Primera Guerra Carlista

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Juan Pablo Clero Delso, bajo licencia CC By-sa petit.png
8 de noviembre de 1873. La Comisión de Armamento y Defensa de la Provincia de Guadalajara comunica al Ayuntamiento de Guadalajara que esta ciudad debe contribuir con 49 soldados al ejército [de 300.000 hombres] que se estaba formando para luchar en la guerra contra los carlistas. La provincia en conjunto contribuía con 1.320 hombres (Archivo Municipal de Guadalajara).

La Primera Guerra Carlista comenzó en Talavera de la Reina el 3 de octubre de 1833 con el pronunciamiento de Manuel González a favor del pretendiente Carlos María de Borbón, consecuencia del problema sucesorio planteado a la muerte del rey Fernando VII, que había designado como heredera en el trono a su hija, la reina Isabel II. El conflicto terminó en julio de 1840 con la derrota del ejército carlista de Ramón Cabrera y su marcha al exilio, aunque desde agosto de 1839 el conflicto armado estaba prácticamente resuelto con el Abrazo de Vergara, un acuerdo que ponía fin a la guerra en el norte de la Península.

En la ciudad de Guadalajara la proclamación de la reina Isabel II tuvo que posponerse casi tres meses, hasta que el 22 de diciembre de 1833 la presión de la Corte y la voluntad de los liberales alcarreños fueron más fuertes que las dudas y titubeos del Duque del Infantado, que finalmente alegó una enfermedad para no presidir los actos de proclamación de la reina, y el rechazo de la Iglesia Católica, que ni asistió a dicha proclamación ni celebró con ese motivo ninguna ceremonia religiosa.

A pesar de todo, la ciudad de Guadalajara pudo mantenerse al margen del conflicto, pues la mayoría de su población era partidaria de los liberales, que a partir de 1835 volvieron a dirigir la ciudad, como ya lo habían hecho durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) y el Trienio Constitucional (1820-1823). La élite progresista ocupó de nuevo la alcaldía arriacense de la mano de Félix de Hita o Gabino García Plaza.

La fidelidad a la reina Isabel II y la hegemonía política de los progresistas eran tan evidentes en Guadalajara, que la capital alcarreña fue elegida como residencia para algunos ciudadanos que fueron condenados a penas de destierro por sospecharse que apoyaban a los carlistas. Así ocurrió, entre otros, con un grupo de canónigos de la catedral de Zaragoza (Francisco Rafael Sanz, Juan Antonio Castejón, Florencio Subías y Faustino Garroberena, catedrático de Teología de su Universidad) que fueron enviados a municipios leales de la provincia.


Partidas carlistas

Por si la ciudad se veía atacada por las partidas carlistas, que eran muy numerosas en las comarcas vecinas de La Alcarria, la Sierra y el Señorío de Molina, se procedió a amurallar el Fuerte instalado en terrenos del convento de San Francisco con las piedras extraídas de la antigua iglesia de San Ginés, que fue derruida.

Guadalajara estuvo en peligro cuando el ejército expedicionario carlista que mandaba el general Miguel Gómez derrotó a los isabelinos en Matillas el 30 de agosto de 1835, pero la llegada de nutridos refuerzos liberales a Guadalajara le hizo desistir de asaltar la ciudad. Tampoco en su regreso a sus bases en el norte peninsular, intentó el general Miguel Gómez ocupar la capital alcarreña, a pesar de que el día 10 de diciembre de ese mismo año pasó a sólo dos kilómetros de los arrabales de la ciudad.

La tranquilidad sólo se rompió temporalmente en Guadalajara con la llegada en septiembre de 1837 de la Expedición Real, un ejército expedicionario carlista que, llegado desde Navarra y el Maestrazgo, intentó conquistar Madrid. Pero después de renunciar el 12 de septiembre a tomar por asalto la capital del reino, los soldados carlistas iniciaron la retirada por el valle del Henares, ocupando brevemente a su paso la ciudad de Guadalajara, donde las autoridades y los liberales más significados se refugiaron en el Fuerte de San Francisco, que no fue atacado por los carlistas. El pretendiente y sus soldados, que se batían en retirada, abandonaron la capital y el día 19 fueron alcanzados por las tropas liberales en Aranzueque, donde sufrieron fuertes pérdidas de hombres y material.

Y aunque la guerra no terminó en tierras alcarreñas hasta el verano de 1840, con la ejecución del cura de Valtablado del Río por comandar una última partida carlista, la ciudad de Guadalajara no volvió a verse agitada por el conflicto bélico.


Referencias

  • Bullón de Mendoza Gómez de Valugera, Alfonso (1984). La expedición del general Gómez. Madrid : Editora Nacional, 1984.
  • Extramiana, José. Historia de las Guerras Carlistas (1979). L. Haranburu Editor. San Sebastián : L. Haranburu, 1979.
  • Pirala, Antonio (1984). Historia de la Guerra Civil y de los partidos liberal y carlista. Turner. Madrid : Turner, 1984.
  • Ferrer, Melchor (1960). Historia del Tradicionalismo español. Sevilla : Editorial Católica Española, 1960.


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