel Solano González, alcalde de Guadalajara, se retomó y materializó el proyecto; aprovechando para ello el ofrecimiento realizado al Ayuntamiento por Fernando Lozano, administrador de la Fundación de don Felipe Nieto Benito, y ante la posibilidad de contar con la colaboración económica del Estado gracias al Real Decreto de 16 de de diciembre de 1910. De este modo, pasaron a disposición municipal los locales de la Escuela Laica de Guadalajara y el material y maquinaria que existía en sus dependencias de la calle Barrionuevo (hoy finca número 48 de la calle Ingeniero Mariño).

En esa misma Sesión del 10 de noviembre se aprobó la composición del cuadro de profesores y sus remuneraciones salariales. Como director, a propuesta de Fernando Lozano, sería nombrado Tomás de la Rica Calderón, quien también se ocuparía de impartir las asignaturas de Aritmética, Física y Química, y Elementos de Construcción. Para el cargo de secretario fue elegido Antonio Pardo Borda, que impartiría las nociones de Gramática Castellana y Caligrafía. Además, se designó a Luciano García López responsable de las materias de Elementos de Mecánica y Prácticas de Taller y a Enrique Catalán Gañán de Dibujo Lineal, Dibujo Artístico, Modelado y Vaciado, e Historia del Arte.

El reglamento definitivo de la Escuela Municipal de Artes y Oficios se aprobó en la sesión del 24 de enero de 1923 y su disolución en la del 18 de julio de 1932. Esta clausura vino forzada por la creación de otra institución: la Escuela Elemental del Trabajo del Patronato Local de Formación Profesional, a establecerse en los locales del antiguo Hospital Militar; es decir, en las dependencias del desaparecido convento de Santo Domingo, allí donde todavía hoy existe el Instituto de Educación Secundaria Castilla.

En las aulas y talleres de la Escuela Municipal se formó una generación de profesionales de la delineación, metal y carpintería que encontró su desarrollo profesional en los talleres de La Hispano y en los de la Maestranza de San Francisco, cumpliendo así sus objetivos iniciales.

Bibliografía

  • Batalla Carchenilla, César María. "Los Ateneos en Guadalajara (1877-1896) : primera aproximación". En: Wad-Al-Hayara, n. 25, 1998, p. 207-224.
  • Pradillo y Esteban, Pedro José. Hispano-514 : el automóvil y la industria en Guadalajara (1917-1936). Guadalajara : Patronato de Cultura, 2011