Escuela Técnica de los Paules

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png
Claustro del Colegio de los Paules. Tarjeta postal editada por Antero Concha (ca. 1910). (Colección particular).

A comienzos de 1916 los alcarreños se hacían eco de un rumor que paulatinamente cobraba fuerza: La Hispano-Suiza buscaba terrenos suficientes para construir un gran centro fabril en Guadalajara.

El 21 de julio de 1917 se inscribía en el Registro Mercantil de Madrid La Hispano, S.A. Fábrica de Automóviles y Material de Guerra, una sociedad que hasta agosto de 1936 situaría a Guadalajara entre los centros fabriles más importantes de Europa dedicados al desarrollo de la industria aeronáutica y automovilística.

La puesta en marcha de estos talleres, y las enormes expectativas de empleo surgidas, movió a las instituciones de Guadalajara para buscar las alternativas posibles en materia de formación laboral, aumentando la oferta realizada por la Maestranza de Ingenieros del Fuerte de San Francisco y por el Ateneo Instructivo del Obrero.

Muy pronto, se abrieron dos centros especializados para que los más jóvenes obtuvieran los conocimientos y experiencia oportuna en los oficios que allí más se necesitaban, la Escuela Técnica de los Paules y la Escuela Municipal de Artes y Oficios.

Los Paules, una nueva congregación en Guadalajara

La Residencia de los Paules como Pabellón de la Cruz Roja para heridos y enfermos en campaña (1921). (Fotografía de prensa de ‘‘Mundo Gráfico.)

En 1902 Émile Combes, presidente de la República Francesa, sacaba adelante un paquete legislativo de eminente carácter laico que limitaba en mucho las funciones que podían desarrollar las órdenes y asociaciones religiosas en ese país; especialmente, en contra de la actividad docente que venían desarrollando.

Estas medidas propiciaron el éxodo de muchas congregaciones religiosas hacia otros países fronterizos, entre ellos España. Aquí, tras restauración de los Borbón en el trono, se había liquidado gran parte de la legislación anticlerical de la primera mitad del siglo XIX; y, por el contrario, se estaba fomentando la regeneración de las órdenes y asociaciones antaño perseguidas y desamortizadas.

Guadalajara, como cualquier otra localidad española, fue objetivo y protagonista de esa Restauración Católica, fomentándose en ella la creación de nuevas cofradías, la renovación de cultos, y la acogida de congregaciones foráneas. Por ejemplo, en julio de 1904, se instalaron las reverendas madres Reparadoras del Corazón de Jesús, conocidas coloquialmente como “las francesas” por ser de esa nacionalidad.

En este contexto, debemos señalar también la aproximación e implantación de otras órdenes; por ejemplo, en el semanario La Crónica del 12 de julio de 1909 se puede leer:

Se dice que los religiosos Maristas se proponen establecerse en Guadalajara y al efecto tienen en tratos de compra una casa en la plaza de Dávalos. Los Paules es probable que se establezcan antes de lo que se creía, en el edificio que hoy ocupa el Ateneo del Obrero.

Finalmente, la instalación del Instituto de Hermanos Maristas Champagnat no se cumpliría hasta 1960 en el antiguo palacio del Conde de la Vega del Pozo; mientras que, por en contrario, la de la Congregación de San Vicente de Paúl se materializó en las dependencias anunciadas del Ateneo Instructivo del Obrero, es decir, en el antiguo convento de Nuestra Señora de la Concepción. Allí, al poco tiempo, abrió un internado y centro docente masculino: el Colegio de los Padres Paules.

Un centro de formación profesional

Hoja social (1926). Ejemplar de la publicación periódica de lps Paules en Guadalajara. (Biblioteca Pública Provincial).

En enero de 1918, antes de que las máquinas de La Hispano, S.A. Fábrica de Automóviles y Material de Guerra comenzaran a funcionar, la prensa local daba a conocer las gestiones realizadas por don Víctor Martínez ante las más altas instancias del arzobispado de Toledo para que los Paules de Guadalajara pudieran aumentar su oferta educativa con asignaturas especializadas; sino, crear una Escuela de Artes, Industrias y Oficios con un programa teórico y práctico a cumplimentar en tres cursos para jóvenes entre 16 y 20 años.

Tras la entrevista mantenida con el cardenal Guisasola, el señor Martínez expuso su programa en el que, además de los Padres Paules, estaban implicados profesores de la Academia de Ingenieros del Ejército, del Instituto General y Técnico y de la Escuela Normal de Maestros, algún profesional de reconocido prestigio, y oficiales experimentados en carpintería, forja y ajuste de metales.

La inauguración de la Escuela de Artes, Industrias y Oficios de los Paules tuvo lugar el 23 de enero de 1918; una vez que se había formado el Patronato que dirigiría sus destinos. Este órgano estaba compuesto por: Manuel Maroto, presidente; Vítor Martínez, vicepresidente; Mateo Madera, consiliario; el padre José María Fernández, jefe de estudios; Clemente Cuesta, tesorero; Mariano Chueca, vocal; y el señor Berceruelo como secretario. En aquellos días, se recibió una carta de adhesión al proyecto firmada por el rey Alfonso XIII.

El cuadro de profesores quedó integrado, además de por varios padres paules y un franciscano, por Ramiro Ros, Teobaldo Moro, Manuel Maroto, Emiliano Cordavias, Víctor Martínez, y los señores Ruibal y Delgado.

La crónica publicada en el semanario Flores y Abejas correspondiente al 22 de enero de 1918 continuaba informando:

Se cuenta también con el concurso de un mecánico-armero y maestro carpintero y para la enseñanza teórico-práctica de mecánica se han ofrecido el comandante de Ingenieros Sr. Navascués y el ingeniero de Caminos Sr. Crespo.

Se daba cuenta, asimismo, de la creación de una sección artística y de un orfeón que sería dirigido por Lorenzo Ferrer y el presbítero José María Valles.

No tengo datos suficientes para determinar en qué momento dejó de funcionar esta Escuela de Artes de los Paules; quizás lo haría en 1923, una vez que la Escuela Municipal de Artes y Oficios consolidara su andadura.

Y las mujeres también

Pero la actividad de los paulistas en Guadalajara no sólo se limitó a este ámbito, también propiciaron otras sinergias para difundir sus principios religiosos y para sustentar y acrecentar la influencia de la iglesia en la sociedad alcarreña.

Por ejemplo, antes de 1926 esta congregación albergaba y dirigía al [Sindicato Obrero de la Inmaculada]], una formación católica que agrupaba a más de un centenar de trabajadoras.

Entre otros servicios, las muchachas afiliadas a este sindicato podían asistir cada tarde a las aulas del centro: «En estas clases nocturnas, además de las materias propias de la Enseñanza primaria, se dan clases de mecanografía y labores de bordado a máquina; y en los jueves hay conferencias de asuntos religiosos y sociales», según se informaba en el número 1 de la Hoja Social publicada el 1 de marzo de 1926 a instancia de los Paules de Guadalajara.

En 1936, meses antes del comienzo de la Guerra Civil los Paules dejaban Guadalajara; después, las dependencias del antiguo convento de Nuestra Señora de la Concepción serían objetivo de los proyectiles de las baterías.

Bibliografía

  • Batalla Carchenilla, César María. "Los Ateneos en Guadalajara (1877-1896) : primera aproximación". En: Wad-Al-Hayara, n. 25, 1998, p. 207-224.
  • Calero Delso, Juan Pablo. "Orígenes del catolicismo social en Guadalajara (1903-1923)". En: Wad-Al-Hayara, n. 25, 1998, p. 225-256.
  • Layna Serrano, Francisco (1943). Los conventos antiguos de Guadalajara. 2ª ed. Guadalajara : Aache, 2010.
  • Pradillo y Esteban, Pedro José. Hispano-514 : el automóvil y la industria en Guadalajara (1917-1936). Guadalajara : Patronato de Cultura, 2011