Hilarión Guerra y Preciado

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Amparo Gutiérrez del Olmo González, bajo licencia CC By-sa petit.png
Hilarión Guerra y Preciado

Nueva Alcarria publicó el 7 de diciembre de 1990 Orla de ilustres del Instituto Brianda de Mendoza, trilogía del catedrático Obdulio Díaz Mora. En la parte II, Profesores laureados del siglo XIX destaca la figura del catedrático de matemáticas de dicho Instituto, el doctor Hilarión Guerra y Preciado, "el sabio riojano" como fue conocido en su tiempo. Decía Díaz Mora: … de haber nacido en Guadalajara, el nombre del doctor Guerra y Preciado figuraría hoy en alguna de sus calles, junto al de su compañero y amigo el doctor Fernández Iparraguirre y al de preclaros alumnos suyos. Siete años después, en este mismo periódico, otro prestigioso catedrático, Rafael Sánchez Mariño, retomaba el tema, también con un riguroso estudio: Hilarión Guerra y Preciado, símbolo de una cultura ejemplar.

Este "profesor laureado", académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Exactas, nació en 1837 en Ausejo, La Rioja, donde, además de sus estudios primarios, aprendió latín con un dómine. En Logroño hizo los estudios de segunda enseñanza y Humanidades. En la Universidad de Zaragoza, de Filosofía. Posteriormente se trasladó a Madrid, estudiando en la Universidad Central, en las Facultades de Ciencias, Letras y Jurisprudencia: ciencias exactas, griego y derecho, en varias ramas, siempre con las mejores calificaciones. Costeó sus estudios dando clase en colegios y después, a los 19 años, creando una Academia de matemáticas para carreras especiales.

La cátedra de matemáticas

Profesores del Instituto General y Técnico de Guadalajara. En el centro, sentado, el director José Julio de la Fuente; en pie, a su izquierda, Hilarión Guerra y Preciado. Curso 1879-1880.

A los 25 años, obtiene con el número 1 de la oposición, la cátedra del Instituto de Guadalajara, de la que tomó posesión el 22 de diciembre de 1862, como catedrático numerario de Matemáticas. En esta ciudad se casó con la arriacense Luciana Fernández de Ullibarri y Bartolomé de la Torre, hija del administrador de Propiedades y Derechos del Estado en esta provincia. Se dedicó por entero a la formación intelectual y física de la juventud, colaborando, al mismo tiempo, en la vida cultural y social de Guadalajara, hasta su fallecimiento en junio de 1890 en su casa de Santa Clara 14, hoy propiedad del Colegio de Arquitectos: En la plenitud de la vida y dotado de un espíritu potente y luminoso al par que de una complexión robusta y atlética...", su muerte fue "...muy sentida en Guadalajara porque el Sr. Guerra gozaba de generales simpatías...". Son palabras del extenso artículo que le dedicó, en nombre del Claustro, uno de sus compañeros (publicado en La Crónica y en Nueva Alcarria).

Debido a su gran inteligencia y preparación fuera de lo común, según consta en los legajos y prensa de su tiempo, este profundo matemático, abarcó con igual éxito el campo de las letras. Formaba parte de una élite de extraordinarios profesores, pioneros de la Segunda Enseñanza en Guadalajara, que engrandecieron su Instituto, entre ellos: su director, José Julio de la Fuente, H. Giner de los Ríos, Fernández Iparraguirre, o el profesor de dibujo, josé María López-Merlo y Pascual, autor, entre otras obras que hay en nuestra Ciudad, algunas en el Ayuntamiento, del retablo del altar mayor del Santuario de Nuestra Señora de la Antigua.

Afamado políglota, dominaba el latín y el griego, alemán, italiano y francés. Aparte de sus clases de matemáticas, al mismo tiempo, impartió de forma altruista, además de otro curso de matemáticas, geografía, astronomía y francés, filosofía, filología y legislación. Socio honorario del Ateneo Escolar, en su Revista, 1878, se señala que en el Ateneo Caracense: "se ha establecido una cátedra de lengua italiana bajo la dirección de D. Hilarión Guerra". La misma publicación menciona, además, una de las varias conferencias con las que honró esa tribuna. Fue, en efecto, un brillante conferenciante. (Igual lo fue su hijo Carlos, en sus estudios y en las diversas conferencias académicas que pronunció, mereciendo por ello menciones honoríficas, tan unido a su padre que falleció pocos meses después de él, a los 20 años, cuando terminaba la carrera de Derecho.)

Guerra y Preciado, formó parte de tribunales de oposición y de jurados de diversos certámenes literarios. Entre sus aportaciones a la cultura arriacense, destaca la elaboración, junto con el Director del Instituto, del Informe sobre Reforma de la Enseñanza (1881).

La cátedra de gimnasia

Pero la contribución más importante de Hilarión Guerra fue conseguir, con la colaboración y apoyo entusiasta del director, José Julio de la Fuente que en el Instituto de Guadalajara se implantase la cátedra de Gimnasia higiénica el 1º de octubre de 1883, cuando aún no era una enseñanza oficial en España (lo fue 10 años después), para que "...pueda España, atrasada en ese ramo de la educación, entrar en las vías del verdadero progreso y Guadalajara ser de las primeras capitales en cuyo Instituto se ha logrado plantear una enseñanza dedicada a mejorar físicamente al Hombre" (según consta en libro de actas de sesiones de la Diputación Provincial).

En 1884 Guerra fue nombrado por la Diputación profesor de gimnasia de la Provincia, ratificado después en este cargo por la Reina regente. A su fallecimiento nadie le sustituye en esta plaza hasta tres años después, cuando la asignatura se hace oficial. Su pasión por esta disciplina llevó al "sabio riojano" a ofrecerse "voluntaria y gratuitamente" a dar estas clases, que impartió a diario, donando incluso material para las mismas. Después de estudiar a autores suecos y belgas llego "a crear un nuevo sistema de Gimnasia Higiénica, que mereció los elogios y recomendación de los médicos que lo presenciaron y la atención de la prensa".

Nota final

En 1999 la autora de este artículo solicitó a la Alcaldía la denominación de una vía de la ciudad con el nombre de Hilarión Guerra y Preciado, su bisabuelo. Los apoyos a esta petición fueron muchos. Así, además de los desvelos a los que hacía referencia Sánchez Mariño y de las palabras de Díaz Mora, se contó con el refuerzo de más de doscientas firmas. El día 6 de marzo de 2002, el alcalde José María Bris firmaba el decreto por el que se reconocían los méritos de este ilustre doctor y una calle de Guadalajara pasaba a ser denominada calle Hilarión Guerra y Preciado.

Referencias

  • Diaz Mora, Obdulio. "Orla de ilustres del Instituto Brianda de Mendoza (II. Profesores laureados del siglo XIX)". Nueva Alcarria, 1990-12-07.
  • Sanchez Mariño, Rafael: "D. Hilarión Guerra y Preciado, símbolo de una cultura ejemplar". Nueva Alcarria, 1997-06-13.
  • Gutiérrez del Olmo, Amparo: "Reconocimiento a un intelectual: Hilarión Guerra y Preciado". Nueva Alcarria, 2003-01-31.