Matadero Municipal

De Enciclopedia de Guadalajara
Saltar a: navegación, buscar
Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png
Matadero Municipal (Guadalajara) visto desde la calle Ángel Martín Puebla.

El Matadero Municipal de la ciudad de Guadalajara fue diseñado por Mariano Medarde de la Fuente a comienzos de la década de los ochenta del siglo XIX, años en los que ocupó el puesto de arquitecto municipal. Esta intervención se incluía en un plan de mejoras de las infraestructuras y equipamiento urbano del que formaban parte el Mercado de Abastos, la ampliación del Cementerio Municipal, la construcción de lavaderos públicos y la alineación de algunos paseos y calles.

Este plan se generó como consecuencia de lo dispuesto en la Real Orden de 21 de junio de 1884, por la que se autorizaba al Ayuntamiento la aplicación del «producto de la conversión de inscripciones intransferibles del ochenta por ciento de propios» para acometer la contratación de obras «de necesidad y utilidad públicas» en un plazo de cuatro meses. En consecuencia, en la Sesión del Pleno de 30 de julio de ese año se acordó la apertura de los expedientes para la contratación y adjudicación de las obras según los proyectos redactados previamente.

Arquitectura historicista

Matadero Municipal (Guadalajara). Construcciones historicistas, de fábrica de mampostería careada y machones de ladrillo.
Matadero Municipal (Guadalajara). Interior de la nave para ganado vacuno; luego, Parque de Bomberos y, después, taller de fontanería.

Las propuestas arquitectónicas de Mariano Medarde para todo ese conjunto de edificios se mantuvo en una línea estilística de orden historicista; reiterando, una y otra vez, el desarrollo de fachadas rotundas y macizas, resueltas con fábricas de mampostería careada, aliviadas con machones de ladrillo para fragmentar la continuidad de la cortina y para reforzar y definir las esquinas de intersección de planos.

Así se evidencia en la obra del Mercado de Abastos, en el Matadero y en el desaparecido lavadero del barrio del Cerro del Pimiento. Esta traza compositiva está en relación directa con la que, con posterioridad, desplegará Ricardo Velázquez Bosco en algunas de sus construcciones erigidas en esta capital y, por consiguiente, más allegada a la arquitectura en ladrillo de la Europa septentrional que a los cánones del mudéjar hispánico, por extraño que parezca.

El proyecto de Mariano Medarde de 1883

El proyecto del Matadero Municipal está fechado el 17 de enero de 1883; este documento original se conserva en el Archivo Municipal. En la Memoria y Presupuesto –52.938’41 pesetas– se hace una relación minuciosa de la intervención; diferenciando los edificios a construir, destino de cada uno de ellos –naves para ganado vacuno y de cerda, abrevaderos y corrales, apartaderos de reses y chiqueros, etc.–, los materiales constructivos, mediciones y metros cúbicos a emplear, jornales, etc.

También se justifican la capacidad y el rendimiento de la nueva instalación con respecto a las necesidades de la población de Guadalajara en ese momento –7.904 habitantes censados en 1883– y para cubrir las de un futuro inmediato, aún doblándose la población.

En la Memoria, Medarde de la Fuente reflexiona sobre las repuestas técnicas que exigen el destino y uso de la instalación: albergar transitoriamente reses vivas para su ulterior sacrificio. Para ello considera, de una parte, los aspectos generales –limpieza y ventilación–; y, por otra, los derivados o impuestos por las particularidades y dispar constitución de cada tipo de ganado –tamaño, peso, comportamiento, etc.–; en cualquier caso, unos y otros condicionarán el diseño de los espacios y los materiales constructivos a emplear.

Por ejemplo, atendiendo a una de esas exigencias, la de la limpieza y el continuo uso de agua para su consecución, justifica el empleo y disposición de mampuestos calizos para construir los muros; material capaz de soportar «esa agua en abundancia y a sufrir diariamente sus efectos sin perjuicio ni deterioro de las fábricas»; del mismo modo, este material –ahora cortado en losas cuadrangulares y fijadas con cemento Pórtland– será el más conveniente para pavimentar los suelos de las salas, colocándose lo mejor posible para que no pudiera «detenerse en sus bordes las inmundicias.» Anejo al problema del suministro de agua –y resistencia de materiales– está el de la evacuación; para ello se propuso la apertura de sumideros «en forma de sifón para evitar los malos olores y la entrada de animales propios de estos sitios.»

A tenor de lo aquí expuesto, el arquitecto municipal propuso la construcción de muros de carga, erigidos con mampuestos calizos –hasta una altura de 4’50 metros–, como la mejor solución arquitectónica para definir las naves de sacrificio y despiece de las reses: «cimentación de mampostería y muros exteriores de fabricación mixta de mampostería concertada y ladrillo, yendo de la primera clase de fábrica el zócalo y los entrepaños y de la segunda las verdugadas, los pilares de los arcos de ingreso desde el zócalo hasta el arranque, las archivoltas, las guarniciones de los ventiladores, la cornisa y los macizos del cuerpo de ventanas.»

La actividad a desarrollar exigía también el diseño de espacios amplios y diáfanos –de unos 160 metros cuadrados– y una techumbre apropiada para poder colgar y maniobrar con las reses sacrificadas. Igualmente, la cubierta debería de contar con el diseño y huecos apropiados para satisfacer otra de las exigencias del servicio: la ventilación. Para ello, planteó una «armadura de formas mixtas de madera y hierro, compuestas de pares cortados para formar el cuerpo de ventanas de ventilación, cadena sostenida por los anteriores tirantes correas y parecillos de madera, dos pendolones o bielas de hierro, otra pieza análoga a estas que va de uno a otro par en el punto en que estos quedan cortados»; donde se preveía colocar en dos de las formas «cuatro poleas de garganta para colgar, por medio de cuerdas, igual número de vacas» .

Cada una de las dos naves de nueva planta contaba en su interior, como anexo a la diáfana sala principal –destinada al degüello y ‘desventradero’–, un habitáculo –de 3’50 por 4’50 metros– distribuido en tres dependencias para el pesado de las reses en canal y para el almacenamiento de las piezas sobrantes: «con pequeñas columnas de hierro provistas de ganchos para colgar. Se comunicaban con la oficina del peso y no reciben más luz que la de las ventanas altas de ventilación; verificándose esta por medio de ellas y de los ventiladores abiertos en la fachada, los cuales tienen bastidores de fuerte tela metálica.» La destinada al ganado de cerda tenía, además, un peladero y caldera ubicados en su frente inmediato a la calle del Matadero, como anejos a la estructura mayor y cerrados por un muro exterior.

El proyecto incluía además el acondicionamiento de la nave preexistente para el ganado lanar –carneros–. En ella se modificó la cubierta para elevar una galería de ventilación con las mismas características que las proyectadas en las nuevas construcciones; y, además, se reorganizó su distribución interior para adecuarla a las nuevas exigencias de uso y garantías higiénicas.

Intervenciones de reforma

Durante el último siglo las construcciones proyectadas por Mariano Medarde han protagonizado un sin fin de intervenciones para reparar, remozar o adecuarlas a las nuevas exigencias del servicio, como también para acoger otras funciones: Parque de Bomberos, primero, taller de Brigadas Municipales, después; cuando no, perdiendo parte de las dotaciones y superficie.

Después de revisar los fondos del Archivo Municipal, hemos localizado algunas intervenciones menores que pasamos relacionar:

  • 1891, agosto 14. El arquitecto Antonio Adeva informa de diversos deterioros de poca importancia. El 26 de septiembre se aprueba un presupuesto de intervención por un importe de 246’84 pesetas.
  • 1893, septiembre 23. El arquitecto Antonio Adeva interviene para el arreglo de los encierros y reparación del horno, sus calderas y chimenea. Presupuesto de 461’31 pesetas.
  • 1894, octubre 2. El arquitecto Baldomero Botella interviene en la armadura de la nave de cerda donde se ha roto una tiranta de los cuchillos: “…que es preciso reforzar con una doble escuadra de hierro y su encintado de fleje…”. Presupuesto de 950 pesetas.
  • 1895, agosto 31. El arquitecto Baldomero Botella interviene en varios reparos en la fábrica de mampostería y en la carpintería. Presupuesto de 1.421’32 pesetas.
  • 1895, septiembre 17. El arquitecto Baldomero Botella interviene en pequeños reparos. Presupuesto de 98 pesetas.
  • 1899, agosto 7. El arquitecto Benito Ramón del Cura y Olarte intervine para la colocación de losetas de cemento de 20 x 20 en las cuadras. Presupuesto de 1.526 pesetas.
  • 1900, junio 30. El arquitecto Benito Ramón del Cura y Olarte intervine para la colocación de persianas de lamas correderas. Presupuesto de 113’96 pesetas.
  • 1908, septiembre 4. El arquitecto Antonio Vázquez Figueroa interviene en las linternas de ventilación de las cubiertas. Presupuesto de 1.077’53 pesetas.
  • 1918, septiembre 4. El arquitecto Francisco Checa Perea redacta un proyecto –se conservan, planos, memoria y presupuesto– para remodelar la cuadra de carneros y otras obras; incluía “…la demolición de la pared divisoria de la nave de matanza del secadero, en este se abre una puerta para dar paso al nuevo que se proyecta…”; “Los cimientos de este serán de mampostería y el edificio de fábrica de ladrillo...”; “La armadura del tejado será de madera y la cubierta de teja común.”; además se entarimaría el despacho del veterinario y conserje. Presupuesto de 11.229’24 pesetas.
  • 1934. El arquitecto José Luis Valcárcel presenta unos alzados de distintos modelos de puertas. Presupuesto de 2.508 pesetas.
  • 1940. Planos, alzado con detalles a color y toma de datos para una intervención, quizás de José Luis Valcárcel.

En cualquier caso, el estado de conservación de las naves que nos han llegado permite una fácil intervención para recuperar lo diseñado en 1883 y adecuarlas a otras funciones.

Museo Francisco Sobrino

En junio de 2009, el Patronato Municipal de Cultura planteó la conversión de estas instalaciones en «Museo Francisco Sobrino». Esta idea fue aceptada por el equipo de gobierno del Ayuntamiento, procediéndose a la oportuna publicación del concurso de adjudicación del contrato de servicios, con intervención de jurado, para la redacción del proyecto de adecuación arquitectónica del antiguo Matadero Municipal en un espacio expositivo con un presupuesto de 800.000 euros.

Este concurso se resolvió a favor de la propuesta presentada por don Pablo Moreno Mansilla, quien redactó y presentó el proyecto definitivo en noviembre de 2010.

Bibliografía

  • Baldellou Santolaria, Miguel Angel. Tradición y cambio en la Arquitectura de Guadalajara (1850-1939). [Guadalajara] : Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha, 1989.
  • Diges Antón, Juan. Guia de Guadalajara. Guadalajara : Imprenta y Encuadernación Provincial, 1890.

Plano de situación