Hermanos de San Juan de Dios

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Ángel Mejía Asensio, bajo licencia CC By-sa petit.png

Este artículo explica las circunstancias que rodearon el establecimiento de los Hermanos de San Juan de Dios en Guadalajara, en 1531, para hacerse cargo del Hospital de la Misericordia.

Hospitales antiguos de Guadalajara

Decía nuestro cronista más preciado, Francisco Layna Serrano, al referirse a la ciudad de Guadalajara que debía de sentirse orgullosa de su pasado, haciendo hincapié en que el principal motivo de este orgullo estribaba en el amor y caridad mostrados hacia los más desvalidos. Efectivamente, los más pobres y menesterosos tanto de la ciudad como de los que pasaban por ella fueron atendidos convenientemente en diversos centros de beneficencia desde la Edad Media.

Los hospitales antiguos de Guadalajara fueron creados por fundaciones particulares. En la Edad Media, los más conocidos fueron el de los Peregrinos, establecido en los primeros años del siglo XIV por doña María Fernández Coronel; el de la Misericordia, para enfermos, fundado en 1375 por doña María López; el de Santa Ana para enfermos, fundado en 1461 por el canónigo Juan de Morales; el de San Ildefonso en 1480 para sacerdotes pobres, fundado por Diego González, Secretario del cardenal Mendoza.

Ya en el siglo XVI, continuaron las fundaciones, como la del Hospital de la Torre, situado en la actual puerta del Alamín, antes conocida como puerta de Postigo, que albergaba a todo tipo de vijeros, y el Hospital de Nuestra Señora de Guadalupe, fundado por Domingo Hernández de Heredia.

Llegada de los Hermanos de San Juan de Dios a Guadalajara

La Escuela de Magisterio ocupó en el siglo XIX el edificio del Hospital de la Misericordia. Planta de la Escuela hacia 1880 (Archivo Municipal de Guadalajara).

A mediados del siglo XVI, el Concejo de la ciudad decidió reducir el número de hospitales, unificando todos en el de la Misericordia. Es en este marco donde debemos situar el momento en el que los Hermanos de San Juan de Dios decidieron ofrecer sus servicios a la ciudad basados en el amor y en la caridad hacia los enfermos. Aprovecharon la donación de unas tierras en la vecina localidad de Villaviciosa, realizada por don Pedro Gago de Castro, para pedir que se les avecindara en la ciudad de Guadalajara. La petición, firmada por el hermano Sebastián Manuel, fue examinada por el Concejo el 28 de mayo de 1610, siéndole denegada la vecindad alegando (textualmente):

Que el lugar de Villabiçiosa, donde tienen su hazienda es conprada, es una casería y vezindad y que tiene muy poco término y que la vezindad que pretenden es para entrar mucha cantidad de ganados para sustentar sus casas e otras çiudades, villas e lugares destos reinos de donde resultaría grande daño e ynconbeniente a esta çiudad e sus beçinos de tierra y suelo e anssí porque esto es aprobechamiento de los veçinos que pagan los servicios hordinarios y extraordinarios e serviçios de millones e otras cosas por donde quedarían con las cargas y los hermanos con todo el aprovechamiento, por do no debe ser admytida su bezindad.

Como podemos comprobar, los Hermanos se toparon algunos problemas que por entonces estaban en candelero: el excesivo pago de impuestos y la impopularidad que comenzaba a tener entre el pueblo el elevado número de personas que entraban a formar parte de alguna orden religiosa y que por tal motivo no pagaban impuesto alguno. La posibilidad de la llegada de una nueva orden a la ciudad obtuvo una respuesta tan negativa, considerando que era otro grupo más al que se debía alimentar y atender con limosnas, sin pensar en ese momento en el beneficio que su entrada aportaría a los más necesitados.

Aunque todo parecía ponerse en su contra, quedó abierto un pequeño resquicio por donde se entreveía un poco de luz y a través del cual los hermanos de San Juan de Dios vieron, en cierto modo, garantizada la posibilidad de atención de los enfermos de la ciudad. Se trataba de una pequeña concesión, consistente en que se les permitía que, para labrar la tierras que tenían en Villaviciosa, podían "apaçentar las bestias de labor para ellos y traer sus ganados para sustento de los pobres". En definitiva, se venía a reconocer de forma implícita que la labor de estos nuevos hermanos iba encaminada más hacia una acción benéfica y de servicio hacia los pobres que a un afán de lucro y de bienestar personal en una sociedad tan necesitada, como era aquella del siglo XVII.

Poco a poco las primeras posturas contrarias a los Hermanos del Concejo de Guadalajara dejaron paso a un mayor entendimiento, hasta llegar a un principio de acuerdo a finales de 1626. El 3 de diciembre de dicho año fray Pedro Egipcíaco, junto a fray Pedro de San José, mandaron un Memorial de condiciones en nombre de los Hospitales (sic) de San Juan de Dios al Concejo en el que se exponía el modelo de hospitalidad que estos hermanos llevaban a la práctica en los hospitales ya fundados, para que si el Concejo se mostraba de acuerdo se les diese el hospital de la ciudad (en este caso sería el hospital de la Misericordia) para que ellos lo administrasen. Los hermanos se encargarían de dotar al hospital de cirujano, de boticario, de barbero y de enfermeros, así como de los medios económicos necesarios para atender adecuadamente a los enfermos; asimismo, aceptaban que si no había un "sacerdote del hábito" se eligiese a un clérigo de la ciudad, con el salario que se acordase, para que administrase los sacramentos a los pobres que se atendiesen en dicho hospital.

Este Memorial, que fue leído en la sesión del Concejo del 24 de diciembre de 1626, contaba con la inestimable aprobación del corregidor de Guadalajara, don Francisco Aldrete y Quiroga, quien antes de las votaciones de rigor de los regidores de la ciudad les pidió que diesen el Hospital de la Misericordia, sin duda pensando que era el que mayor posibilidades tenía para recibirles y que mejor se adaptaba a sus características, además de por estar dotado de numerosos recursos propios con los que podrían ejercer mejor su misión humanitaria. Este corregidor no escatimó elogios hacia la Orden, haciéndoles ver a los regidores que era muy estimada por reyes y pontífices, aparte de que los Hermanos de Antón Martín, como así se les conocía también en la ciudad, se dedicarían a una actividad que hacía tiempo no realizaba la ciudad en las condiciones deseadas: la hospitalidad.

Durante las votaciones fueron muchas las voces discrepantes. Algunos regidores veían en la llegada de la nueva orden una amenaza para sus privilegios dentro de la administración del hospital de la Misericordia; se oponían al cambio, alegando la tan manida frase de que "las novedades eran dañosas". Sin embargo, la mayor oposición la encontraron en el resto de las órdenes religiosas ya establecidas en la ciudad y en el Cabildo de Curas y Beneficiados de ella, como hicieron constar varios de los regidores. Estos consideraban que la entrada de "los de la capucha", como así se les denominaba de forma casi despectiva, sería perjudicial para la ciudad, pero probablemente pensaban más en su propio perjuicio al ver, de forma errónea, a la nueva orden como una competidora en el disfrute de los privilegios que tenían en la ciudad desde hacía muchos años, incitando a la gente por ello con acusaciones tan peregrinas como que una vez que se asentaran en ella se llevarían de ésta todo lo que quisiesen.

A pesar de tan elevado y variopinto número de voces en contra, fueron muchos más los que vieron en su llegada la salida a una situación ya insostenible, como era la mala atención que tenían los enfermos y pobres de la ciudad, quienes por falta de asistencia morían sin amparo alguno por los rincones más insospechados. El Hospital de la Misericordia a pesar de todos sus recursos, no podía satisfacer las necesidades para las que había sido creado. Su mala administración les había llevado a un estado lamentable, presentando el edificio un aspecto de ruina que se correspondía con el de la inoperancia de su servicio. Por todo ello la llegada de los hermanos de San Juan de Dios vino a aliviar esta dejadez.

Condiciones administrativas

Tras la confirmación por parte de los regidores de la entrada de la nueva orden en la ciudad, pusieron una serie de condiciones. Son significativas las encaminadas a limitar el número de hermanos a cuatro o seis, aunque hubo algún regidor que propueso un máximo de tres, y que ninguno de ellos tuviera la condición de sacerdote ni puedieran tener clausura. Se llegó incluso a solicitar una bula de Su Santidad con el fin de que este número no aumentase con el paso de los años, ni tuviesen hacienda en propiedad ni fuesen considerados como vecinos de la ciudad.

Finalmente, se concedió a los Hermanos la casa que albergaba al hospital de la Misericordia, con sus camas y todo lo que en su interior había, pero su administración se dejó en manos del Cabildo del Hospital, cuyo prioste era el duque del Infantado. Este Cabildo sería el encargado de administrar los bienes propios del Hospital y de entregar el dinero obtenido a los hermanos de San Juan de Dios para que los destinasen a la curación de los enfermos. Por otra parte, se acordó que el corral de comedias que había en el Hospital y del que disfrutaba la ciudad, siguiese funcionando como tal, representándose en él las comedias que con motivo de la celebración de la fiesta del Santísimo Sacramento allí tenían lugar, destinando todos sus beneficios al mismo fin caritativo.

Cuando el 14 de mayo de 1631, es decir casi cinco años después, por fin entraron en Guadalajara y en su Hospital los Hermanos de San Juan de Dios, una vez superadas todas las dificultades interpuestas por los diferentes grupos de poder de la ciudad, algo muy importante comenzó a cambiar: los enfermos se vieron atendidos y acogidos, la hospitalidad de los hermanos de San Juan de Dios que tantas veces habían oído comentar los vecinos de Guadalajara en boca de los peregrinos que pasaban por ella, se hizo realidad, convirtiéndose rápidamente en el principal, por no decir único, centro benéfico de Guadalajara, al que acudían todos los menesterosos de la ciudad y los que por ella pasaban en busca de los cuidados de estos frailes.

Referencias

  • Mejía Asensio, Ángel. "Presencia de los hermanos de San Juan de Dios en Guadalajara desde 1631 a 1837 : reseña sobre las crónicas históricas de la llegada de los Hermanos a esa ciudad. Hermanos hospitalarios, n. 210, 1996, p. 582-584.
  • Archivo Municipal de Guadalajara. Libro 141424. Ayuntamiento de Guadalajara. Actas de sesiones. 1626-1627.