Crisis de subsistencia: 1856-1857

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Enrique Alejandre Torija, bajo licencia CC By-sa petit.png

Este artículo describe el desarrollo en Guadalajara de la crisis de subsistencia ocurrida en España en 1856-1857 y las medidas locales (características de la época) que se tomaron para resolverla y para evitar que diera lugar a un conclicto de mayor envergadura. Las crisis de subsistencias provocadas por la insuficiencia crónica de las cosechas, propia de la sociedad rural del Antiguo Régimen y de una agricultura tradicional, se repitieron en España hasta bien entrado el siglo XX. Iban acompañadas siempre de una gran conflictividad social, causada por el empeoramiento de las condiciones de vida de campesinos y jornaleros, que determinaba también un aumento de defunciones, postergación de matrimonios y retracción de concepciones[1].

Marco histórico

Como en 1812, 1820 y 1843, en 1854-1856, durante el llamado «Bienio Progresista», la burguesía española se enfrentaba a la tarea de sacar adelante la revolución democrática en el Estado Español, de la que volvió a desistir por miedo al proletariado y los campesinos pobres, a cuyo potencial revolucionario temía más que a la Iglesia y la vieja nobleza, bajo cuyas alas corrió a refugiarse. La nueva clase, en tanto ocupó el poder, no dio otras respuestas a las reivindicaciones populares que no fueran la represión combinada con la beneficencia y obras públicas, aunque hizo todo lo que pudo por sus intereses aprobando leyes económicas trascendentes para el futuro desarrollo capitalista como la ley de ferrocarriles (1855), las leyes bancarias o de sociedades (1856) y la de desamortización (1855), llamada de Madoz..

El intento revolucionario del «Bienio Progresista» estuvo condicionado en parte por el malestar popular causado por las dificultades alimentarías de esos años, que en la provincia de Guadalajara se vivieron intensamente. En esta ocasión el alza de precios del trigo tuvo un origen remoto. En 1854 los deseos expansionistas de zar Nicolás I, alentados ante la perspectiva de un próximo desmembramiento del imperio turco, provocaron la llamada Guerra de Crimera, que enfrentó a Rusia contra Francia, Reino Unido y el reino de Cerdeña-Piamonte. La guerra dió pié a que el mercado europeo, surtido habitualmente por el trigo ruso, se abriera a los exportadores de grano españoles quienes obtuvieron entonces grandes beneficios, pues los precios subieron al cerrarse los puertos de Odesa y Sebastopol, por el necesario abastecimiento para los ejércitos allí destacados y por lo desfavorable de la metereología en el Norte de Europa en aquel año, tanto para los cultivos de cereal como para el tráfico marítimo. Si entre los años 1849-1852 la exportación de granos españoles fue de 431.000 Qm., desde 1853 a 1856 se elevó a 1.737 Qm.[2]

La Junta de Gobierno de la Provincia

Triunfantes los progresistas en la «vicalvarada» (30 de agosto de 1854), en Guadalajara se formó una Junta de Gobierno de la Provincia, constituida el 21 de julio de 1854, que se pronunció a favor del «orden» y la «tranquilidad pública», y acordó que el Ayuntamiento de Guadalajara «continuara en el ejercicio de sus funciones por la confianza que le merecían todos sus individuos por su patriotismo, adhesión al pronunciamiento y demás virtudes...» [3]. No era otro escenario el que deseaban los adinerados miembros de esta Junta compuesta por José María Medrano (presidente); José Domingo de Udaeta, José Serrano, José Martínez, León López y Espila, Diego García Martínez, Joaquín Sancho, Casimiro López Chavarri y Cayetano de la Bruna (vocales), que ampliamente beneficiados con la compra de tierras del clero unos años atrás con la desamortización de Mendizábal, lo iban a ser ahora de nuevo con la de Madoz [4]. En su afán de estabilidad, estos «liberales» que componían la nueva burguesía terrateniente alcarreña no van a dudar en sofocar cualquier intento de levantamiento popular que vulnere sus intereses.

Pan caro, trabajo escaso y epidemia

A mediados del siglo XIX Guadalajara distaba mucho de ser aquel enclave que una centuria anterior había albergado la Real Fábrica de Paños que facilitó «medios de subsistencia a innumerables familias», como describía Pascual Madoz en su conocido Diccionario: «desde entonces la principal industria la constituye la agricultura; hay fábricas de jabón; alfarerías de vidriado ordinario; telares de sargas, bayetas y paños; cafés y confiterías..., y las artes mecánicas más indispensables». En una ciudad donde la agricultura era tan importante, el paro estacional se mitigaba con las obras públicas que se impulsaban desde las instituciones, como la construcción del Parque de la Concordia por el entonces Ayuntamiento moderado de Guadalajara que en enero de 1854 reconocía:

la necesidad apremiante de dar ocupación a muchos jornaleros que en la actualidad carecen de los medios precisos para su alimento y el de sus familias, tanto mas sensible teniendo presente la carestía del pan y otros artículos de subsistencias que hoy se experimentan en esta Ciudad...[5]

La causa de la elevación de los precios no era otra que la especulación, de la que se beneficiaron los propietarios agrícolas e intermediarios, iniciada ya en 1853, ante el previsible cierre de los puertos rusos, ocasionando la escasez y carestía de granos:

Teruel. La entradas de granos que había en esta población de Sigüenza, Molina y Campo de Rillo han cesado, por llevarlos a Zaragoza; por esta razón hay tendencias al alza...
Guadalajara. En la quincena que acaba de transcurrir ha adquirido algún movimiento el comercio de granos. El trigo está de 37 a 40 rs., habiendo subido 3 rs. en fanega; la cebada y el centeno han subido también dos reales y están de 14 a 15 y de 15 a 16.[6].

La epidemia de cólera morbo, que se difunde por la Península Ibérica desde 1853, será la causante de la muerte del 4% de los habitantes de la provincia de Guadalajara, afectando a muchas localidades e influyendo en el agravamiento de la crisis:

En algunas poblaciones de la provincia de Guadalajara, no se ha podido recoger la cosecha por falta de brazos”En la capital hubo el día 10, 17 invadidos y nueve muertos. En Jadraque continuaba haciendo estragos la epidemia. En Molina y Pastrana el número de invadidos es considerable.[7]

En la capital de la provincia, con unas pésimas condiciones higiénicas y sanitarias, esta enfermedad arrojará un saldo de 215 muertos entre los 531 afectados, entre el 20 de junio de 1855 y el último día de septiembre de ese mismo año.[8].

La de 1855 fue ya una mala cosecha, que además se exportó en buena medida por los cultivadores castellanos, que contaron con la aquiescencia del gobierno. El hambre y el malestar se desataron en el invierno de ese año en todo el país, siendo la provincia de Guadalajara, según una nota de la Dirección General de Estadística, una de las «que con mas intensidad sufre los efectos de la escasez» [9].

El Ayuntamiento de Guadalajara intenta paliar la dura crisis social que viven las clases pobres de la ciudad, atacadas por la epidemia a la que se enfrentan careciendo de los «indispensables recursos» de subsistencia, apelando a la ayuda de las «clases acomodadas del vecindario», a las cuales convoca a una reunión que presidirá el gobernador civil.[10].

La «angustiosa situación» de la capital de la provincia es atribuida por su alcalde al mal estado del molino harinero, averiado a causa de una reciente avenida de las aguas del río Henares. Para evitar la falta de pan, el Ayuntamiento apremia a los panaderos a que se provean de harina de los molinos de los pueblos cercanos y llama a los tahoneros de Torija, Brihuega, Marchamalo y Centenera, a que acudan a vender pan sin demora a Guadalajara. El concejo, además, dicta medidas contra el acaparamiento, por lo que encarga a una comisión la vigilancia de la venta; pide al gobernador que ponga a disposición del municipio agentes de policía para evitar desórdenes en la distribución del pan y prohíbe a los panaderos la venta en sus casas u otros lugares que no sean los convenidos[11].

Tentativas de motín

Si hemos de creer la noticia aparecida en el diario moderado La España (30 de enero de 1856), a comienzos de 1856 circula en Madrid la noticia de un levantamiento de los trabajadores de Hiendelaencina «por cuestión de subsistencias, que escasean por doquiera por motivo de los temporales» siendo esta la primera referencia a un estallido social en la provincia de Guadalajara causada por esta crisis. En este contexto de desabastecimiento y carestía el año anterior se habían producido enfrentamientos entre los trabajadores de las minas (muchos de ellos licenciados del ejército carlista), y ante la sospecha de un movimiento del mismo cariz en este distrito minero el Gobierno había enviado un destacamento militar por si fuera preciso sofocarlo[12].

A mediados de mayo el general Baldomero Espartero, jefe del Gobierno progresista surgido de la revolución de 1854, visitaba Guadalajara. Autoridades civiles y militares, jefes de la Academia de Ingenieros, personalidades de la provincia, miembros del Ayuntamiento, le reciben con agasajo ofreciéndole una suntuosa comida[13]. Pero la visita de tan ilustre viajero no está exenta de tensión, según relatan algunas publicaciones de la epoca. En El Balear:

A las siete de la tarde de ayer hizo su entrada en esta capital el duque de la Victoria en medio de un profundo silencio...
A esa hora aun no se habían calmado los ánimos exaltados con la jarana de la mañana por falta de pan y por la imprudencia de un alcalde que dijo a la multitud que tenía hambre y lo pedía a cualquier precio para alimentarse: «el que quiera trigo que vaya a mis graneros ; pero lo ha de pagar a 7 duros fanega» [...] esta multitud [se puso] a gritar frente al alojamiento del general Espartero: «muera D... (el alcalde que hemos aludido [José Martínez Ramos]), muera ese judío, ese usurero, ese ladrón». Una turba de chiquillos daba de vez en cuando vivas al héroe de la fiesta; pero sus vivas eran ahogadas al momento por mueras a D... [14]

Y en El Parlamento se añade:

Según noticias que tenemos de Guadalajara, el duque de la Victoria fue recibido en aquella capital en una forma parecida a la de las demás por donde ha transitado: revista, arcos, colgaduras, comida y discursos mas o menos oportunos, pues esto no es del mayor interés.
Lo que parece no ha dejado de serlo para aquella población, harto trabajada hoy por la miseria, es que se hayan invertido mas de 30.000 reales en esos obsequios, precisamente el día en que pululaban por las calles multitud de pobres faltos de recursos, hasta el extremo de haber insultado a alguno de los alcaldes porque no se los proporcionaban[15]

Otros desórdenes populares habían tenido lugar en 1855 en Madrid, Pamplona y Zaragoza (donde grupos de mujeres intentaron detener la salida de harina para la exportación, que iba en barcazas por el canal de Aragón ). En el mes de junio de 1856 se producen los sucesos de Valladolid, Palencia, Medina..., donde obreros y campesinos, ante la perspectiva de la mala cosecha de ese año, demandan pan y trabajo. Las Casas Consistoriales son apedreadas, saqueadas las casas de los hacendados ricos, se incendian molinos... El ejército interviene reprimiendo a los amotinados con dureza y muchos son fusilados.

El movimiento se extiende por toda Castilla. En Guadalajara y Brihuega surgen nuevos conatos de motín en los últimos días de junio con motivo de la subida del precio de los granos[16]. También parece haberlos habido en alguna otra localidad. Pero la alteración del orden no llega a alcanzar la magnitud que ha tomado en otros puntos del reino:

A Guadalajara la han salvado de escenas tumultuosas la presencia de la fuerza y escuela de ingenieros que allí existe. Su brigadier jefe de la misma y las autoridades, se mostraron resueltos a recibir a tiros a los que bajo cualquier pretexto alterasen el orden social. Había llegado el nuevo gobernador Sr. Benedicto, quien desde luego pensaba pasar a Sigüenza con motivo de los sucesos de esta ciudad.”[17].

Sobre los sucesos ocurridos en la provincia de Guadalajara se debate en el Congreso de los Diputados en sesión celebrada el 1 de julio. Rn concreto sobre los de Sigüenza informa así el ministro de Fomento, Francisco Lujan:

... en Sigüenza los trabajadores de la carretera se presentaron en grupos y dando voces a las puertas de la ciudad. Acudieron las autoridades, contuvieron el tumulto, y prendieron a los que más se marcaron en el desorden, los cuales están sujetos a la acción de los tribunales.

El diputado por Guadalajara Diego García Martínez intervino con estas palabras:

En la provincia que tengo el honor de representar ha habido algún desorden bajo el pretexto de la subida del pan. Las autoridades y la Milicia, como el cuerpo de Ingenieros, con la mayor energía han evitado los desórdenes que pudieran haber tenido lugar. Con sentimiento he sabido esos hechos en una provincia tan pacífica como Guadalajara. En Sigüenza así mismo una turba de trabajadores, en la mañana del sábado, a primera hora, a las seis, trataron de hacer lo mismo. La energía del juez de primera instancia, del alcalde y de la Milicia Nacional pudieron contener a los amotinados. Como este desorden si se repite pusiera extenderse a otras provincias y 5 o 6.000 trabajadores pueden poner en conflicto a la autoridad, ruego al gobierno que si es posible envié una fuerza militar al pueblo de Jadraque, que está intermedio entre Guadalajara y Sigüenza, para poder contener los desórdenes. Porque señores, son puntos en los que hay que tener la mayor previsión, porque los infinitos trabajadores de las minas y carreteras pudieran muy bien reproducir semejantes escenas[18]. Ruego, pues, al Gobierno, que tome en cuenta estas indicaciones, y si es posible envíe una fuerza militar que pueda contener los desórdenes en el caso de haberlos[19].

El ministro de Fomento le contestó que había enviado alguna fuerza a Guadalajara en evitación de que se repitieran los conflictos a los que había aludido el Sr. García. Precisamente un escuadrón de húsares había partido de Alcalá de Henares para Sigüenza[20].

Este estado de tensión se mantuvo desde junio de 1856 hasta el verano del año siguiente. El alcalde de Guadalajara constataba con temor: «se ha notado hoy en el publico una ligera inquietud», probablemente refiriéndose de manera eufemística al intento de motín[21], reconociendo un mes más tarde que estaban «sobreexcitados los ánimos en las actuales y críticas circunstancias[22]. El dos de octubre la Diputación Provincial se reúne con el gobernador civil al que presenta un proyecto para solventar la cuestión de las subsistencias, «como enlazada con el orden público» y «con preferencia a toda otra atención», como «lo justifica la miserable cosecha de ella en el presente año»[23]. Transcurrida la reunión, ambas partes adoptaron entre otras importantes medidas las siguientes: contraer un empréstito de un millón de reales, consignando la Diputación en su presupuesto la cantidad de ochenta mil como rédito de dicha suma para poder obtenerla al tipo más ventajoso; dirigirse la Diputación al Gobierno para que este diera un gran impulso a las obras públicas y especialmente a la travesía de la carretera de Francia y Aragón; pedir al ministro de la Gobernación algunos recursos del fondo votado por las Cortes para calamidades públicas, y dirigirse al de Hacienda con el objeto de que dejara a su disposición por un valor razonable las existencias de granos que hubiera en la provincia correspondientes al Estado, y para que relevara por ese año a la industria de panadería y a la conducción de granos de toda clase de impuestos, incluso el de subsidio industrial. Además, los ayuntamientos de la provincia procederían inmediatamente a nombrar en cada pueblo una Junta de Subsistencias, compuesta del alcalde, dos concejales, un cura párroco y dos mayores contribuyentes, auxiliada en sus operaciones por la Junta Local de Beneficencia; también, en sus respectivas localidades, los ayuntamientos, auxiliados de la Junta de Beneficencia y de la nuevamente creada, debían abrir una suscripción voluntaria, animando los sentimientos mas humanitarios de las clases acomodadas, y dirigiéndose además a los grandes propietarios del país, aunque no residieran en él. Los ayuntamientos cabezas de partido y el de Hiendelaencina, debían formar depósitos de granos, obtenido el permiso de la Diputación, procurando hacer las compras con ventaja y fuera de la provincia para no levantar sus valores, y de esos depósitos, aumentados con las sumas que la Diputación destinara al efecto, no habría de hacerse uso sino en caso de una necesidad apremiante y con licencia de la Diputación Provincial[24].

En el mes de diciembre, el nuevo alcalde impuesto por los moderados, Francisco Corrido consideraba «indispensable la adopción de medidas preventivas a evitar los conflictos que puedan surgir»[25]. El pan seguía encareciéndose aquella primavera de1857, hasta llegar a los 115 reales por fanega «circunstancia harto alarmante para el vecindario», que obligaba a « precaver los conflictos quepuedan surgir por tal motivo». Se propuso aumentar los depósitos de harina y trigo y para ello el mismo alcalde intentaba convencer al Pleno municipal de aprovechar la «favorable ocasión de tomar 200 fanegas de trigo a 110 r. ofrecidas por D. Gregorio García Martínez y 100 arrobas de harina por D. Martín de Lara a 33 reales[26]

De la crítica situación de carestía que atravesaba Guadalajara en esos momentos se beneficiaban algunos de sus prohombres, como era el caso del entonces diputado Diego García Martínez, uno de los compradores mas beneficiados por la desamortización de Mendizábal en la provincia, en la que obtuvo una extensión total de tierras de 159. 827,1 Has. por 229.481 reales, al que cabe suponérsele capacidad sobrada de almacenar trigo para sacarlo al mercado «a un precio módico», en el momento oportuno.

Los ánimos finalmente se desbordaron con ocasión de una corrida de toros celebrada en la plaza Mayor de Guadalajara el 16 de septiembre de 1857. Como es sabido, las celebraciones populares son un buen reflejo del estado de la sociedad:

Parece que algunos malévolos, tomando por pretexto que los toreros no llenaban sus deberes, pasaron con ellos a vías de hecho, y se armó al fin un gran desorden en la plaza acompañado de golpes y pedradas.
Los alumnos de ingenieros, que ocupaban uno de los palcos, y la escasa fuerza de la Guardia Civil que se encontraba allí hicieron lo posible por contener el tumulto, pero no les fue dado impedir que saliesen heridos dos de los toreros, ni evitar las contusiones de las piedras y palos que algunos de los guardias refirieron, y que pusieron en peligro la vida del oficial de ingenieros don Vicente Garin, que acudió con alguna fuerza contener el desorden.
Los alborotadores, cuyas armas eran palos, navajas y piedras, llegaron hasta el extremo de acometer el palco del ayuntamiento.
La tranquilidad pudo restablecerse al fin sin mayores desgracias.[27]

Posteriormente se abrió causa sobre algunos de los participantes en el motín:

Los presos ascienden a 30, y se cree que muchos de ellos pertenecen a la clase obrera. Algunos de los heridos están mal, un oficial de ingenieros tiene rota la clavícula de resultas de una pedrada y se teme por la vida de algunos otros, particularmente de un guardia civil, a quien dieron una pedrada en el pecho.[28]

Reivindicaciones saláriales en los ayuntamientos y en el campo

La situación de penuria se hizo insostenible para las familias dependientes de un salario. Las actas conservadas de los años en que se desenvuelve esta crisis en los ayuntamientos de Guadalajara y Sigüenza recogen peticiones de empleados municipales, como la de Tomás Rodrigo, portero de la corporación de la ciudad episcopal, quién con fecha de 7 de julio de 1856, solicitaba aumento de sueldo «en la cantidad que sea de su superior agrado», que le concede un aumento de un real diario, «ínterin duren las circunstancias de carestía de artículos de primera necesidad y lo permita el estado de los fondos municipales». Igualmente, el 28 de noviembre de ese año «suplican» a la misma los guardas de puertas «aumentar el salario lo que crea justo», porque «en a tan subido precio se venden todos los comestibles, apenas tienen lo suficiente con los cuatro reales para dar pan a sus hijos»[29]

En este mismo mes la Comisión de Subsistencias de Sigüenza pidió al gobernador de la provincia autorización «para hacer uso de la cuarta parte del reintegro del trigo del Pósito..., caso de necesidad con objeto de prevenir la carestía de cereales y atender al socorro de familias menesterosas» y «dar un impulso a las obras del ensanche de la carretera de Almadrones a esta Ciudad en cuyos trabajos podrían emplearse muchos braceros que carecen de jornales». Anteriormente, el 7 de julio, el Concejo seguntino había acordado manifestar su gratitud y reconocimiento al juez de primera instancia del Partido, León Genaro, quien «en la mañana del veintiocho de junio último, en ocasión de haberse presentado en las inmediaciones de esta ciudad y sitio de Santa Bárbara más de cien trabajadores de la carretera con intención de penetrar en la población y alterar la tranquilidad pública, a pretexto de la carestía del pan, personándose en cuanto tuvo noticia del suceso en medio de aquella turba» a la que contuvo advirtiéndola enérgicament, «librando a la Ciudad de un grave conflicto.»[30]

Al Ayuntamiento de Guadalajara también llegan las solicitudes de aumento salarial de alguaciles, serenos, guardas de campo, guarda de montes, guarda encargado del depósito de la carne..., con resultados desiguales en cuanto a la receptividad de éste, siendo atendidas las peticiónes de los alguaciles en febrero de 1856 con aumento de un real diario, «en tanto se moderan los precios de los artículos de primera necesidad»; la de los serenos a costa del «descuento de medio real que sufren para gastos de entretenimiento del vestuario»[31], y de los alguaciles, pasado un año, «con un real mas diario a cada uno»[32].

Pero en la localidad de Durón perteneciente a la Alcarria, «país de costumbres morigeradas, y aun respetuosas,» iban a producirse un «extraño y nuevo suceso», según indica la prensa de la época:

Durón 30 de junio.
Hace algunos días que varios propietarios de esta villa recibieron anónimos amenazándoles si no aumentaban los jornales; como [...] jamás se habían notado tendencias de tal género, no hicieron aquellos aprecio de los anónimos, que nunca creyeron fuesen de los mismos trabajadores; pero bien pronto los sucesos vinieron a demostrar lo contrario, también la triste verdad de que las nocivas doctrinas que desgraciadamente y con tanta profusión se predican desde el glorioso de julio de 1854, germinan más de lo que se cree, y han llegado ya hasta estos rincones, en que con tanto respeto guardábanse ya las rancias costumbres.
A los diez o doce días de los anónimos se presentaron en el tajo de un propietario 17 trabajadores, y a media tarde y encontrándose presente aquel le dijeron que se retiraban porque no querían trabajar mas, pero que habían de cobrar el jornal por completo: á las reflexiones del propietario [...] cedieron algunos, pero ocho insistieron con tenacidad hasta el punto de verse aquel en la necesidad de acceder y ofrecerles el jornal por completo.
Se retiraron los ocho satisfechos ya; pero al poco momento se volvieron exasperados, según decían, de que los demás compañeros habían faltado a su palabra, y con amenazadoras voces les invitaron a que dejasen el trabajo y los siguieran: más viendo que no lo efectuaban, empezaron a apalearlos con los mismos instrumentos de labor.
Al ver el propietario aquella campal batalla, sin que sus ruegos sirvieran a contenerlos, corrió al pueblo, dio cuenta al alcalde, é instantáneamente este, acompañado de varios vecinos y entre ellos de un oficial de la Milicia, fue al sitio en que aún se encontraban golpeándose los trabajadores.
Afortunadamente la hacienda no estaba lejos del pueblo y el auxilio no fue tarde, debiéndose a ello el que no hubiese desgracias que lamentar. El alcalde dispuso que el propietario designase los que habían sido agresores, los hizo retirar, y los castigó luego con que pagasen cada uno dos reales de multa en papel (...)”[33]

La construcción del ferrocarril: una salida transitoria a la crisis secular

En el mes de marzo de 1856 se recibe en Guadalajara la noticia de la construcción del ferrocarril Madrid-Sigüenza-Calatayud-Zaragoza, que pasará por la ciudad. La noticia es recibida con júbilo en la calle y en los salones. Una comisión de diputados provinciales y nacionales de la provincia acude a cumplimentar a los representantes de la Compañía francesa Grand Central de France, cuya presidencia la ostentaba el conde de Morny, y de la que formaban parte así mismo el conde de Le Hon, Chatelin y de la Haute[34].

Las obras de la línea férrea contribuirán a aliviar el excedente de mano de obra jornalera ante la imposibilidad de que fuera absorbida en las faenas de la recolección por el mal año agrícola que se avecinaba: «Dos mil [hombres] van a trabajar en la sección desde Madrid a Guadalajara[35]

En el verano de ese mismo año desde el pueblo de Quer se informaba del «estado de miseria en que se hallaba aquella provincia, merced a las revueltas políticas y a la escasez de subsistencias que de algún tiempo a esta parte se nota en los pueblos mas ricos y fértiles de aquella comarca. La falta de ocupación en la clase jornalera es otro de los males que contribuyen a hacer mas triste la situación de aquellos pueblos que no tienen mas esperanza que la de que el Gobierno active los trabajos del ferrocarril de Zaragoza.”[36]

Y cuando llega el duro invierno de 1856-57:

En el ferrocarril de Zaragoza, y en la sección de Guadalajara a Yunquera, han empezado los trabajos con gran calor : han puesto cuarenta hombres de una vez, con cuyos auxilios pronto veremos concluida tan importante vía.
El Gran Central, que es la sociedad que tiene a cargo aquella línea, nos da con ello una prueba de la decisión con que emprende sus obras. La multitud de jornaleros que se quedan sin trabajo, y por consiguiente sin pan que dar a sus hijos, no hay duda en que se mostrará muy agradecida á tan gigantescos esfuerzos; siendo así que ya había alimentado esperanzas de verse empleada en su mayor parte durante un invierno tan calamitoso como el presente.»[37]El salario era de siete reales por día trabajado[38].

El empleo en la construcción del ferrocarril significo una salida temporal al problema del paro agrícola estacional en Guadalajara, durante los años que duró su construcción. La estación de Guadalajara se inauguró en 1859 y la de Sigüenza en 1860. El cese de los trabajos del tendido ferroviario en España a mediados de la década de los sesenta y la mala cosecha de 1867, iban a constituir la base material para la crisis política siguiente, la de 1868.

Notas

  1. Sánchez Albornoz, Claudio, España hace un siglo: una economía dual, Madrid: Alianza Universidad, 1977, p. 55.
  2. Nadal, J., El fracaso de la revolución industrial en España, 1814-1913, Barcelona: Ariel, 1975, p. 69, nota 48.
  3. AMGU (Archivo Municipal de Guadalajara) 141599. Actas del Ayuntamiento de Guadalajara: aesión de 21 de Julio de 1854.
  4. Para comprobar el importe de las adquisiciones de tierras, molinos, fraguas, etc., efectuadas por los miembros de esta Junta de Gobierno en las desamortizaciones. ver: López Puerta, Luis, La desamortización eclesiástica de Mendizábal en la Provincia de Guadalajara (1836-1851), Guadalajara: Diputación Provincial. 1989, y González Marco, Félix, 'a Desamortización de Madoz en la provincia de Guadalajara (1855-1896). Guadalajara: Caja Guadalajara, 2009.
  5. AMGU 141599. Actas del Ayuntamiento de Guadalajara: sesión del 1 de enero de 1854
  6. Revista mensual de agricultura, 28 de febrero de 1854.
  7. La España, 15 de agosto de 1855.
  8. García Ballesteros, A., Geografía Urbana de Guadalajara. Madrid: Fundación Universitaria Española, 1978, p. 200.
  9. La España, 28 de enero de 1855
  10. AMGU 141599. Actas del Ayuntamiento de Guadalajara: sesión del 25 de agosto de 1855
  11. AMGU 141599. Actas del Ayuntamiento de Guadalajara: sesión del 29 de noviembre de 1855
  12. El Clamor Público, 31-V-1855; La Iberia, 9-VI-1855; Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes, Madrid: Imprenta y fundición de la viuda e hijos de J. A. García, 1881 tomo VI, n. 170, sesión de 2 de junio de 1855, p. 5342.
  13. La comida fue costeada entre el Ayuntamiento capitalino y la Diputación de la provincia: «cuyos gastos se entiendan por mitad a cargo de los fondos de ambas corporaciones» AMGU 141599. Actas del Ayuntamiento de Guadalajara: sesión del 11 de marzo de 1856
  14. Noticia publicada en El Balear, 28-V-1856, redactada por el corresponsal de El León Español en Guadalajara. Estos incidentes aparecen también en El Padre Cobos, 25-V-1856 y de nuevo en El Balear, 2-VI-1856.
  15. El texto está tomado de La Esperanza, 19-V-1856, transcrito de El Parlamento
  16. La Época, 27-VI-1856.
  17. La Época, 2-VII-1856
  18. En la Ley de Presupuestos Generales para 1856 se establecía : “De la suma consignada para el servicio extraordinario de obras públicas, se destinará en 1856 para las carreteras desde Almadrones a Sigüenza y de Guadalajara a Cuenca por el Real Sitio de la Isabela, los fondos que sean necesarios para su conclusión. Art. 37. Sección 13.4 M º de Fomento.
  19. Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes, Madrid: Imprenta y fundición de la viuda e hijos de J. A. García, 1881, tomo XVII, n. 421, sesión de 1 de julio de 1856, p. 14899.
  20. La España, 4-VII-1856.
  21. AMGU 141599. Actas del Ayuntamiento de Guadalajara: sesión del 26 de junio de 1856
  22. Ibídem, sesión de 30 de julio de 1856
  23. Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara, 29-IX-1856'
  24. Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara, 6-X-1856
  25. AMGU 141599. Actas del Ayuntamiento de Guadalajara: sesión del 3 de diciembre de 1856
  26. Ibídem, sesión de 6 de mayo de 1857
  27. La España, 20/9/1856.
  28. El Clamor Público, 30-IX-1856.
  29. Archivo Municipal de Sigüenza. Actas de sesiones del Ayuntamiento de Sigüenza de 1856
  30. Ibídem
  31. AMGU 141599. Actas del Ayuntamiento de Guadalajara: sesión del 13 de septiembre de 1856.
  32. Ibídem, 6 de mayor de1857.
  33. La España, 3-VII-1856, transcrito de El León Español. Los mismo hechos se narran o se hace referencia a ellos en El Clamor Público, 4-VII-1856 y La Esperanza, 3-VII-1856, que dice reproducirlos de El Sur.
  34. La Eapaña, 15-III-1856. Sobre esta Compañía ver: Núñez de Arenas, M; Tuñon de Lara, M., Historia del movimiento obrero español, Barceolona: Nova Terra,1979, p. 17.
  35. La Época, 15-III-1856
  36. El Clamor Público, 3-VIII-1856.
  37. La Iberia, 17-XII-1856
  38. La Época, 29-IV-1857.