Pósito Municipal

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Ángel Mejía, bajo licencia CC By-sa petit.png

La ciudad de Guadalajara, como ocurría con el resto de ciudades castellanas, dependía de una buena cosecha de trigo para poder hacer frente al abastecimiento y la alimentación de sus vecinos. Aunque su término apenas si producía lo necesario para alimentar a una población en constante crecimiento desde mediados del siglo XVI, su extenso territorio jurisdiccional dedicado en parte al cultivo de trigo, le permitió que sus excedentes revertieran en ella. Esta disponibilidad se redujo a medida que estas aldeas fueron comprando su jurisdicción, primero de una forma lenta desde mediados del siglo XVI y, después, de forma más generalizada en el primer cuarto del siglo XVII. Esta falta de medios propios la ponía en constante peligro de desabastecimiento, por lo que no es de extrañar que la sola amenaza de una mala cosecha o, aún peor, su confirmación, provocase una crisis de subsistencias en ella.

Ante este temor y con el fin de poder controlar estas carestías que se aventuraban, el Concejo de Guadalajara decidió fundar un pósito en el que se almacenara el grano suficiente para que en caso de necesidad no faltara nunca el pan en la ciudad, tomando como ejemplo la fundación de otros pósitos que ya funcionaban en Castilla, entre ellos los fundados por el cardenal Cisneros. Tras no pocas dudas y discrepancias entre los miembros del Concejo se redactaron unas ordenanzas, aprobadas por éste el 11 de julio de 1547; pero para que tuvieran vigencia debían ser confirmadas por el rey, Carlos I; hecho que sucedió el 13 de enero de 1548.

En estas ordenanzas se recogieron los aspectos más importantes para el buen funcionamiento del pósito, entre ellos:

- Su financiación, hasta alcanzar un número determinado de fanegas almacenadas en sus graneros.

- El carácter de esta fundación, que no era otro que el de socorrer a los vecinos en tiempos de necesidad. Tenía, por lo tanto, un fin benéfico.

- Los lugares de almacenamiento de este trigo.

- Se prohibió, inicialmente, el préstamo de trigo para dedicarlo a la siembra; asimismo se prohibió que el dinero procedente de su venta tuviese otro destino diferente que no fuera el de la compra de trigo o el arreglo de los graneros.

El dinero obtenido con el beneficio de esta compraventa de trigo se destinaba al pago de los salarios de un importante grupo de "funcionarios" del pósito del que formaba parte el mayordomo, los diputados, los escribanos, los medidores, los compradores, etc., o para arreglar los tejados del pósito, como claramente recogen las ordenanzas en ambas circunstancias. Pero nunca y bajo ningún concepto, al igual que ocurría con el trigo, se podía destinar este dinero al pago de deudas, préstamos u otro cualquier pago. Esta ordenanza con el paso de los años se fue dejando de lado y el dinero fue utilizado por la ciudad para hacer frente a aquello que ella misma había prohibido.

La llegada de Felipe II al trono supuso un paso adelante para los pósitos castellanos y, por lo tanto, para el de Guadalajara. Su reinado se caracterizó por un amplio despliegue legislativo en el que a través de numerosas provisiones dejó de manifiesto su interés por el buen funcionamiento de estas instituciones, al mismo tiempo que ordenaba que se aumentase el número de fanegas almacenadas en sus graneros, ante el crecimiento de población experimentado en la ciudad (se pasaron de las 3.000 fanegas iniciales a las 16.000 que contaba en 1579, por ejemplo).

La culminación legislativa tuvo lugar con la promulgación de la pragmática de 1584, donde se vino a determinar definitivamente y de forma global cómo se debía organizar la administración del pósito. En ella se concretaron todos los aspectos que se debían de tener en cuenta a la hora de gestionar esta institución, determinando las funciones de cada uno de los que intervenían en su administración, como era el mayordomo del pósito, los compradores del trigo o los miembros del Concejo que intervenían en él; los graneros dedicados a su almacenamiento; la toma de cuentas; de los préstamos y reparto del cereal; etc. Todo este amplio abanico de normas, en especial aquellas dirigidas a que el dinero no se utilizase para otra cosa que no fuera la compra de trigo que, sin embargo, fueron rápidamente olvidadas, entre otras razones por una de índole económica derivada de las dificultades que la ciudad pasó a finales del siglo XVI, de lo que fue fiel reflejo los 30.000 ducados tomados a censo en 1578-1579, que marcan el inicio de una nueva utilización del pósito como avalista de la ciudad.

Del apogeo a su crisis final: la desaparición del pósito en 1632

Resulta difícil establecer el momento exacto en el que se produjo la inflexión en el funcionamiento del pósito de Guadalajara que dio paso a su decadencia y a su posterior desaparición, al ser varias las causas que de una u otra manera minaron la fortaleza económica de éste en sus primeros años de existencia y que culminaron en 1632 con su desaparición. Entre las posibles causas enumeramos las siguientes:

- La mala gestión del pósito por los regidores que lo utilizaron más para medrar que para beneficiar a los vecinos.

- El excesivo afán acumulador por parte del Concejo, que provocó graves problemas al no poder renovarlo con facilidad; entre ellos encontramos la aparición del gorgojo, humedades, etc. Este trigo, en malas condiciones, tenía muy poca salida, por lo que el propio Concejo obligaba a los panaderos y a los agricultores a tomarlo; si esto no tenía éxito, entonces se procedía a repartimiento generalizado entre todos los vecinos; eso sí a cambio de que luego devolviesen trigo de buena calidad.

- La mala utilización del caudal generado por el pósito y su uso indiscriminado por parte del Concejo, que vio en las altas sumas de dinero generadas por la compraventa del trigo, una fuente de financiación de actividades que nada tenían que ver con el funcionamiento del pósito (pago de fiestas, toma de censos; etc.), pese a la prohibición expresa que en este sentido recogía la Pragmática de 1584. Estas deudas adquiridas por la ciudad con respecto al pósito nunca fueron pagadas.

- La mala administración, ligada muy directamente con la obligación que tenían los mayordomos de hacer frente a las deudas pendientes, provocadas por el Concejo, si ellos no las cobraban. Es interesante observar cómo en los últimos años de vida del pósito hay verdaderos problemas para encontrar mayordomo que se hiciese cargo de su administración, al negarse de forma sistemática los vecinos a quienes se les nombraba a ocuparse de ella. La razón principal habría que buscarla en los numerosos deudas que se arrastraban desde hacía varios años y que habían originado el encarcelamiento de los mayordomos precedentes, ya que según la ley de Toledo en el momento que accedían a ocupar este oficio y tras la presentación de las fianzas preceptivas, estaban obligados a cobrarlas y en caso contrario se procedía a su encarcelamiento.

Si a todo ello unimos otras circunstancias externas, como la aparición de la peste a finales del XVI y sus consecuencias posteriores o el proceso de crisis en el que entró al ciudad en los años que siguieron, podemos darnos cuenta de que el pósito como institución se vería seriamente afectado; como así sucedió.

Esta situación es la que, en definitiva, va a determinar finalmente que el endeudamiento del pósito se mantuviese todos los años. El corregidor o juez de residencia en la toma de cuentas de cada año, ante el impago de las deudas contraídas con el pósito, ya fuera en dinero o en trigo, se limitaba a exigir su pago al mayordomo, quien lo único que podía hacer era esperar que no fuera encarcelado ya que los deudores eran los mismos que le estaban juzgando, pero que desde el momento que aceptó la mayordomía se obligaba a hacer efectiva la deuda, junto con sus fiadores, de todo aquello que no cobraba. Este dilema no tuvo fácil solución, más bien la única salida fue que el mayordomo perdiese sus bienes o acabase en la cárcel, pero con las deudas del pósito sin cobrar o que permaneciese en este oficio varios años más con la vana aspiración de poder resolver este endeudamiento.

Otra de las causas la encontramos en los numerosos censos que tomó el pósito; unos, para poder hacer frente al pago de lo adeudado por la ciudad y, otros, para poder comprar trigo para el abastecimiento del pósito y de la propia ciudad.

En conclusión, las deudas impagadas por la ciudad, las deudas de los diferentes mayordomos, fruto de los impagos de aquellos que recibieron los préstamos y la deuda de los particulares, todo ello unido a una lamentable administración y dejadez del propio Concejo, llevó a la desaparición del pósito en 1632.

Más tarde, cuando en 1699 volvieron a fundar éste sus funciones dentro del entramado económico de la ciudad fueron más limitadas, dedicándose únicamente al préstamo de trigo, sin otra actividad económica paralela.

Referencias

  • Mejía Asensio, Ángel (2002): Pan, trigo y dinero. El pósito de Guadalajara (1547-1753), Guadalajara.
  • ___ (1994): “Una institución frente a la carestía: el pósito de Guadalajara”. Actas del IV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, Alcalá de Henares,.
  • ___ (1996): “La refundación del pósito de Guadalajara en 1699. Una salida a la crisis agrícola de finales de siglo”. Actas del V Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, Guadalajara.
  • ___(1999): “La administración de justicia en el ámbito de la Hacienda Municipal: la toma de cuentas en el pósito de Guadalajara (siglos XVI-XVII)”. Actas de las III Jornadas de Castilla-La Mancha sobre investigación en Archivos.