Palacio del Conde de Coruña

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png
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Palacio de los Condes de Coruña en la plaza del Jardinillo (en 2011).

Esta casona, hoy desdibujada y oculta por el efecto de reformas de distinta consideración, es uno de los principales exponentes de la arquitectura culta de la Guadalajara del Renacimiento; equiparable al palacio de don Antonio de Mendoza (Convento de la Piedad), y al palacio de Dávalos, y muy superior al palacio de La Cotilla, al palacio del Conde de la Vega del Pozo, al palacio del Vizconde de Palazuelos o al palacio del Señor de Miralrío.

Durante las últimas décadas sus propietarios, la familia Simón Lamparero, están realizando un enorme esfuerzo para rectificar las alteraciones sufridas en tiempos pasados, dejar al descubierto la mayor parte de su antiguo programa ornamental y, en la medida de lo posible, devolver al palacio su distribución inicial.

Gracias a este empeño, desde hace años podemos admirar la belleza de los artesonados que cubrían sus salones en uno de los comedores del Restaurante Minaya y en las oficinas de la sucursal bancaria que existen en la planta baja de este histórico inmueble.

En lo mejor de Guadalajara

Francisco de Torres en el libro 1º de su Historia de Guadalaxara, al tratar sobre las excelencias de la ciudad, trae a cuento un comentario realizado, quizás, por don Alonso Suárez de Mendoza, tercer conde de Coruña, en el que alababa las bonanzas de la misma y, en especial, las del enclave donde se situaban sus casas principales:

…cuentan los viejos que un señor conde de Coruña, estando en una embajada con el gran turco, empezaron a hablar de climas y de temple de Reinos, y dijo entonces el conde: yo me puedo gloriar de que soy de la mejor tierra del mundo, y que gozo del más feliz cielo de todo él; y preguntándole el turco la razón respondió el conde: las Españas, según los que han visto el mundo y los historiadores, son las más sanas y de clima más alegre que tiene el universo. De las Españas, es lo mejor dispuesto el reino de Toledo, y la Ciudad que más lindo sitio y más apacible goza en él es Guadalaxara. Y en Guadalaxara la mejor parte, la más alta y descollada, es la plaza de San Nicolás donde nací y vivo; de suerte que con razón puedo decir que soy de la mejor tierra del mundo y gozo el más favorable cielo de todo él…

Orígenes

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Palacio de los Condes de Coruña: detalle del artesonado mudéjar (en 2011).
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Palacio de los Condes de Coruña: detalle del alfarje del salón protocolorario de los Suárez de Mendoza (en 2011).

Pero desde cuándo los condes de Coruña decidieron establecer o construir las casas de su mayorazgo en lugar tan privilegiado es aún un interrogante sin respuesta; aunque en la obra mismo Torres se indica: «Lorenzo Suárez de Figueroa y Mendoza, primero conde de Coruña, cuyas casas son en la Plaza y Parroquia de San Nicolás, que pocos años se pasaron a ellas los padres de la compañía de Jesús.»

En opinión del doctor José Miguel Muñoz Jiménez, y a falta de documentos que acrediten la identidad del promotor, los responsables de su construcción pudieron ser don Lorenzo Suárez de Mendoza, cuarto conde de Coruña, y su esposa Catalina de la Cerda, hija del duque de Medinaceli.

Pero, durante los últimos trabajos de restauración realizados por Elena García en un artesonado del primer piso de la crujía de la fachada principal, se ha podido establecer que los escudos con las armas de los Mendoza que adornan sus tabicas están repintados sobre otros anteriores que, alternativamente, representan: uno, una torre flanqueda por dos flores de lis sobre campo de azur, y otro, dos pájaros enfrentados sobre campo de gules.

Quizás este repinte fuera realizado en tiempos de don Lorenzo Suárez de Mendoza, primogénito del segundo conde, quien contrajo matrimonio con doña María de Toledo, hija del conde de Luna; de ahí, la presencia de sus armas: un menguante jaquelado en campo de plata. Este matrimonio acabó sin descendencia, asumiendo el mayorazgo su hermano Alonso Suárez de Mendoza, tercer conde de Coruña.

Por tanto, la construcción del palacio renacentista de la plaza del Jardinillo habría que adelantarla a las primeras décadas del siglo XVI; y quizás asociarla a las empresas de otros linajes de Guadalajara. Tal vez a los Campuzano, cuyas armas según Alonso Núñez de Castro eran «un escudo colorado, en él un castillo de plata, entre dos flores de lis de oro.» (Historia de Eclesiástica y Seglar de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Guadalaxara, Madrid, 1653, página 324). Quedaría por determinar a que noble familia corresponde el escudo con las dos aves.

Llegados a este punto, tendríamos que considerar la afirmación que realiza Francisco de Torres al comentar las Cortes de Guadalajara de 1437 en el Libro 2º Capítulo V de su Historia de Guadalaxara:

Y quien en éste tiempo se señaló en riquezas en esta Ciudad fue Rui González de Toledo que fue contador de las masas de Castilla. Labró las casas del conde Tendilla, hoy de D. Iñigo de Cárdenas. También hizo edificar para su hijo Álvaro González las casas que fueron de los condes de Coruña, donde hoy es el colegio de la compañía de Jesús, y...'

Aquella intervención de ornamentación heráldica en honor del matrimonio Suárez de Mendoza // Toledo y Luna nos permiten suponer que fuera Bernardino Suárez de Mendoza, segundo conde de Coruña, el promotor de la obra. En este sentido, tendríamos que tener en cuenta los escudos de la cenefa ornamental del que fuera salón principal del palacio, hoy comedor del restaurante. Aquí, con ciertas licencias, se exhiben las armas de Mendoza y Borbón de don Bernardino y, las de Zúñiga y Sotomayor de su esposa María Manrique.

No debemos olvidar que don Bernardino, como titular del vizconde de Torija, fue quien se ocupó de iniciar y costear las obras del templo parroquial de esa villa siguiendo los cánones platerescos de Alonso de Covarrubias. Después, sería su sucesor, Alonso Suárez de Mendoza, quien finalizaría el proyecto en un tono más clasicista.

==Colegio y fábrica de paños]]

Este palacio, en el que residió del famoso humanista Bernardino de Mendoza, se convertiría en Colegio de la Santísima Trinidad bajo la dirección de los padres Jesuitas. Hacia 1647 se debieron hacer algunas reformas para adaptar las dependencias palatinas a su nuevo destino. Estas intervenciones afectaron especialmente a la crujía medianera con el solar sobre el que se levantó el templo colegial, hoy iglesia de San Nicolás, pues en el pasillo inmediato a la sacristía se prolonga el techo plateresco que cubre el salón de la crujía del jardín. En octubre de 1653, el provincial de la Compañía de Jesús y el Concejo de Guadalajara firmaron un acuerdo por el que esa congregación se hacía cargo de la gerencia del Colegio de Gramática de la ciudad.

En 1787, después de la expulsión de los jesuitas, y hasta 1797 las dependencias colegiales acogieron también los telares y maquinaria del británico Samuel Bird; quien, junto a unos compatriotas, mantuvo activa en este lugar una sección dependiente de la Real Fábrica de Paños para la confección de tejidos finos, casimiras y telillas.

Después de la clausura de aquella Fábrica de San Nicolás y del cierre del colegio municipal, la Hacienda enajenó el antiguo palacio de los Condes de Coruña; dando comienzo un nuevo periplo como edificio de viviendas y locales comerciales.

Un palacio alcarreño

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Plano de planta según Gómez Renera y Palomar Foguet. En rojo, columnas del patio y escalera original
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Galería alta del patio renacentista(en 2011).

Podemos plantear entonces, y solo como hipótesis, que el segundo conde de Coruña adquirió las casas principales de la familia Campuzano para transformarlas y adaptarlas a sus necesidades. De aquellas mantendría la crujía de la fachada principal, ocultando en los artesonados las armas de sus antecesores con las de su hijo y nuera, y construiría de nueva planta el resto del edificio en torno a un gran patio central al gusto moderno.

Esta propuesta se afianza además en la planta del palacio; concretamente en las líneas divergentes que dibujan las galerías del patio regular y las de la crujía de la fachada principal. Esta anomalía genera un espacio intermedio de conexión, en forma de cuña, en el que difícilmente se pueden encajar las dependencias y que es imposible entender como partes de una unidad constructiva de nueva planta.

En cualquier caso, el caserón resultante sigue el modelo de palacio establecido en el palacio de don Antonio de Mendoza:

  • Ingreso por la fachada principal, a través de una puerta desplazada del eje de la cortina y realzada por obra de sillería.
  • Existencia de una estancia de recepción que intermedia entre la puerta de acceso y el patio interior.
  • Consideración del patio central como el elemento más importante de la propuesta arquitectónica. Primero por ser distribuidor para todas las dependencias existentes en las cuatro crujías que lo definen; y, segundo, por el tratamiento estético con que se ejecuta.

Desdichadamente no se conserva la escalera de comunicación entre plantas, otro de los elementos característicos y simbólicos de estas construcciones. La que hoy está en uso se desarrolló en un tramo de la galería, entre el zaguán y el patio, a unos metros del emplazamiento original.

En el caso que nos ocupa, el maestro de obras que trazó el patio alteró su diseño para conferirle un carácter más esbelto, matizando así el modelo vazqueño. Para ello, otorgó una mayor altura a las columnas, aumentó la distancia entre ellas; y, en las esquinas, simplificó los soportes dobles en uno solo de la misma sección que el resto de los pilares.

Las libertades de factura también se evidencian en el diseño de los soportes: fustes, capiteles y zapatas; así, las columnas se presentan en orden toscano; los capiteles, con tambor liso y sin las típicas hojas de roble; y las zapatas, con florón y decoración vegetal exuberante que se reitera en la doble cornisa de canecillos que vuelan sobre el arquitrabe.

En la fachada principal se aloja la portada manierista con almohadillados sillares de orden rústico y traza serliana, luego imitados en el acceso al restaurante aquí existente, privada de su remate heráldico. En el resto del alzado se disponen balcones con antepechos de hierro, quizás manteniendo la composición original del siglo XVI, y se despliega una sutil decoración historicista de principios del siglo XX que disimula el piso que se aumentó sobre la estructura original.

Otra de las características de los palacios alcarreños es el extremado cuidado con que se abordaba el programa decorativo de sus dependencias; aplicando sobre sus paredes zócalos de vistosos azulejos y cenefas de yeseríaa mudéjares; y, en las techumbres, dejando a la vista las carreras de los forjados, o desplegando alfarjes ornamentales. El palacio de Coruña es otro buen ejemplo, junto al palacio de Dávalos, para entender la importancia que tuvieron estos elementos; pues aún mantiene parte de los artesonados de madera que cubrieron sus salones.

Destacan, en la crujía del jardín, el bello alfarje con decoración policroma de grutescos que cubría la que fue sin duda la principal sala protocolaria utilizada por los Suárez de Mendoza. Y, en la de la fachada principal, los descubiertos en la planta baja y primera, una muestra magnífica de cómo era la pintura decorativa del siglo XVI en los palacios arriacenses. Aquí, también se ha restaurado otro pequeño artesonado de tracería mudéjar con plafones de estrellas de doce puntas.

En suma, la finca número 23 de la calle Mayor conserva, en su mayor parte, la estructura y elementos arquitectónicos del que fuera palacio de los Condes de Coruña; y, por tanto, merece que sea protegido con el mayor nivel de catalogación que permite la legislación vigente en materia de patrimonio arquitectónico: Bien de Interés Cultural.

Bibliografía

  • González Enciso, Agustín. Estado e industria en el s. XVIII : la Fábrica de Guadalajara. Madrid : Fundación Universitaria Española, 1980.
  • Layna Serrano, Francisco. Historia de Guadalajara y sus Mendozas en los siglos XV y XVI. 2ª ed. Guadalajara : Aache, 1993-1996. 4 vol. Primera edición en 1942.

__ Los conventos antiguos de Guadalajara. 2ª ed. Guadalajara : Aache, 2010. Primera edición en 1943.

  • Muñoz Jiménez, José Miguel. La arquitectura del Manierismo en Guadalajara. Guadalajara : Institución Provincial de Cultura "Marqués de Santillana", 1987.
  • Pradillo y Esteban, Pedro José. El Palacio de la Cotilla y su salón chino. Guadalajara : Patronato de Cultura, [2006].
  • Trallero Sanz, Antonio Miguel. El patio renacentista alcarreño. [Zaragoza : Ibercaja, Obra Social], 1998.


Emplazamiento