Convento del Carmen

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Manuel Rubio Fuentes, bajo licencia CC By-sa petit.png

El Convento-Colegio del Carmen o de los Santos Reyes de la Epifanía fue uno de los últimos que se construyeron en Guadalajara. Completa la nómina de los catorce que a partir de la década de los treinta del siglo XVII convirtieron a la ciudad en una población casi conventual.

Fundación y construcción

Fachada del Convento del Carmen (Foto de Jesús Ropero).

Como todos los conventos de esta época, el origen del Convento del Carmen es una donación testamentaria del licenciado Baltasar Meléndez, cura beneficiado de la parroquial de San Nicolás a los carmelitas descalzos, para que se establecieran en Guadalajar y fundaran en ella un colegio de la Orden. Según Francisco de Torres, el legado ascendía, en dinero y hacienda (casas y tierras), a casi 100000 ducados. Esta cantidad, según Layna Serrano, puede considerarse excesiva, pero se reconocieron al menos 4000 ducados de renta, además de unas casas en el barrio de Cantarranasiii, también llamado de los Turrilleros, situado en el extremo suroeste, extramuros de la ciudad.

En 1631, de acuerdo con el testamento fundador, los carmelitas descalzos llegaon a Guadalajara y piden permiso al Concejo para que autorice la construcción del nuevo convento. Desde el principio, consideraron que las casas que les había dejado el licenciado en su testamento eran insuficientes y pretendieron la ampliación de ese espacio hasta lo que considerabam imprescindible para la realización de su labor. Sin embargo, el Concejo, después de varias sesiones y de un estudio profundo, les concedió permiso para que fundasen el convento fuera de los muros de la ciudad, en despoblado, pero con la condición de que no se derribara ninguna casa.

Esta solución no fue aceptada por la Orden carmeliata, que reitera poco después su petición de construir en el lugar donde habían recibido el legado de las casas, según la planta que del y del edificio y fabrica que se ha de hacer les entregó, enseñó y mostró el Padre Fray Alberto de la Madre de Dios religioso y trazador de la dicha orden”. Recibida esta segunda petición, el Concejo nombró comisarios para que la estudiaran. Estos comisarios fueron D. Bernardino de Quevedo Piedeconcha, caballero de Santiago, teniente de Alférez Mayor y corregidor de Guadalajara y D. Antonio de Cárdenas y Quiñones, regidor de la misma los cuales

vieron el sitio que los dichos Padres Carmelitas pretenden y tienen elegido para fundar el dicho colegio ques desde la casa de Guillen de Loaysa hasta el fin de las casas que hoy poseen los dichos padres que fueron de Luis de Medina escribano, un cuarto de casa nuevo que a ellos arrimando y a su derecho hasta llegar al arroyo que llaman de Cantarranas abriendo las calles necesarias para las casas que quedan en pie que la primera es hacia Santo Domingo enfrente de casas de la calle que viene por junto a la venta de Guillen de Loaysa en correspondencia de la cual se ha de abrir puerta en la muralla y a la otra parte se ha de abrir calle por el huerto que llaman de Martín de Anguita que pasa hasta el dicho arroyo para el servicio de las casas que quedaren en pie porque las calles y casas que quedan inclusas en el dicho sitio quedan y han de quedar inclusas para la fundación de dicho monasterio comprándolas y satisfaciéndolas a los dueños dellas.

Visto lo cual, el Concejo dió su visto bueno al convento el día 22 de septiembre de 1632, cuando las obras ya habían comenzado en algunas casas de su propiedad. Sería un convento enteramente extramuros de la ciudad.

Los carmelitas comenzaron la compra de todas las casas incluidas en la zona marcada, quedándose los censos perpetuos que sobre ellas tienen la ciudad. Con esto pudieron realizar las obras en toda su extensión. La última parte construida fue la iglesia que se terminó hacia 1645 (poco después que la iglesia de las Carmelitas de Abajo, del mismo arquitecto) [5].

Derribo de la muralla

Los conventos no podían vivir a espaldas de los vecinos de Guadalajara, pues dependían de sus limosnas. Es de suponer que la construcción extramuros de la iglesia con la fachada y portada principal de cara a la muralla (y por tanto, a la ciudad) pero tapada por ella, que estaba situada a escasos metros, llevaba implícita la intención de que se abriesen puertas en la misma. Concluida la iglesia, los carmelitas piden al Concejo que les permita derribar la muralla situada delante de la portada, haciendo alusión a la monumentalidad de su iglesia y a lo mal que se encontraba aquella, por lo que la ciudad ganaría con el cambio. Se les da el permiso y, con ello, el convento queda incluido dentro de la ciudad. Serán las tapias de su huerta las que marquen a partir de esos momentos los límites de la ciudad por ese lado.

Con esta construcción también desparece el arrabal de Cantarranas, cuyo arroyo queda incluido en la huerta de los carmelitas. Las llamadas tenerías de arriba que se servían del agua del también desaparecerán por esta causa.

El Convento de la Epifanía alcanzó en siglo XVII su mayor prosperidad. Desde un principio fueron numerosos los ocupantes del mismo, hasta más de ochenta frailes en la década de los sesenta de ese siglo. Se mantuvo muy poblado durante el siglo XVIII [6], pero comenzó su decadencia a finales de este siglo, prolongada hasta el momento de su exclaustración en que solamente quedaban 9 frailes sacerdotes, 3 subdiáconos, 1 diácono, doce coristas y siete legos.

Abasto de agua y vino

Desde el principio, el convento tuvo problemas de abastecimiento, sobre todo de agua y vino. Para el vino, dependía de en sus cosechas exteriores, pero no podía introducir su producto en la ciudad sin licencia del Concejo, para lo cual tenía que pedir permiso un año tras otro. La Ciudad siempre exigía que fuera para uso propio, nunca para la venta. De esta forma en los mencionados años sesenta del siglo XVII, llegaron a pedir la entrada de 1500 cargas de uva (lo que venía a suponer unas 1500 arrobas de vino) que, junto con el vino que producían dentro del término de la ciudad, cubría sus necesidades anuales.

En cuanto al abastecimiento del agua, ya en 1637, el colegio del Carmen descalzo, solicita del Ayuntamiento licencia para buscar agua, comprometiéndose a traerla, dejando pozos y cajas, entrando por la Puerta Mercado, siguiendo por el camino que va a la ermita del Amparo. Si sobraba agua, la dejarían para la ciudad construyendo y alimentando una fuente pública en la Puerta Mercado. Se les concede pero no se lleva a efecto la obra en estos momentos quizá porque en sus propiedades del Sotillo (de donde procedía el agua que llegaba a las fuentes de la ciudad y a los conventos y particulares) no encontraron agua en cantidad suficiente para rentabilizar la obra.

Posteriormente, los carmelitas compraron en el pago del Sotillo a D. Bernardo de Borja, regidor de Guadalajara, una extensa finca que todavía se llama Haza del Carmen, en la que brotaban abundantes manantiales. Por ello en 1660, vuelven a pedir la autorización para la conducción de agua hasta el convento. La obra afectaba a otras conduciones, unas establecidas de antiguo como las de San Francisco, los duques del Infantado y la Ciudad mism; otras más modernas, como las que llevaban agua a los conventos de la Concepción, la Compañía de Jesús, Santo Domingo y el Carmen y las casas de particulares, por lo que tuvieron que llegar a acuerdo para llevarla a cabo y que todos se beneficiaran.

La nueva conducción de agua llega desde El Sotillo hasta el arca de San Roque y desde allí parte a la calle del Amparo para entrar por la Puerta del Mercado y llegar al Carmen. En este camino proporcionaba agua al convento de Santo Domingo, la nueva fuente de la Soledad, extramuros de la ciudad, con un lavadero, y la fuente de la Puerta Mercado. Se construye un arca en las tapias del colegio del Carmen y desde allí se distribuiye el agua en tres ramales, uno que entra en la huerta de los carmeli­tas, otro que desciende por la calle del Matadero hasta la fuente de Don Pedro y el Convento de San Antonio, sustituyendo al anterior conducto procedente de Santa María, y el tercero, que atravesando la plaza del Jardinillo dabá agua a la Compañía de Jesús y abstece al Convento de la Concepción y a los particulares que había de camino. Esya obra se traida de efectuaría en 1664.

Fin del convento

La desamortización de Mendizábal supuso el final de los carmelitas en el convento, que fue asaltado y los monjes tuvieron que defenderse a tiros hasta que pudieron desalojar el edificio. El edificio fue desmantelado, sus altares e imágenes fueron vendidas, la mayor parte a los pueblos donde se conservaron hasta el estallido de la guerra civil que las hizo desaparecer y utilizado para depósito de quintosvii. Posteriormente, a mediados de este siglo fue cedido a las monjas franciscanas de Sor Patrocinio, la monja de las llagas, consejera de la reina Isabel II, que lo siguen ocupando en la actualidad (únicamente el ala izquierda) compartiéndolo con otra comunidad de monjes también franciscanos que ocupan el ala derecha.

Notas

[1] TORRES, F. DE: “Historia de la muy nobilisima ciudad de Guadalajara dedicada a su Ayuntamiento”

[2] LAYNA SERRANO, F: Historia de Guadalajara y sus Mendozas hasta el siglo XVI. Tomo IV, pág 275

[3] Ibid, nos dice que “al principio en una casa de juego (probablemente también una mancebía) sita en el arrabal de Turrilleros extramuros mas arriba del puente y puerta nueva de San Antonio”

[5] LAYNA SERRANO, F.: Op. cit. en pág 275 dice que “lograron un monasterio amplio, cómodo, con hermosa huerta lindante por poniente con el barranco de San Antonio y por Mediodía con el actual paseo de las Cruces y templo desahogado hecho de nueva planta sin mérito artístico según corresponde a la época”. Límites bastante imprecisos ya que el barranco, no de San Antonio sino de Cantarranas quedó incluido en la huerta mientras que por el sur no llegaría al paseo de las Cruces. Por el contrario, la iglesia sí es un buen ejemplar del estilo barroco “de la época”.

[6] LAYNA SERRANO, F., afirma que en 1767 eran 53 religiosos los que habitaban el convento.

[7] LAYNA SERRANO, F., Ibid, pág 275, tomo IV.

Referencias

  • Layna Serrano, Francisco. Historia de Guadalajara y sus Mendozas en los siglos XV y XVI. Guadalajara: AACHE, 1995. 4 vol.
  • Muñoz Jiménez, José Miguel (1987) La arquitectura del manierismo en Guadalajara. Guadalajara, 1987.
  • Núñez de Castro, Alonso (1653). Historia Eclesiástica y Seglar de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Guadalaxara. Guadalajara : AACHE, 2003.
  • Pecha, Fray Hernando. Historia de Guadalajara y cómo la religión de San Jerónimo en España fue fundada y restaurada por sus conciudadanos. Guadalajara : Institución Provincial Marqués de Santillana, 1977.
  • Pradillo y Estaban, Pedro José (1991). "El desarrollo histórico del casco antiguo de Guadalajara". Wad-al-hayara, n 18.
  • Rubio Fuentes, Manuel. Una ciudad castellana en el Siglo de Oro : Guadalajara (1630-1700). Guadalajara : Diputación Provincial, 2003. 1 CD.

TORRES PÉREZ, D. F. de: “Historia de la muy nobilísima ciudad de Guadalajara dedicada a su Ilmo Ayuntamiento. Guadalajara 1647. Manuscrito copia del original no publicado.