Puente de las Infantas

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png
1565. Detalle de la «Vista de Guadalajara».

La ciudad de Guadalajara contó, a lo largo de la Edad Media, con varios recintos amurallados de acuerdo a las necesidades defensivas de su cada vez más extenso núcleo urbano. En cualquier caso, aquellos cinturones se ajustaron a las limitaciones del terreno, el barranco del Alamín y el barranco de San Antonio, y a un centro estratégico de referencia: el Alcázar Real, de donde partían los lienzos de murallas.

De todos sus frentes, la cortina del Alamín era la más vulnerable, pues las suaves y elevadas laderas del otro lado del barranco permitían al enemigo emplazar sus efectivos con comodidad y realizar con facilidad operaciones de hostigamiento. Por ésta, entre otras razones, este flanco carecía de puerta de acceso y sí de un pequeño hueco o portillo que, después, se transformaría en la Puerta del Postigo.

Esta puerta tenía por objeto la comunicación entre la ciudad y el pequeño arrabal existente a la otra orilla del barranco, facilitar el acceso de las mercancías y viajeros que venían por el camino de la Salinera y el tránsito hacia el nuevo Convento de San Bernardo, construido en sus inmediaciones a finales del siglo XIII. Para una mayor efectividad, frente al hueco, defendido por el Torreón del Alamín, se levantó un puente para vadear la corriente torrentera que recibiría el nombre de las «Infantas»; pues, según la tradición, fue mandado levantar durante la residencia en Guadalajara de la infanta Isabel y la infanta Beatriz de Castilla.

Reparos y reconstrucciones

1881. Planta del proyecto de reforma del arquitecto Antonio Adeva (Archivo Municipal de Guadalajara).
1910 (ca.). Tarjeta postal del torreón del Alamín y puente de las Infantas.

El viaducto de las Infantas es una obra de mampostería, macizo en todo su alzado, desde las vertientes hasta el pretil que lo cierra. Únicamente tiene un ojo: un arco de ladrillo de dos pies y medio de rosca y de reducidas luces, las suficientes para permitir el paso de la corriente de agua. Así aparece representado en los dibujos y fotografías más antiguas, a excepción de la «Vista de Guadalajara» realizada en 1565 por Anton Van den Wyngaerde.

En este dibujo se reproduce el puente de las Infantas con, al menos, dos arcos para salvar la depresión. Esta disparidad nos incita a suponer que, primero, el dibujante flamenco se tomara alguna licencia a la hora de representar el puente; o que, segundo, éste fuera protagonista de actuaciones reparadoras –o sustituidoras– de importancia en fechas subsiguientes. De hecho hemos podido constatar documentalmente distintas intervenciones de consolidación que, de una u otra manera, han afectado a la fisonomía y funcionalidad del viaducto.

Por ejemplo, sabemos que en el invierno de 1607-1608, cuando ya contaba con un único arco, se hubo de acometer una importante reparación «en la puente de la Puerta del Postigo, desde el ojo de la puente hazia la çiudad y otro paredoncillo que a de hazer atravesando el arroyo que viene de la cuesta de Hita», según condiciones de Antonio de Aguilar, maestro de obras. En ellas se establecía cómo debería levantarse el nuevo muro de mampostería, su espesor, alzado y pretil:

[...] de manera que quede en tres pies y medio de grueso y con este grueso suba hasta la superficie del enpedrado de la dicha puente y desde allí arriva se levante el antepecho de la mampostería según e la manera y del propio grueso y alto que agora está en que todo el largo de la puente con sus bueltas, non derribando lo que agora está en pie ansy antepecho como paredón [...] (Archivo Histórico Provincial, protocolo 236).

Finalmente, el remate de la obra recayó en Diego de Valera, maestro de obras, por un valor de 156.000 ducados.

Aún son más numerosas las referencias de actuaciones reparadoras que, durante el siglo XIX, acometió el Ayuntamiento para mantener la integridad de este puente. Por ejemplo, en 1862, el arquitecto municipal Cayetano Hermógenes Palacios redactó un proyecto y pliego de condiciones para el afirmado, colocación de aceras y mejoras en el puente de San Antonio y en el del Alamín. Concretamente para este último proponía –según otro anterior fechado en 1861–, componer unos muretes de tapial con machones y verdugadas de ladrillo, y rematar la obra con una albardilla de teja sobre ladrillo, alcanzado un presupuesto de 2.146,60 pesetas. Esta intervención no aparece reflejada en el dibujo de Salcedo de 1877; en el que, pese a la sencillez de la traza, se reconoce un antepecho con muy poco desarrollo vertical.

Años más tarde, en 1881, el arquitecto municipal Antonio Adeva se responsabilizaría de la obra de sustitución de aquellos muretes por otros pretiles de mampostería y ladrillo, recolocando los recuperados en la demolición. Esta sencilla obra sería objeto de una intervención reparadora en 1895 dirigida por el arquitecto municipal Baldomero Botella, presupuestándose trabajos de rejuntado en las fábricas de mampostería y ladrillo.

El 25 de mayo de 1921 una Real Orden de la Dirección General de Bellas Artes declaraba Monumento Histórico-Artístico al torreón del Alamín; esta catalogación propiciaría una serie de intervenciones, casi siempre a cargo de la Brigada Municipal de Obras, orientadas a la preservación del baluarte. En aquellas actuaciones nada se expresa sobre los posibles reparos a realizar en el puente de las Infantas, aunque si los hubo. Después de la última restauración acometida en 1965 por el Ministerio de Cultura, el torreón y puente quedaron a la espera de su rehabilitación total; objetivo que se cumplió sólo para el baluarte en el año 2000.

En 2011, fecha de este artículo, se ha procedido a la limpieza y rejuntado de la fábrica de mampostería, a la reparación del arco o bóveda de ladrillo que permite el paso de las aguas y a la recomposición de los pretiles, reponiendo aquí los ladrillos perdidos del sardinel que constituye el pasamanos.

Estado de conservación

2011. Obras de limpieza de las fábricas y restauración del arco en proceso de ejecución.

A la vista de la fábrica del puente de las Infantas, la documentación consultada y las imágenes que hemos podido manejar, se puede precisar que la obra tiene una antigüedad considerable, quizás medieval; sobre todo, si tenemos en cuenta el estado de descomposición de los mampuestos calizos que constituyen las hiladas regulares de sus muros pantalla.

Esta fábrica está constituida por hiladas horizontales de mampostería ordinaria hasta alcanzar la rasante de la calle, punto en el que se interrumpe para adaptarse a la pendiente de la vía, acortándose las hiladas progresivamente en dirección al torreón. A partir de aquí, por el contrario, el pretil se resuelve con hiladas paralelas a la línea dibujada por el desnivel de la vía; es decir, en ángulo con las de los muros de contención.

En consecuencia, nos encontramos ante una obra histórica resultado de, al menos, dos fases constructivas: una primera, anterior a 1608 –fecha en la que hemos documentado la primera intervención reparadora de cierta envergadura–, que comprendería a los muros de contención, al arco y bóveda de ladrillo que permite el paso de la corriente de agua; y, una segunda, datada en 1881 y dirigida por Antonio Adeva, limitada a los muretes antepechos que delimitan la calzada con su albardilla de ladrillo a sardinel de dos pies en toda su longitud.

Como particularidad, en su frente meridional y sobre la clave del arco, muestra un recuadro formado por sillares rectangulares en cuyo interior se exhibe una losa de alabastro muy deteriorada. Quizá, en su origen, se tratara de una lápida conmemorativa a su construcción en tiempos de Sancho IV, o de un simple recurso ornamental –reutilizando una pieza procedente de un expolio–. En cualquier caso, su estado de conservación impide cualquier determinación.

Bibliografía

  • Diges Antón, Juan. "La Torre del Alamín". El Atalaya de Guadalajara, n. 194, 1892.
  • Layna Serrano, Francisco (1943). Los conventos antiguos de Guadalajara. 2ª ed. Guadalajara : Aache, 2010.
  • Pradillo Esteban, Pedro José. "El torreón del Alamín : Centro de interpretación de las Murallas de Guadalajara". Wad-Al-Hayara, n. 30, 2003, p. 213-230.


Plano de situación