Parroquia de San Julián

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Manuel Rubio Fuentes, bajo licencia CC By-sa petit.png

Desde la época medieval, la ciudad de Guadalajara contó con diez parroquias: nueve en el casco urbano (Santiago, San Andrés, San Gil, San Esteban, San Miguel, Santa María, San Ginés, San Nicolás y Santo Tomé) y una extramuros, en el arrabal de la Alcallería (San Julián). De esta última trata este artículo.

Recuerda Layna Serrano que "en el arrabal de la Alcallería asomándose al barranco de San Antonio estuvo la modesta parroquia de San Julián". Al igual que el resto de las iglesias construidas entre los siglos XII y XV, podemos suponer que los elementos mudéjares constituirían la estructura de la misma, con hiladas de ladrillo intercaladas entre bloques de mampostería y argamasa, ornamentada interiormente con labores de yeserías típicamente mudéjares. Disponía, en todo caso, de una elevada torre de planta cuadrada que hacía las veces de torre vigía. Desde ella se dominaba toda la vega del Henares y, sobre todo, el puente sobre el río, que daba acceso a la ciudad. En la segunda mitad del siglo XVI, su estado era ruinoso: en 1575 se reparó el arco de la Capilla Mayor por el temor de que se hundiese la iglesia y en 1596 tuvieron que derribar y volver a construir el campanario.

Su evolución como parroquia

Plano de Guadalajara en 1814: el número 10 señala la parroquia de San Julián. La letra D es la plaza de los Caídos (Archivo Municipal de Guadalajara).

Aunque su estructura nunca fue la de un templo poderoso, mientras la Alcallería se mantuvo como un arrabal potente (prácticamente, el centro de la villa), en el tiempo en que se fue formando y poblando la ciudad cristiana hasta el siglo XV, llegó a se un templo importante y dispuso de privilegios, como el de que su campana fuera la encargada de anunciar la hora en la que se abría el mercado libre y la de anunciar su conclusión.

Su riqueza y esplendor estuvieron, por tanto, ligados a los del barrio del que era parroquia: pero la Alcallería fue despoblándose progresivamente hasta llegar al siglo XVI, en que quedó convertido en arrabal de escaso y pobre vecindario cuyos habitantes se dedicaron fundamentalmente a la confección de cerámica de donde le viene el nombre.

Otro factor que contribuyó al empobrecimiento de esta parroquia fue el emplazamiento en la parte Este del arrabal del convento de la Merced o de San Antolín (nombre de una ermita anterior emplazada en el mismo lugar), que atrajo las pocas limosnas del barrio a la vez que desvió hacia sí las fundaciones de aquellos vecinos de la ciudad que, de alguna manera, se habían sentido atraídos hacia esta iglesia, hasta el extremo de que en este siglo XVI solo se conservaba una capellanía, fundada por Beltrán de la Cal y nueve memorias de muy escasa aportación económica que no cubrían sus necesidades. Por otra parte, solo existían dos Cabildos muy en precario como fueron los del Santísimo Sacramento y el de las Ánimas.

A pesar de todos estos inconvenientes, San Julián se mantuvo como parroquia, hasta 1831, cuando tras la desamortización de Mendizábal, fue suprimida y luego vendida a un contratista que la demolió.


Adscripción al Cabildo de Abades y Beneficiados de la Ciudad

La supervivencia de San Julián se explica por su adscripción al Cabildo de Abades y Beneficiados de la ciudad, desde el reinado de Juan II: mediante bula, este Cabildo obtuvo el derecho a proveer, sin intervención del arzobispo de Toledo, de párroco a la iglesia, algo que haría hasta el siglo XIX. Al cabo, este derecho se convirtió en una carga, pues el Cabildo, además de pagar al sacerdote, tenía que correr con la mayor parte de los gastos que el mantenimiento del culto con una determinada decencia exigía.

Los párrocos nombrados por el Cabildo tuvieron que luchar, y no poco, por mantener en pie la iglesia. Todos los años tenían que hacer obras menores que se llevaban el dinero que entraba en la iglesia y otras cantidades proporcionadas por el Cabildo, que no pocas veces fue advertido por los visitadores eclesiásticos de su dejadez en este aspecto. En 1645 el maestro de obras de Guadalajara Juan Ramos tuvo que acometer la gran obra de desmantelar el tejado y artesonado de madera de todo el edificio, echar cajas nuevas y montarlo de nuevo reponiendo toda la madera que fuera necesaria, así como las tejas además de deshacer y volver a levantar el arco toral.

Aún así, la parroquia tuvo algunos momentos de cierto esplendor, no tanto en lo económico como en el número de parroquianos: la llegada de los moriscos granadinos a Guadalajara hizo que se convirtiera en la parroquia de un buen número de ellos. Hubo entonces un incremento notable en el número de bautismos (capillos) y entierros (rompimientos). Los visitadores eclesiástico avisaban con frecuencia a los párrocos de San Julián, para que no olvidasen su principal obligación que era el adoctrinamiento de los nuevos fieles. Esto duraría hasta 1610, año de la expulsión de los moriscos de España.


Inventario de bienes muebles

De la pobreza de esta iglesia dan fe algunos de los inventarios que se conservan de los que se fueron haciendo en los cambios de mayordomos. Así, en 1672 se entrega por inventario de la iglesia lo siguiente:

  • Dos cálices grandes con sus patenas de plata, uno de ellos ya estaba en 1583 y el otro, en 1586, se cambia por uno pequeño que había y se entrega dinero.
  • Una cruz de bronce con su crucifijo que ya estaba en 1583
  • 2 cajas con su cubierta y cristo de plata que habían sustituido a otras de madera y ajofar en el inventario de 1653.
  • Un cofrecito de pino y marfil con cerradura de plata.
  • 3 crismeras con sus 3 vasitos de plata que habían sustituido a otros anteriores de hoja de lata.
  • Un viril de plata donde se pasa la custodia del Santísimo
  • 2 capas, una de ellas se hace después de 1586 ya que antes no había.
  • 8 casullas, 7 de las cuales (2 de damasco blanco,1 de terciopelo, 3 de telilla y una de fustán) ya aparecen en 1583, la otra en 1586
  • 6 palios, tres de ellos de 1583.
  • 2 mangas de terciopelo que aparecen en 1583 junto con otra ya vieja.
  • 8 candeleros, 4 ellos aparecen en 1653.
  • 2 atriles de madera uno de los cuales aparece en 1583.

No se hace mención en el inventario de 1673, aunque si existirían ya que figuran en inventarios anteriores, de un incensario de bronce, dos lámpara de metal una en el altar mayor y otro en el de Nuestra Señora, dos campanas en la torre, una rueda de campanillas y tres campanillas mas para los altares (de metal o bronce), dos escaños, ocho bancos grandes y tres chicos, las gradas del monumento, unas andas de Nuestra Señora y otras de difuntos, un cirial de las tinieblas (o teneblario), varios ciriales, un arca con llave, el púlpito y una custodia sobredorada (de madera).


Referencias

LAYNA SERRANO, F.: "Historia de Guadalajara y sus Mendozas en los siglos XV y XVI". Reedición de AACHE Ediciones, Guadalajara 1995. 4 tomos

MUÑOZ JIMÉNEZ, J.M.: "La arquitectura del manierismo en Guadalajara". Guadalajara 1987

NÚÑEZ DE CASTRO, A.: "Historia Eclesiástica y Seglar de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Guadalaxara". Madrid 1653.Reedición de AACHE ediciones, 2003

PECHA, F. H.: "Historia de Guadalajara y como la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus ciudadanos". Institución Marqués de Santillana, Guadalajara 1977. 359 págs.

PRADILLO ESTEBAN, P.J.: "El desarrollo histórico del casco antiguo de Guadalajara". Wad-al-hayara nº 18. Guadalajara 1991.

RUBIO FUENTES, M.: "Una ciudad castellana en el Siglo de Oro: Guadalajara (1630-1700)". Tesis en CD. Colección de tesis y monografías sobre la provincia de Guadalajara. Diputación Provincial 2003.

RUBIO FUENTES, M.: "El cabildo de Abades (también llamado de curas) y beneficiados de Guadalajara". Cuaderno de Etnología nº 38. Guadalajara 2006. Págs. 277-312.

TORRES Y PEREZ, D. F. DE: "Historia de la muy nobilísima ciudad de Guadalajara dedicada a su Ilmo Ayuntamiento".- Manuscrito de 1643 sin publicar. Manuscrito copia del original conservado en el Ayuntamiento de Guadalajara.