José Rogerio Sánchez García

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Juan Pablo Calero Delso, bajo licencia CC By-sa petit.png

Catedrático, escritor y político español. Nació en Valladolid en 1876 y murió en Madrid el 19 de septiembre de 1949. Residió en la ciudad de Guadalajara entre 1907 y 1910.

José Rogerio Sánchez (Flores y Abejas)
Cubierta de Nueve cuentos, libro publicado en 1900 por José Rogerio
Cubierta de Lengua y literatura española, publicada en 1939 por José Rogerio

Después de finalizar sus estudios de Filosofía y Letras, opositó hasta conseguir una plaza de Catedrático de Literatura. En enero de 1907 llegó a al Instituto de Guadalajara y aquí permaneció hasta que el 31 de diciembre de 1910, cuando cesó para trasladarse al Instituto de Bachillerato de Teruel, al que no llegóa incorporarse pues fue destinado en comisión de servicios a Madrid, en donde fue catedrático del Instituto San Isidro y de la Escuela Superior de Magisterio, “un centro específicamente fundado para la formación de los futuros profesores de escuelas normales e inspectores de enseñanza primaria, […] un centro de cultura y de ciencia pedagógica abierto a las ideas y a las prácticas innovadoras que en aquel momento se estaban produciendo en otros países”, por decirlo con las palabras de Antonio Viñao.

A partir de 1916, José Rogerio Sánchez emprendió una cruzada particular para mejorar la formación pedagógica del profesorado de Bachillerato. Esta actividad divulgadora culminó en 1922 con la publicación de una revista, La Segunda Enseñanza, que a partir del año siguiente se convirtió en portavoz de la Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto con el nombre de Revista de Segunda Enseñanza, manteniéndose bajo su dirección hasta 1927. Además, elaboró varios libros de texto para Bachillerato, que fueron muy utilizados en esos años: Historia de la lengua y literatura españolas, Antología de textos castellanos, Compendio de literatura universal y El teatro poético.

Contrastaban sorprendentemente sus propuestas de renovación pedagógica, muy próximas a los planteamientos de la Institución Libre de Enseñanza, con su marcado conservadurismo político. En 1933 solicitó a la Junta de Ampliación de Estudios una pensión para conocer de primera mano la organización de la Segunda Enseñanza en Bélgica y Holanda, que le fue concedida. Alegaba en su petición que llevaba años dedicado al estudio de estos temas sin haber percibido ninguna ayuda por ello, aunque se olvidaba mencionar que había ocupado cargos políticos remunerados.

Con la llegada de la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera pudo acceder a distintos cargos políticos, siempre dentro del área educativa. En 1924 entró a formar parte de la Comisión Permanente del Consejo de Instrucción Pública y en 1927 fue nombrado Director General de Enseñanza Primaria. Para entonces era uno de los intelectuales más conocidos de la derecha; nos cuenta César González Ruano en sus memorias (Mi medio siglo se confiesa a medias) que en 1934 hizo una cuidada edición de bibliófilo de su libro Aún y distribuyó la tirada de sesenta ejemplares a sus amigos, entre los que se encontraba José Rogerio Sánchez junto a la elite de la derecha antirrepublicana del momento.

En los últimos días de julio de 1939 fue cesado como catedrático, pero en febrero de 1940 figuraba de nuevo en el escalafón, bastante expurgado, como catedrático de Segunda Categoría y fue nombrado director del Instituto San Isidro de Madrid, puesto que ya había desempeñado antes de 1931; en el citado centro de enseñanza hay un retrato suyo pintado por José Nogué.

Durante la Guerra Civil formó parte de la Comisión Dictaminadora de los Libros de Texto que se han de usar en las Escuelas Nacionales, establecida el 20 de agosto de 1938, junto a Alfonso García Valdecasas, Tiburcio Romualdo de Toledo, Javier Lasso de la Vega, José Ibáñez Martín, José María Albareda Herrera y José Oñate Guillén. Su cometido era dictaminar “el contenido religioso, moral, patriótico, pedagógico, científico, literario, tipográfico y el precio de venta” del material escolar, es decir censurar los libros de texto. No es de extrañar que sus propios manuales siguiesen editándose y consiguieran una mención honorífica especial del Ministerio de Educación Nacional franquista porque “todo en este libro tiende a la glorificación de España. Conocemos pocos libros de texto en los que su autor señale con más diafanidad una preocupación honda, patriótica y magistral por formar y educar al niño español”.

También escribió algunas obras literarias, entre las que citaremos su primer libro titulado Nueve cuentos,editado en Madrid en 1900, o dos novelas cortas tituladas Viaje perdido y La confesión de Fray Lamberto, que fueron publicadas durante su estancia en Guadalajara en un volumen conjunto con el título de Los tristes destinos que, en 1911, tuvo una nueva edición de la mano de la Editorial Perlado, Páez y Compañía.

En 1940 fue elegido académico de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, ingresando en 1941 y ocupando un puesto en su Comisión de Interior y Hacienda desde 1944 hasta su fallecimiento.

En Guadalajara

Durante su estancia en Guadalajara fundó y dirigió la Academia General de Estudios Superiores que, instalada en el número 23 de la calle Mayor Alta, impartía clases para Derecho, Filosofía y Letras, curso preparatorio de Medicina, Farmacia e Ingenieros, enseñanza de Magisterio y oposiciones de Ayudantes de Ingenieros, Sobrestantes, Correos y Telégrafos o Aduanas.

En 1909 José Rogerio Sánchez intentó, sin éxito, acceder al concejo arriacense en las listas del Partido Conservador. Y en el verano de ese mismo año promovió un Círculo Católico Obrero en Guadalajara. En su Junta Directiva, que él mismo presidía, estaban presentes los principales políticos conservadores de la ciudad, como Jerónimo Vallejo, Severino Emperador, Elicio Cotayna o el sacerdote José Cicuéndez. El carácter excesivamente partidista y las retrógradas ideas sociales de sus dirigentes fueron con toda seguridad las causas de su rápida desaparición.

Finalmente, el día 23 de enero de 1910 se abrió en Guadalajara un Círculo Católico Obrero, bajo la advocación de San Ildefonso, de nuevo promovido por el catedrático José Rogerio Sánchez y apoyado por algo menos de un centenar de socios, pero con el aliento del cardenal de Toledo y de Hilario Yaben, que intervino en el acto de inauguración con una conferencia sobre La Iglesia, es y ha sido la amparadora y protectora del obrero. Al año siguiente, y trasladado a Madrid su primer promotor, el Círculo fue presidido por Pedro Archilla Salido, y como secretario continuó Cristóbal Riesco Lorenzo, dos catedráticos del Instituto que en 1914 abandonaron la ciudad y se trasladaron al Instituto madrileño Cardenal Cisneros y al Instituto de Salamanca, respectivamente.

Referencias

  • BENSO CALVO, Carmen. «La formación profesional del profesorado de segunda enseñanza en España en la entrada del siglo XX: proyectos, debates e influencia». En: Revista de Educación, mayo-agosto 2010, n. 325, p.453-472.
  • CALERO DELSO, Juan Pablo. Elite y clase: un siglo de Guadalajara (1833-1930). Gudalajara: Diputación Provincial, 2008.
  • SÁNCHEZ SÁNCHEZ, Isidro (Coordinador). Educación, ciencia y cultura en España: Auge y colapso (1907-1940). Ciudad Real: Almud, 2012.
  • VIÑAO, Antonio. Escuela para todos. Educación y modernidad en la España del siglo XX. Madrid: Marcial Pons, 2004.