Puerta del Puente

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png
Detalle de la Vista de Guadalajara de Anton Van der Wyngaerde (1565).
Puerta del Puente según Anton Van der Wyngaerde (1565).
Alzado, desde aguas abajo, de Bernardo Martínez (1628).
Alzado, desde aguas arriba, de José de Arce (1742).

En el intermedio del puente del Henares se alzaba una torre que servía de acomodo a una puerta que regulaba el paso de personas y mercancías.

Esta construcción, con funciones defensivas y tributarias, fue erigida después de la reconquista de Guadalajara con una considerable altura y fortaleza. Este aspecto fabuloso le otorgó una notable fuerza visual y representativa, y la convirtió en una de las señas de identidad de la ciudad, al menos, hasta mediados del siglo XVIII.

En aquella centuria, el efecto pernicioso de las consecutivas crecidas del Henares generó graves patologías en el histórico puente que, al final, provocaron el hundimiento de dos de sus arcos y la demolición de la torre.

Sillares romanos

Los cronistas del siglo XVII consideraron al puente de Guadalajara como una «obra de romanos», sustentando parte de su razonamiento en los sillares con epigrafía latina que existían en la fábrica de su torre.

Por ejemplo, Alonso Núñez de Castro, copiando en parte el texto de la Historia de Guadalajara de Francisco de Torres, prosigue y completa:

Francisco de Medina de Mendoza, en los Anales de Guadalaxara manuescritos, que yo tengo, afirma aver fundado los Romanos esta Ciudad… y en la torre grande, que está de medio a medio sobre la puente, ay una piedra en lo alto, cuyas letras están gastadas, solamente se leen las que aquí van, no se entiende, más de que NO. // AEMIL. I. // AI ANN. // M. XXXIII. // esta piedra se puso el año de mil y 33 de la fundación de Roma… Al pie desta torre de la puente, a mano derecha del arco, que mira a Marchamalo, ay dos piedras, a manera de escudos, en esta forma, con inscripciones romanas: TITVS // BRVT. // AVGVST.

Esta práctica, la de colocar sillares de manifiesta antigüedad en obras nuevas, fue habitual durante el pasado. Con ello, las instituciones promotoras, trataban de magnificar sus actos pero, sobre todo, manifestar los remotos orígenes de su acreditada existencia.

Construcción medieval

Basilio Pavón, después de estudiar las distintas fábricas de sillería que componen el puente, llegó a la conclusión que esta torre se alzaba sobre el segundo pilar más inmediato a la orilla de la ciudad. Dado que éste era el más reforzado por los canteros cristianos en sus intervenciones reparadoras de los siglos XIII y XIV.

No obstante, después de advertir que fue vista por Andrés Navarejo en 1525 y afirmar la autoría de maestros cristianos, nos recordaba que existen puentes romanos –el de Alcántara– e hispanomusulmanes –como el de Pinos– con torres en su intermedio. Además, señalaba la existencia de varias hiladas de sillarejos en el tramo macizo de la orilla opuesta a la ciudad que podían corresponder a otra puerta, también de factura cristiana.

Debemos recordar que en esa cronología, siglos XIII y XIV, y en territorios de los reinos cristianos se han conservado puentes con torres defensivas sobre su calzada –señalar, por ejemplo, el de Frías o el de Besalú– o en sus extremos –como los de Alcántara y San Martín en Toledo–.

Para conocer formalmente la torre de la puerta del Puente contamos con tres documentos gráficos de excepción: la Vista de Anton Van den Wyngaerde de 1565, y los alzados que realizaron los arquitectos Bernardo Martínez en 1628 y José de Arce en 1742, para ilustrar sus propuestas de intervención.

En el dibujo de 1565 se observa su ubicación exacta, sobre el pilastrón que fue reconstruido en el siglo XVIII, y se aprecia su gran altura y fortaleza: más de 20 metros y cuerpo defensivo en la coronación aupado sobre un alero de modillones o matacanes. Esa gran elevación y terraza final sugieren que, en su interior, existiera una escalera de comunicación y varias plantas intermedias con aspilleras de defensa e iluminación, tal como parece insinuar el ilustrador con sencillos trazos.

Con la misma eficacia Anton Van den Wyngaerde resuelve el detalle de la puerta del puente: superposición de dos arcos de herradura de diferente desarrollo y buharda para el rastrillo; guardando un esquema similar al del torreón exterior del puente de San Martín en Toledo y al empleado en la puerta de acceso al recinto interior del Alcázar Real de Guadalajara. Este detalle nos permite datar su edificación en la segunda mitad del siglo XIII.

El reducido ancho de la calzada –próximo a los 7 metros– y las exigencias constructivas para mantener la estabilidad de la torre, obligaban a que el vano de la puerta arrojara una exigua luz. Esta circunstancia impedía, por tanto, el paso de carruajes que tuvieran ejes de especial desarrollo, como era el caso de la carrozas de las comitivas regias.

Nosotros (Pradillo y Esteban, 2004, p. 147-148) tuvimos la oportunidad de documentar las obras de desmonte parcial que se acometieron con motivo de las visitas de Felipe II en 1585 y 1592.

Reparaciones y demolición

En 1628 Bernardo Martínez presentó un proyecto ante el Concejo en el que incluía la colocación de un ostentoso chapitel de pizarra sobre la azotea defensiva, aplicando una solución similar a la que se adoptó para rematar el campanario de la Concatedral de Santa María. En el dibujo aportado por el maestro se manifestaban dos opciones: una, más sencilla, con sólo cuatro guardillas en el primer cuerpo; y otra, de mayor aparato, con esferas y estípites en las ventanas, linterna y, sobre ésta, el segundo cuerpo con estípites en los cuatro faldones.

Desconocemos cuál de ellas se materializó, pero sí que en 1700, con ocasión de la venida de Felipe V, toda la torre fue objeto de una importante intervención restauradora:

Primeramente, es data tres mil y quinientos reales que ymportan la obra que se hizo en la Torre de la Puente del Río Nares para el paso de su Magestad por esta Çiudad, por estar toda endida, en que se redificó, y Pretiles que se echaron a parte de dicha Puente

Tampoco podemos precisar el alcance de estas intervenciones pero, a la vista del dibujo realizado por José de Arce en 1742, parece que se reformó la cubierta; desmontando el chapitel barroco y colocando un tejado a cuatro aguas sobre un cuerpo de ventanas.

Finalmente, en 1774 y después de varios años con el viaducto clausurado por ruina, se emprendió el proyecto de reconstrucción diseñado por Marcos de Vierna que no contemplada el mantenimiento de aquella formidable construcción; una vez que las funciones que habían justificado su existencia –la recaudatoria del derecho de pontazgo y las estratégicas de observación y defensa– quedaron obsoletas.

Bibliografía

  • Cadiñanos Bardecí, Inocencio. "El puente de Guadalajara: origen, reparos y reconstrucciones", en Wad-Al-Hayara, 27, Guadalajara, 2000, p. 37-54.
  • Muñoz Jiménez, José Miguel. "Iconografía y topografía: análisis de la Vista de Guadalajara de Antonio de las Viñas y de otras dos vistas barrocas", en Actas del III Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, Guadalajara, 1992, p. 673-690.
  • Núñez de Castro, Alonso. Historia eclesiástica y seglar de la muy moble y muy leal ciudad de Guadalaxara. 2ª ed. Guadalajara : Aache, 2003. Primera edición en 1653.
  • Pavón Maldonado, Basilio. Guadalajara medieval : arte y arqueología árabe y mudéjar. Madrid : CSIC ; Instituto Miguel Asín, 1984.
  • Pradillo y Estaban, Pedro José. Guadalajara festejante : ceremonias y fiestas de lealtad a la monarquía. Guadalajara : Aegidius, 2004.
  • Sánchez Doncel, Gregorio. "El puente de Guadalajara sobre el Henares", en Wad-Al-Hayara, 11, Guadalajara, 1984, p. 227-238.