Mayordomos de propios

De Enciclopedia de Guadalajara
Saltar a: navegación, buscar
Artículo de Manuel Rubio Fuentes, bajo licencia CC By-sa petit.png
Página de las cuentas de bienes propios de 1691 (Archivo Municipal de Guadalajara).

El mayordomo era el administrador de los bienes y caudales del Ayuntamiento en la Edad Media y durante la Edad Moderna. Este artículo recopila algunas noticias sobre este cargo municipal, cuyas funciones eran similares a las de los tesoreros actuales, en el siglo XVII.

Los propios de la ciudad

Con este nombre se denominaban antiguamente todas las propiedades y rentas de que disponía el Concejo para hacer frente a los gastos de mantenimiento de la ciudad como eran: el arreglo de puertas y murallas, empedrado de calles, abasto de agua de las fuentes públicas, policía, empleados, etc. Para cumplir con estas obligaciones, el Concejo disponía de montes para el aprovechamiento de leñas bajas por los vecinos (támaras) y obtención de carbón, que vendía a la Corte; tierras de labor y viviendas, que arrendaba o cedía imponiendo sobre ellas censos (rentas) perpetuos o al quitar; dehesas que arrendaba como pastos para alimentar el ganado que servía de abasto a la ciudad; y tributos propios, como los portazgos o los impuestos del mercado y de la feria, etc.

Hasta mediados del siglo XVI , los bienes y rentas de propios fueron suficientes para cubrir las necesidades de la ciudad. Después hubo que realizar ventas masivas para hacer frente a la creciente presión fiscal de la Corona, que salvaron momentáneamente la situación, pero también hipotecaron la solvencia posterior del Concejo.

Importancia del mayordomo

El mayordomo era el tesorero del Concejo. El cargo tenía unna gran importancia e influencia en el gobierno municipal y ofrecía la posibilidad de escalar posiciones en el aspecto social y político, aunque no estaba ausente de algunos riesgos, pues debía responde con sus propios bienes si era acusado de mala administración. Mientras la economía de los ayuntamientos se mantuvo boyante, este oficio fue acaparado por las oligarquías locales, pero cuando en el siglo XVII el valor de las rentas de los bienes municipsles descendió y los gastos de los ayuntamientos aumentaron, provocando una quiebra casi permanente de las finanzas municiaples, los caballeros hicieron todo lo posible para trasladar la responsabilidad a otros [1]. El cargo pasó entonces a ser ocupado por hombres del común acomodados que buscaban ascender en la escala social.

Elección del mayordomo

En Guadalajara, la elección se hacía en sesión extraordinaria del Concejo: cada regidor, comenzando por el teniente de Alférez Mayor o el regidor más antiguo, proponía su candidato o se adhería al candidato propuesto por otro. Cuando todos los regidores habían cumplido con este trámite se contabilizaban las nominaciones y se nombraba como mayordomo al que había recibido mayor número de ellas. Si había empate se volvía a votar para deshacerlo. Esto ocurría a menudo y originaba muchos problemas porque los regidores que votaban en contra de un candidaro no se responsabilizaban de su actuación si era elegido.

No hubo fecha fija para la elección del cargo de mayordomo. Durante mucho tiempo se efectuó en los primeros meses del año (febrero-marzo) pero las dificultades para su nombramiento convirtieron la fecha en variable, ya que el proceso de elección llegó a prolongarse durante varios meses desde que se iniciaban. Para evitar estos problemas se optó por nombrar dos regidores comisarios que se encargaran de buscar la persona más apta y presentarla al Concejo para su aprobación, algo que no siempre ocurría.

El nombramiento del cargo era por un año, pero solía renovarse hasta tres, un tiempo que permitía al mayordomo hacer frente a los préstamos que pudiera haber solicitado.

Otro de los problemas con que se encontró el Concejo para encontrar mayordomos fue la condición de que estos debían prestar fianzas muy elevadas (2000 ducados). Aunque no eran tan altas como las que se exigían en Madrid y otras ciudades castellanas [2], sí lo eran para las condiciones económicas de la población alcarreña. Los hidalgos, como hemos dicho, acabaron por eludir esta responsabilidad siempre que pudieron y el oficio pasá a ser jercido por pecheros de toda condición, principalmente contadores (contables). Para tratar de solucionar el problema, en 1656, se suprimieron las fianzas, pero esta medida no facilitó las cosas.

Actuación del mayordomo

Era obligación del mayordomo cuidar que no quedara ninguna propiedad municipal sin arrendar. Antes de que se cumpliese el tiempo de arrendamiento debía pregonar los nuevos contratos, tanto de tierras como de casas y otras propiedades, dando cuenta al Ayuntamiento de las variaciones que se produjesen sobre el precio de salida, sobre todo de las que se hicieran a la baja. Si no daba aviso de estas incidencias, tenía que hacerse cargo de las perdidas.

Además, el mayordomo debía revisar todos los censos que la ciudad tenía impuestos sobre sus propiedades en el casco urbano y sus alrededores; tenía que conservar en buen estado los bienes muebles propios del Concejo, como colgaduras, toldos, custodia, etc., y cobrar las rentas de todas las propiedades a su cargo: puesto de berceras, matadero, pescadería, renta de tierras, censos, feria, correduría, rastro, peso, etc., haciendo todas las diligencias tanto judiciales como extrajudiciales para hacerlas efectivas. Daba cuenta anual al Concejo de su actuación para que no se cargaran a su costa los ingreso fallidos.

Con lo que recaudaba, el mayordomo tenía que pagar todo los gastos autorizados por los regidores mediante libranza informada por el contador de la ciudad y aprobada en sesión del Concejo: los salarios, gastos en obras, festejos, etc. Para llevar cuenta de todo, tenía que disponer de dos libros de contabilidad: en uno asentaba todo lo concerniente a la hacienda y rentas del pueblo, con expresión de cantidades y de las personas que las tenían arrendadas o en administración. En el otro libro asentaba y firmaba las libranzas que pagaba, con carta de pago o recibo [3].

El mayordomo disponía de una llave del cofre o arca donde tenían que estar depositados y guardados el dinero, las escrituras y los libros de contabilidad. Todos los años tenía que rendir cuentas al finalizar el ejercicio. La ciudad nombraba dos comisarios que, con el contador y el escribano, se encargaban de revisarlas. Era una tarea ardua y complicada por las especiales dificultades que presentaban para cuadrarlas derivadas, fundamentalmente, de la falta de liquidez. A veces el mayordomo adelantaba el dinero de su bolsillo para cubrir el alcance o diferencia entre los ingresos previstos y lo que había recaudado.Una vez aprobadas las cuentas por los comisarios, tenían que ser aceptadas por el Concejo en sesión ordinaria. Pero esto ya no solía ofrecer problemas.

Salario del mayordomo

El cargo de mayordomo era un oficio remunerado. Aunque los mayordomos tenían derecho a cobrar un porcentaje sobre los ingresos (10 %) que se producían en su ocupación, también tenían un salario fijo. Esta remuneración, aunque permaneció invariable durante mucho tiempo, se ajustaba al comienzo de cada ejercicio: a principios del siglo XVII se pagaban 34.000 maravedís al año; en 1630 esta cantidad se elevó a 37.500 maravedís. permaneciendo invariable hasta 1668 en que se situó en 56.100 maravedís. En 1672, se vuelve a revisar el salario, que llega a 74.800 maravedís, alcanzando su máximo valor en 1687, en que se pagaron 93.500, cantidad ya muy elevada, excesiva para la situación económica de los propios de Guadalajara. Será insostenible y cuatro años después se fijará el salario del mayordomo en 80,240 maravedís, cifra en que se mantiene hasta principios del siglo XVIII.

El mayordomo estaba exento de impuestos, participaba de las colaciones o refacciones con que se obsequiaba a los regidores y de un puesto propio en las procesiones, manifestaciones y actos públicos [4].

Notas

[1] Así lo reconocen R. Gilbert, El Concejo de Madrid. Su organización en los siglos XII a XV (Madrid, Instituto de Estudios de Administración Local, 1949, pág 78); A. Gutiérrez Alonso, Estudio sobre la decadencia de Castilla: la ciudad de Valladolid en el siglo XVII (Valladolid, 1989, p. 340); A. Guerrero Mayllo, Oligarquía y gobierno municipal en la Corte de la Monarquía Hispánica. El Concejo de Madrid entre 1560 y 1606 (tesis doctoral presentada en la UNED, 1990, p. 51.).

[2] A. Guerrero Mayllo, obra citada, p. 53, afirma que en Madrid la fianza estaba fijada en 150.0000 maravedís.

[3] En relación a sus competencias ver L. Santayana Bustillo, Gobierno político de los pueblos de España, Madrid: Instituto de Estudios de Administración Local,1979, p. 81-82,

[4] Según A. Agutiérrez Alonso, obra citada, p. 340-41, el salario del mayordomo en Valladolid duplicaba al de Guadalajara. En Madrid también superaba los 100.000 maravedía anuales según Gutiérrez Mayllo, obra citada, p 67.

Referencias

Rubio Fuentes, Manuel (2003). Una ciudad castellana en el Siglo de Oro: Guadalajara (1630-1700) [Recurso electrónico]. Guadalajara : Diputación Provincial, 1 disco (CD-ROM).

Salgado Olmeda, Félix (2003). Oligarquía urbana y gobierno de la ciudad de Guadalajara en el siglo XVIII (1718-1788) [Recurso electrónico]. Guadalajara : Diputación Provincial, 1 disco (CD-ROM).