Maria Diega Desmaissières y Sevillano

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Antonio Herrera Casado, bajo licencia CC By-sa petit.png

Madrid, 1852 – Burdeos (Francia), 1916. Aristócrata.

Busto de María Diega Desmaissières y Sevillano

Perteneciente a una familia poseedora de numerosos títulos aristocráticos así como de inmensa fortuna material. Su bisabuelo paterno era francés, de la región de Burdeos, y se llamaba don Arnaldo Desmaisières. Su abuelo paterno era Miguel Desmaisières, oriundo de León, y quedó heredero en el Bordelés de inmensas extensiones de territorio de viñedos. Con título de conde de la Vega del Pozo, se dedicó a la política desde los finales del siglo XVIII, capeando los temporales del primer tercio del siglo XIX con cierto éxito, aunque con una mala fortuna final. Su abuela era Bernarda López de Dicastillo, también de noble ascendencia navarra, con riquezas sin cuento, palacios y tierras. Ambos casaron en 1802, teniendo nueve hijos, de los cuales cuatro murieron en la infancia. Los otros fueron Luis (1805‑1823) que murió en Toulouse, de una caída; Diego (1806‑1855) el padre María Diega, que murió en Pau; Engracia (1807‑1855), fallecida en el palacio familiar de Guadalajara; Manuela (1812‑1843) muerta también en Toulouse en plena juventud; y María Micaela (1809‑1865), que profesó de religiosa, heredera del título de vizcondesa de Jorbalán, por parte de su padre, y por renuncia de su hermano en 1846. De estos hermanos, fue Diego María Desmaisières y López de Dicastillo Flores y Olmeda quien recibió de su padre los títulos de conde de la Vega del Pozo y marqués de los Llanos de Alguazas, con sus anejos territorios en Murcia. Ejerció la actividad de diplomático, siendo embajador de España por diversos lugares de Europa, entre ellos Bélgica e Italia. Casó en 1846 con María Nieves Sevillano y Sevillano Fraile y Mocete, que heredaba los títulos de marquesa de Fuentes de Duero y duquesa de Sevillano. La boda se realizó en Guadalajara, en el palacio de los Desmaisières, con una fastuosidad principesca. En 1850 nació su primera hija, María de las Nieves, que murió a los 3 años.

En 1852 nació María Diega, que heredaría todos los títulos y todas las riquezas de ambas familias. Perdió a su padre muy pronto, pues Diego falleció en Pau en 1855, heredando la influencia de bondad, generosidad y entrega de su tía María Micaela. De ahí que María Diega, que siempre permaneció soltera, se propusiera desde muy joven la realización de una gran fundación que sirviera de acogimiento a pobres y desvalidos, levantando junto a ella un gran mausoleo para enterrar a su padre y a toda su familia con el boato que de su magnificencia cabía esperar. El sentido social de Desmaissières quedó siempre patente, con actividades tendentes a mejorar las condiciones de vida, y enseñanza, de las clases inferiores.

Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo

Su más ambicioso proyecto fue la construcción, en los alrededores de la ciudad de Guadalajara, de un gran complejo educativo y de acogida: lo que serían la Escuela‑Modelo y el Asilo, que estaría acompañado de una iglesia conmemorativa de su tía, y de un gran panteón donde fuera enterrado su padre, y que sirviera para acoger los restos de toda su familia, y los suyos propios. Muy joven aún, en 1882, se puso a la tarea, encargando el proyecto al arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, quien desarrolló en Guadalajara una idea arquitectónica que le consagró definitivamente como uno de los mejores arquitectos de la historia de nuestro país. En 1888, el Ayuntamiento de Guadalajara, agradecido a su bondad y desvelos por los pobres de la ciudad, la nombró Hija Adoptiva de la misma. De entre sus muchas actividades benéficas y de objetivos sociales, deben destacarse la fundación del Colegio-Asilo para niñas en la calle Castelló de Madrid, que luego tomaría el nombre de Colegio del Pilar, regentado por hermanos marianistas. En una finca de su propiedad, en los alrededores de la ciudad de Guadalajara, con más de 50 hectáreas de extensión, quiso construir un complejo de múltiples usos y de grandioso aspecto. Fraguó esta idea hacia 1875, en un momento en que, abierta la fase política de la Restauración, parecía España regenerarse de mil modos, durando la construcción de la misma desde 1885 hasta el momento de su muerte en 1916. Ordenó que no se tallara escultura alguna a ella relativa hasta después de morir, y que su cadáver fuera puesto, junto al de sus familiares más queridos, en la cripta del panteón.

Aún en vida de María Diega, el escultor Angel García Díaz fue tallando la basamenta de su enterramiento, en basalto, pero hasta que ella no murió no se inició la talla del grupo escultórico que lo cubre y que simboliza el traslado de su cuerpo por ángeles. El desarrollo iconográfico de ese grupo es idea del escultor García Díaz, quien puso lo mejor de su imaginación e inspiración en este enterramiento, en homenaje a la mujer que tanto le había ayudado. Terminado de tallar en 1921, se declaró inaugurada la cripta de este grandioso panteón, que es la mayor y más bella expresión de una vida dedicada a la mejora de las condiciones de vida de los demás. Murió sola, en la habitación de un hotel de Burdeos, y de forma inesperada. Por no haber realizado previamente testamento, y al no tener hijos ni sobrinos directos, la inmensa fortuna de María Diega Desmaisières quedó en poder del Estado francés en lo relativo al vecino país, y en el de algunos remotos parientes, Congregación de Religiosas Adoratrices y Estado Español, en lo referido a nuestro país.

Bibliografía

  • P. Herce Montiel: La Duquesa de Sevillano y su obra social.- Guadalajara : Diputación Provincial, 1999.
  • A. Herrera Casado: El Panteón de la duquesa de Sevillano en Guadalajara.- Guadalajara : Aache, 1993.