Dance de los zancos

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png

Durante siglos Guadalajara contó con un espectáculo, casi exclusivo, que se programaba en las principales conmemoraciones y eventos organizados en esta ciudad y en otras vecinas. Se trataba de una danza sobre zancos representada por una compañía de baile en la que sus miembros realizaban hábiles movimientos y rotaciones al compás de la dulzaina y el tamboril. Su historial se documenta a lo largo de doscientos años, concretamente, entre 1659 y 1852.

En 2010, y en el ámbito de los actos conmemorativos del 550 aniversario del otorgamiento del título de Ciudad dado a Guadalajara por Enrique IV, el Grupo de Bailes Regionales «Palacio de La Cotilla» del Patronato Municipal de Cultura ha recuperado esta tradición que, durante mucho tiempo, singularizó a la capital alcarreña.


Primeras noticias

Aunque parezca extraño, las referencias más antiguas hasta ahora localizadas sobre la existencia de la Compañía de Zancos de Guadalajara nos remiten a las poblaciones de Alcalá y Madrid. Deberíamos suponer por tanto que, para entonces, su repertorio ya contaba con un exitoso currículo y el prestigio suficiente para ser demandado desde aquellas localidades.

En aquella primera fecha, 1659, encontramos a la Compañía de Zancos participando en las fiestas organizadas en la ciudad complutense con motivo del traslado de las reliquias de San Diego de Alcalá.

Una década después, en 1668, sería el Concejo de Madrid el que contrataría los servicios de los Zancos de Guadalajara para incorporarlos a la procesión del Corpus Christi de esa villa por un total de 2.300 reales, más los gastos de vestuario aparte. En aquel momento, se cita como componentes a Francisco Herrero, Alonso Aguado, Juan Bueno, Sebastián Moreno y Alonso Paz. Posteriormente, ahora bajo la dirección de Alonso Aguado y Francisco Vivar, volverían a ser contratados para la misma festividad en los años 1673 y 1690 por un importe total de 3.600 y 2.300 reales, respectivamente.

Zancos y visitas reales

Los zancos por Francisco de Goya
Detalle de la Vista de Guadalajara en 1565: puente sobre el Henares y ermita de Nuestra Señora del Rosario, en la subida a la ciudad.

Por el contrario, en la documentación consultada sobre este tipo de demostraciones, en Guadalajara no hemos localizado cita alguna sobre la participación de esa Compañía de Zancos, y sí de otras muchas danzas realizadas por otras formaciones domiciliadas en esta ciudad.

Quizás podríamos aventurar que Aguado y Vivar, o alguno de sus compañeros, participaran en los agasajos ofrecidos por el Concejo de Guadalajara a Carlos II y a su madre, la reina Mariana, el 22 de abril de 1677 con motivo de su entrada triunfal en Guadalajara, en la que hubo «barias danzas con los naturales de la Ziudad como llamadas otras de diferentes Billas y lugares de la comarca que con sus diferencias yguales, en el buen gusto de todas ayudaron a lo festivo y alegre día», pues, a partir de este singular suceso, se cristalizaría un protocolo –no escrito– que ligará a los zancos con los tránsitos o estancias de la familia real en Guadalajara.

Así sucedió con las entradas de Felipe V y su esposa, doña María Luisa Gabriela, en 1702 y en 1709; con el tránsito de la infanta doña María Antonia Fernanda en 1750 –de paso hacia La Junquera para contraer matrimonio con el duque Víctor Amadeo de Saboya–; o con la estancia de Carlos IV en 1791.

En las cuentas de gastos presentadas por Antonio de la Bastida y José de Torres, Comisarios del Concejo, por la visita de Felipe V en 1702 se anotan 220 reales pagados a la Compañía de Zancos, además de otros 150 al grupo de danzantes de Cabanillas que evolucionaron ante la pareja real. Mientras, en las de 1709, se hace constar la libranza de 165 reales a favor de los zancos y de un músico con violín de acompañamiento. Aunque, como en el anterior suceso, el mayor empeño del Concejo se concentró en engalanar e iluminar la calle y plaza Mayor y las dependencias que ocuparon los reyes durante su estancia en el palacio del Infantado.

En 1750, el Concejo para agasajar a la duquesa de Saboya contrató a la Compañía de Zancos formada por ocho danzantes y un tamboril por 259 reales, además de destinar 1.441 reales más para la compra de telas y la confección de los nuevos trajes. Para esta operación, se adquirieron en Madrid cincuenta y ocho varas y media de damasco de color caña, luego cortadas y cosidas por el sastre guadalajareño Esteban Garrido.

En marzo de 1791 Carlos IV vino a Guadalajara para inspeccionar la Real Fábrica de Paños y disfrutar de unas jornadas de caza y esparcimiento. Para testimoniar tan especial acontecimiento y registrar lo ocurrido se redactó una Crónica del suceso que permanece inserta en el Libro de Actas de Sesiones del Concejo de ese año; en ella podemos leer:

En el Humilladero estava tocando la orquesta de la Ciudad, y más arriba los Zancos, que no dieron pequeño objeto a la admiración. El gentío, y declaraciones fue infinito así en la entrada como por todas partes; y no se oía sino repique de Campanas, las Músicas de orquestas de Ciudad y Fábrica, salva de tiros desde la Fábrica de San Carlos de los figurados navíos y vívares de la inmensa multitud…

El Humilladero citado era la antigua ermita de Nuestra Señora del Rosario, un oratorio muy próximo al puente sobre el río Henares que se alzaba en esta orilla de la ciudad. Curiosamente de ese año data “Los Zancos”, una pintura realizada por Francisco de Goya en la que nos representa a dos hombres que, elevados sobre dos altas varas asidas a sus muslos y ante un gentío expectante, evolucionan a la son de los compases de dos dulzaineros. También nos llama la atención el escenario urbano en el que se produce la acción, una vía acotada por un pretil de sillares de piedra que confluye en una construcción del mismo material, unos elementos que nos recuerdan al puente de Guadalajara y a las construcciones que antiguamente se alzaban en sus extremos.

Aún, durante los años de gobierno de los Bonaparte, el Concejo recurrió a los zancos como espectáculo excepcional de agasajo. Así, en las cuentas presentadas por Francisco Baygorri, mayordomo de propios, sobre los cargos ocasionados durante una de las visitas programadas por José I se detallan 200 reales devueltos por José Sánchez, representante de la Compañía de Zancos, por no haber ejecutado el dance.

Zancos y ninfas

La última cita localizada hasta el momento sobre el dance de zancos la encontramos en un artículo publicado en el semanario ''Flores y Abejas'' correspondiente al 15 de abril de 1917 sobre fiestas reales en Guadalajara. Aquí, el periodista Emiliano Cordavias, reseña el programa de actos confeccionado por el Ayuntamiento con motivo del feliz natalicio de la infanta doña Isabel el 13 de marzo de 1852, en el que tuvieron un especial protagonismo las evoluciones de los Moros de los Zancos, el tío Bocanegra con su tamborilero, y el colchonero Láinez y sus Ninfas.

Esta comparsa entretendría a los guadalajareños con sus danzas en las plazas de Santa María y Mayor; esta última, convertida en coso taurino:

A las dos y media en punto de la tarde, entran en el redondel los moros de zancos, dan varias vueltas y van a apoyarse en las barandillas de los tendidos, al lado de los burladeros, siendo obsequiados por los amigos que llevan las meriendas.

Recuperación de la danza

8 de septiembre de 2010: Dance de los zancos por el Grupo de Bailes Regionales «Palacio de la Cotilla»

Durante todo el 2010 el Ayuntamiento de Guadalajara, y su Patronato Municipal de Cultura, se han esforzado en confeccionar un amplio programa de actos culturales para acercar la historia y tradiciones de la ciudad a todos los guadalajareños y visitantes. Entre otras muchas iniciativas se ha recuperado el dance de los zancos, partiendo de los datos históricos aquí reproducidos y del decidido esfuerzo de los responsables del grupo de bailes «Palacio de La Cotilla»: Jesús Cortés Mayoral, Valentín Pérez Pezuela, y María Antonia Berlinches Martínez.

En el transcurso de las sesiones de trabajo que se mantuvieron para poner en marcha el proyecto se decidió, ante la falta de informaciones e imágenes concluyentes, recrear el dance de los zancos con las características particulares del folclore alcarreño; es decir, asumiendo típicas composiciones musicales para dulzaina y tamboril, y ejecutando evoluciones, rotaciones y cruces al ritmo de las castañuelas. Con este mismo criterio, se apostó por vestir a la compañía con el traje tradicional que, desde siglos, se usa por los grupos de Guadalajara: blusa, enaguas, medias y alpargatas blancas, con adornos de pañuelos y cintas de vistosos colores.

Por último, para la confección de los zancos se recurrió al modelo en orquilla utilizado en Anguiano, localidad riojana en la que aún se mantiene este tipo de dance. Para esta empresa fue decisiva la participación de los alumnos del Taller de Carpintería de las Escuelas Municipales y de su monitor, Roberto José Inglés Nieto, encargados de ejecutar en madera de haya las alzas.

Después de varios meses de adaptación y ensayo, el 8 de septiembre de 2010, la renovada Compañía de Zancos de Guadalajara evolucionó ante la imagen de Nuestra Señora de la Antigua, Patrona de la ciudad, en el día de su fiesta para sorpresa y admiración de todos.

Estas referencias históricas las hemos leído en los trabajos de investigación publicados por los historiadores Sánchez Moltó y Portus Pérez sobre los festejos celebrados en aquella centuria en Alcalá y Madrid.

Bibliografía

  • Portus Pérez, José. La antigua procesión del Corpus Christi en Madrid / Javier Portús Pérez ; ilustraciones, José Antonio Sebastián. Madrid : Centro de Estudios y Actividades Culturales, 1993 .
  • Pradillo y Esteban, Pedro José. Guadalajara festejante : ceremonias y fiestas de lealtad a la monarquía. Guadalajara : Aegidius, 2004.
  • Sánchez Moltó, Manuel. La festividad del Corpus Christi en Alcalá de Henares, siglos XVI-XVIII. En: Actas del V Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, Guadalajara, 1996, p. 599-624.