Capilla de Luis de Lucena

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png
Ilustración de la iglesia de San Miguel en 1842
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Pintura al fresco en la Capilla de Luis de Lucena: La caída del maná

La capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, también llamada de los Urbina, fue mandada construir a mediados del siglo XVI por el humanista Luis de Lucena, al que debe su designación actual. En origen, estaba unida a la parroquia de San Miguel pero, tras la demolición del templo en 1887, quedó como edifico aislado.

En la segunda década del siglo XX, después de haber sido adquirida por el Estado, fue restaurada siguiendo el proyecto diseñado por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco. Desde entonces sirvió de almacén para la Comisión Provincial de Monumentos, convirtiéndose en depósito de obras de arte, piezas artísticas y hallazgos arqueológicos. No obstante, habrá que esperar casi un siglo para dotarla de los necesarios elementos interpretativos y se expusieran dignamente las yeserías de la capilla de los Orozco, las esculturas yacentes de Juan Sánchez de Oznayo y su mujer, y algunos fragmentos de los sepulcros de los condes de Tendilla.

El fundador, Luis de Lucena

Planta de San Miguel con detalle, en color, de la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles

Según su biógrafo, el historiador Juan Catalina García, Luis de Lucena y Núñez nació en Guadalajara en el año 1491, cursando estudios de Teología y Medicina en la universidad de Alcalá de Henares. Después iniciaría un largo peregrinar por distintas ciudades europeas hasta fijar su residencia en Roma, donde formaría parte del cualificado equipo médico del Vaticano. Allí participó activamente en las Academias ‘‘dei Virtuosi’’ y ‘‘dello Sdegno’’, donde tuvo la oportunidad de departir con los intelectuales más destacados del momento: Maffei, Miguel Ángel, Philandro, Tolomei, Vignola, etc., sobre el devenir de las artes; demostrando, según las crónicas romanas, elevados conocimientos sobre Vitrubio y la arquitectura clásica.

Todo ello, permite pensar que fuera el mismo Lucena el autor del proyecto artístico de esta nueva capilla funeraria. Su construcción, comenzada entre 1538 y 1540, venía a completar el proyecto de restauración y recuperación de la antigua parroquia de San Miguel iniciado, años antes, por su pariente Antonio de León, presbítero. La obra de Nuestra Señora de los Ángeles pretendía, además de su utilidad funeraria, ser un bastión de la fe, a modo de Templo de Salomón.

Pero, tras su fallecimiento en Roma –4 de agosto de 1552–, los restos mortales de don Luis no fueron trasladados a Guadalajara, recibiendo cristiana sepultura en la iglesia de Santa María del Popolo y frustrándose su voluntad de ser inhumado en su ciudad natal. A partir de ese momento, el patronazgo sobre la capilla fue heredado por sus sobrinos –los Urbina–, quienes se ocuparon de finalizar el proyecto, administrar los bienes del finado y mantener la fundación, según el testamento; incluso la creación de una biblioteca pública dotada de dos cátedras de Moral y de Teología que quizás se instalara en el piso superior de la capilla.

Un capricho arquitectónico

Tal y como han señalado los autores que han tratado sobre el tema, esta capilla disfruta de una rica simbología que se desarrolla tanto en sus elementos constructivos como decorativos; cuyo resultado final es un programa estético arriesgado: una licenza manierista, posicionada en la dialéctica abierta entonces sobre la traza, forma y dimensiones del primitivo y desaparecido templo de Salomón –construido en Jerusalén bajo los dictados de Dios arquitecto–.

Al exterior sorprende el carácter de fortaleza sugerido por los bastiones cilíndricos almenados, su basamento de sillería, la disposición de los ladrillos en el remate –simulando el trenzado de los cestones de zapa–, las aspilleras y las ventanas insertas en un alero de complicada geometría. Además, estas últimas, muestran en el canto de su vierteaguas calizo un salmo davídico alusivo a la casa del Señor.

Todos aquellos elementos y el material de construcción, más allá del ejercicio manierista, relacionan este lugar sagrado con las iglesias fortalezas del Midi francés, más que con el mudéjar hispánico como pretenden muchos autores.

Otras especiales peculiaridades vuelven a congregarse en la disposición y traza de su interior, donde el capricho manierista logra cotas muy próximas al último Miguel Ángel. Este magisterio es especialmente notable en los capiteles de las pilastras: mezcla del dórico y jónico, confundidos en el friso de singular entablamento con cabezas de querubines. Al fondo una torrecilla con tribuna, similar a las existentes en el exterior, alberga una escalera en forma de caracol que conduce a la planta de cubierta.

Extraordinaria mención reclama la decoración pictórica de sus bóvedas. En ellas se insiste sobre el tema salomónico; alternando historias y personajes del Antiguo Testamento que, en sentido profético, anuncian la llegada del Mesías. Este programa iconográfico fue desarrollado, después de 1580, por Rómulo Cincinatto; artista italiano llegado a España para intervenir en la decoración del monasterio de San Lorenzo de El Escorial y, entre otros proyectos, en las pinturas murales del palacio del Infantado. Únicamente se pueden atribuir a su pincel las pinturas de la bóveda más inmediata a la escalera de comunicación entreplantas.

Salomón y el Antiguo Testamento

Capilla de Luis de Lucena: Esquema de las bóvedas y temas del programa iconográfico
Pintura al fresco en la Capilla de Luis de Lucena: La Prudencia
Pintura al fresco en la Capilla de Luis de Lucena: La Fortaleza

Al margen acompañamos un esquema de las bóvedas baídas, señalándose e identificándose la distribución de los temas representados en las distintas pinturas al fresco –otra vez la sombra de Miguel Ángel está patente–, integradas por episodios del éxodo del pueblo Israel, y figuras de las Virtudes, Sibilas y Profetas. Relación que seguidamente detallamos:

  • 1.- La caída del maná en el desierto. Éxodo, 16, 15-17.
  • 2.- Yahvé entrega a Moisés las Tablas de la Ley en el monte Sinaí. Éxodo, 24, 15-18.
  • 3.- Adoración del becerro de oro, Aarón y Jur en primer término. Éxodo, 32, 4.
  • 4.- Moisés regresa con su pueblo y rompe las Tablas de ira. Éxodo, 32, 19.
  • 5.- Moisés contempla el desarrollo de una gran batalla. Números, 25.
  • 6.- La conquista de la ciudad de Jericó. Josué, 6, 20.
  • 7.- Entrevista de Moisés con los exploradores de la tierra prometida. Números, 13, 28.
  • 8.- Sadoc unge a Salomón rey de Israel. I Reyes, 1, 39.
  • 9.- Adonías reconoce a Salomón como rey de Israel. I Reyes, 1, 53.
  • 10.- Juicio de Salomón. I Reyes, 3, 16-28.
  • 11.- La reina de Saba visita y obsequia a Salomón. I Reyes, 10, 1-3.
  • 12.- Chrismon.
  • A.- La Prudencia
  • B.- La Fortaleza
  • C.- La Justicia
  • D.- La Templanza
  • E.- Profeta
  • F.- David
  • G.- Profeta
  • H.- Profeta
  • I.- Sibila
  • J.- Sibila Itálica
  • K.- Sibila
  • L.- Sibila Cumea
  • a.- Sibila Helespóntica
  • b.- Sibila Samia
  • c.- Sibila Albunea
  • d.- Sibila Eritrea
  • e.- Sibila Frigia
  • f.- Sibila
  • g.- Sibila Pérsica
  • h.- Sibila
  • i.- La Caridad
  • j.- La Penitencia
  • k.- La Esperanza
  • l.- La fe

Espacio musealizado

Desde que el Estado adquiriera a los Urbina esta capilla, su destino no fue otro que el de depósito provisional para obras artísticas y restos arqueológicos rescatados por la Comisión Provincial de Monumentos. De aquellas labores de salvamento provienen las piezas que sirven hoy para conformar la exposición que se muestra al público.

En primer lugar, destacan las yeserías mudéjares de la desaparecida capilla de los Orozco, interesante conjunto ornamental de finales del siglo XV con claros paralelismos con las existentes en la sinagoga del Tránsito en Toledo, que fue rescatado en 1924 de la iglesia de San Gil, cuando el templo era derribado. Una vez trasladadas a la capilla de los Urbina, las yeserías quedaron recogidas en la planta superior hasta que en 1960 fueron hechas pedazos por unos desaprensivos que lograron introducirse furtivamente.

Después, destacar las esculturas yacentes de don Juan Sánchez de Oznayo y doña Mencía Núñez, su mujer; valiosísimos ejemplos de la estatuaria fúnebre del siglo XVI. Ambas piezas, junto con otras menores aquí expuestas, se extrajeron en 1949 de los muros de la suprimida parroquia de San Esteban, mientras ésta se transformaba en edificio de viviendas.

Finalmente, recalar en las vitrinas dedicadas a los restos de los sepulcros de los condes de Tendilla; recuperados en 1939 de los calcinados mausoleos existentes en la parroquia de San Ginés, pero originarios de la conventual de Santa Ana en Tendilla.

Referencias

  • García López, Juan Catalina (1899): Biblioteca de escritores de la provincia de Guadalajara y bibliografía de la misma hasta el siglo XIX, Madrid, págs. 282-292.
  • Herrera Casado, Antonio (1975): “La capilla de Luis de Lucena en Guadalajara (revisión y estudio iconográfico)”, en ‘‘Wad-Al-Hayara’’, 2, Guadalajara, págs. 5-25.
  • ___ (1992): La Capilla de Luis de Lucena, Guadalajara.
  • Jiménez Cuenca, Carlos (2006): "La capilla de Luis de Lucena (Guadalajara). Un monumento recuperado", en Bienes Culturales, 6, Madrid, págs. 117-125.
  • López de los Mozos, José Ramón (1980): "A propósito de un salmo davídico en la capilla de Luis de Lucena (Guadalajara): su simbolismo", en Archivo Español de Arte, 210, Madrid, págs. 194-201.
  • Muñoz Jiménez, José Miguel (1987): La Arquitectura del Manierismo en Guadalajara, Guadalajara, págs. 274-282.
  • Pradillo y Esteban, Pedro José (1989): "La iglesia de San Miguel de Guadalajara: Aproximación histórica y análisis artístico", en Wad-Al-Hayara, 16, Guadalajara, págs. 205-224.