Fernández Otto, Alberto (2011). Torija

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de José Ramón López de los Mozos, bajo licencia CC By-sa petit.png
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FERNÁNDEZ OTTO, Alberto (textos), y RECIO, Máximo (diseño gráfico y fotografía). Torija: guías cómodas de Guadalajara. Guadalajara: Diputación de Guadalajara, 2011, 48 p.

Reseña publicada en Nueva Alcarria, «Baúl de libros», 126.


Hace algún tiempo hice un comentario de otro texto, podría decirse que un folleto de esta misma colección, que trataba sobre Sigüenza (véase Baúl de libros, 74, del viernes 08/06/2012), en el que hablaba de las propuestas, fuera de lo acostumbrado, de este tipo de guías, que me parecen tan interesantes, puesto que se apartan de los esquemas de otras al uso, y que, como con total sinceridad se indica en su a modo de colofón: «sólo pretende[n] que el turista que visite algún día este pueblo llegue a él como si ya lo conociera».

En aquella ocasión ya hice, aunque de pasada, mención a esta guía de Torija y a otra que trata de los Pueblos de la Arquitectura Negra de la provincia de Guadalajara, que trataré en otro momento.

Recordemos, sí, que una «guía cómoda» es simplemente un manual, «una guía sentimental para mostrar lo cómodo que es lo desconocido» para el turista versus viajero. Por eso, el sumario de este librito -pido disculpas por la palabra, porque me refiero a su extensión- es sucinto y sólo consta de siete apartados o capítulos, igualmente breves, que parten de dos páginas, dos mosaicos fotográficos previos en los que a través de 48 fotografías se da una idea de cómo es el pueblo y las gentes que lo habitan: consta de Algunos datos prácticos, Por dónde se entra en la Alcarria, Cómo hace el alcalde el asado, Cuántos siglos por kilómetro cuadrado tiene Torija, A qué está dedicado el castillo, Dónde dormir sin extrañar la cama y Cómo entienden el pueblo sus vecinos, que paso a desgranar.

Presentación de Torija

Evidentemente los primeros datos se refieren a la ubicación de Torija: cómo llegar (desde Madrid por la A-2, carretera de Barcelona), a qué comarca pertenece (a la Alcarria), distancias (78 kilómetros de Madrid y 18 de Guadalajara), superficie (35,28 kilómetros cuadrados), gentilicio (Torijano), fiestas locales (las principales, de la Virgen del Amparo, del 8 al 11 de septiembre), web (www.torija.com), y rutas turísticas en las que aparece (La Alcarria, el viaje; Ruta de los Castillos; Guadalajara A-2 pasos; Viaje a la Alcarria, y Turismo en Guadalajara).

Por dónde se entra a la Alcarria. Desde antiguo, es decir, desde siempre, por Torija. Ya lo sabían los romanos y quienes los siguieron, puesto que de no haber sido así Torija no hubiera tenido el castillo que le dio nombre: torre pequeña, torrecilla, posiblemente una atalaya en sus orígenes, que sirviera para controlar el paso del Valle y luego el llamado Camino Real -uno de ellos-, quizá reutilización de una calzada romana previa que condujese de Castilla a Aragón y viceversa. Y una vez que se ha llegado siguiendo el Valle de Torija, se entra en esta localidad y se puede descansar, que el camino a poco de allí se convierte en secarral en verano y en helador espinazo en invierno, que en Guadalajara, ya se sabe, no hay casi otoños ni primaveras.

Hablar del cabrito o del cochinillo asado de Torija, al estilo de Pocholo -Miguel Ángel García Bravo, que en la actualidad ya no es alcalde de la villa-, es harina de otro costal y una obligación para el caminante, vaya andando, en bici o en coche, que al fin todo es andar. Además, el Asador de Pocholo es famoso en el mundo de la gastronomía y, por si el visitante no lo conociera, solo tiene que guiarse por los aromas que salen del horno de su asador que está en la travesía de Mesones, 5, como debe ser por aquello de lo gremial. Y después de un buen asado, en la dosis que corresponda, un orujo «alcarreño» para alegrar el espíritu y ¡buen provecho! Hay otros sitios donde llenar la andorga que también figuran en esta guía de Torija y que el lector podrá elegir a su gusto.

¿Cuántos siglos tiene Torija por kilómetro cuadrado? Si nos ponemos a hablar de kilómetros pocos deben ser, puesto que su conjunto urbano no es excesivamente extenso, pero sí que hay monumentos que ver hasta cansarse, y, además, bien antiguos; desde el castillo, presidiendo la plaza, que fue debidamente restaurado y sirve de sede al Museo del Viaje a la Alcarria, como homenaje a Camilo José Cela, y al CITUG, o sea, al Centro de Interpretación Turística de la Provincia de Guadalajara; la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida por la familia Mendoza -algunos de cuyos miembros permanecen allí enterrados- a comienzos del siglo XVI -tal vez sobre un templo románico anterior- según esquemas góticos aunque tendentes al renacentismo plateresco, que puede visitarse los sábados y domingos, de 10 a 13 horas.

El visitante podrá disfrutar también de una cerveza al aire, tomando el sol, en la plaza de la villa y/o acercarse hasta la picota y la «picotilla» y, si aún le quedan ánimos, darse un paseo no muy largo, y tomar el aire junto la ermita de la patrona, que es la Virgen del Amparo, con el final del Valle a sus pies.

Dicen que el castillo es la joya, pero yo no creo que existan joyas o que puedan apreciarse en su justo valor, si no están suficientemente engarzadas y qué mejor engarce para un castillo que la villa que lo acoge y a la que desde antiguo protegió. Un castillo, reformado en el año 2009, que permite otear los horizontes de los alrededores con todo su esplendor. Su horario de visitas es de miércoles a sábado, de 11 a 19 y los domingos, de 11 a 14, contando con la posibilidad de visitas guiadas por Informador Turístico de ámbito Local. Ahora cobran algo, pero poco. Luego se puede dormir en el mismo pueblo, en cualquiera de las casas rurales que ofertan camas.

Pero, lo fundamental es que Torija, además de ser la puerta de la Alcarria, tiene otro sentido para quienes viven allí, para quienes no son turistas ni viajeros, para quienes verdaderamente son sus protagonistas y tienen a Torija como «su» casa, que no como la puerta de entrada a otro sitio. Torija, pues, es su centro, su mundo, alrededor del que orquestan su vida, quizá un tanto ensoñadora vida cuanto piensan que todavía son personajes de una leyenda medieval o del viejo romancero, que se divierten y dan a conocer el lugar donde nacieron a través de los tradicionales certámenes de Rondas Navideñas. Lo cual no deja de ser un privilegio en estos tiempos de prisas y aislamientos que corren.