Cabildo de Clérigos

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Manuel Rubio Fuentes, bajo licencia CC By-sa petit.png

El término cabildo designa a la comunidad de eclesiásticos de una iglesia, catedral o colegial. También se llaman cabildos las corporaciones formadas por los clérigos de una localidad que tienen este privilegio de organización. En Guadalajara, desde el comienzo de la época cristiana hubo un Cabildo de Clérigos.


Fundación y privilegios

Los historiadores del siglo XVII afirman que el Cabildo de Clérigos de Guadalajara fue fundado por Alfonso VI, cuando hizo su primera visita a la ciudad, después de su conquista. Según estos historiadores, el rey se instaló en los Reales Alcázares y allí acudieron los curas y beneficiados de la ciudad para honrarle. El rey, como muestra de agradecimiento por su apoyo y lealtad, concedió a todos el título de capellanes reales y mandó construir en el Alcázar la Capilla Real de San Ildefonso, a cuyo cargo quedaron. Además les otorgó la consideración de abades, en el sentido de «párrocos».

Para mantenimiento del Cabildo, el Rey le concedió los diezmos del yeso, cal, teja y ladrillo de Guadalajara y su tierra, además del privilegio de que si tuviesen hijos no fuesen reputados por espúreos y bastardos, antes fuesen tenidos por lexítimos y naturales que la llaneza de aquel siglo a todo daba lugar.

Sin embargo, Franciso Layna Serrano atribuye la reconstrucción del Alcázar y de su Capilla Real a Alfonso VII, que encargó al Cabildo de Abades de Guadalajara el culto en la misma y dió a sus miembros el título de capellanes reales.

Los reyes castellanos concedieron a los clérigos del Cabildo de Guadalajara varios privilegios, que fotalecieron su posición económica y social:

  • La reina Berenguela concede a cada integrante del Cabildo el derecho a cortar una carga de leña en el monte Alcarria perteneciente al Común de la ciudad.
  • Fernando III en 1228 faculta a los hijos de los clérigos a heredar los bienes de sus padres.
  • Alfonso X, en Burgos, 14 de febrero de 1278, les concede el privilegio de disfrutar de las franquezas, exenciones y libertades de que gozaban los caballeros, a cambio de un aniversario anual que el Cabildo debía celebrar en la capilla mayor del Alcázar el día de nacimiento del otorgante.


Composición y obligaciones

Podían formar parte del Cabildo los curas párrocos y los beneficiados (sacerdotes de jerarquía inferior al párroco) de la ciudad, en un número no mayor de treinta y tres capitulares (o capitulantes, según consta en los documentos). No se sabe la razón de ese límite, aunque puede reflejar el de sacerdotes que había en la villa en el momento de constitución del Cabildo. Ya en el siglo XVII, este número no sea completaba nunca, por falta de solicitudes.

Para ingresar en el Cabildo los sacerdotes debían solicitarlo al mismo y presentar papeles acreditativos de su condición. Revisados estos documentos, eran sometidos a examen por un comisario nombrado al efecto. Una vez aprobado el ingreso, el solicitante pagaba 8 reales de plata. Ocupaba el puesto a perpetuidad o hasta que era destinado a otra parroquia fuera de la ciudad.

Los capitulares debían asistir a a todas las reuniones convocadas por el Cabildo y a los actos oficiales en los que este participase como corporación. Debían aceptar y ejercer los cargos para los que fueran nombrados y celebrar los oficios religiosos que les correspondiesen como integrantes de esta corporación. En el siglo XVII cobraban 10.000 maravedís anuales, más de 6 a 8 reales por cada oficio religioso encargado por el Cabildo. También tenían derecho a recibir otras refacciones en fiestas, etc.


Sesiones y cargos

No había establecida una periodicidad en las sesiones del Cabildo, ni estaban reguladas la hora de reunión ni la forma de convocatoria. Para celebrar las reuniones se rotaba, siguiendo un orden seguramente establecido desde antiguo, por todas las parroquias de la ciudad, además de la iglesia de Santo Domingo de Silos y la Capilla del Alcázar Real. Se convocaba a los capitulantes a campana tañida y solo había una sesión fija al año: la del día 14 de febrero, día de San Valentín Mártir, que se celebraba en la capilla de su advocación situada en la iglesia de San Esteban.

El día de San Pedro también se elegían los cargos anuales del Cabildo, todos por un año.

  • Un abad mayor: máxima autoridad y representación del Cabildo. Tenía que ser elegido entre los presentes en la reunión que llevasen cuatro años residiendo en la ciudad. No podía ser reelegido.
  • Un presidente. No era un cargo fijo y dependía de la voluntad del Abad. El Presidente era el que sustituía al Abad cuando este no estaba en la ciudad.
  • Un secretario: encargado de levantar acta de las reuniones del Cabildo y auxiliar del Abad.
  • Un receptor mayor: cobraba las rentas del Cabildo. Disponía de una de las llaves del arca del dinero.
  • Un arquero: custodiaba el arca del dinero de las rentas y el libro donde se asentaban las entradas y salidas de caudales, disponiendo de una llave de la misma.
  • Dos diputados: formaban con el Abad y el secretario el órgano de gobierno propiamente dicho del Cabildo. Ponían en práctica lo acordado en las sesiones del mismo.
  • Dos mayordomos: auxiliaban al Abad en las misas solemnes, oficiando como diáconos y se encargaban de cobrar y pagar los libramientos del Cabildo
  • Dos contadores: llevaban la contabilidad y tenían que informar sobre los cobros y pagos, además de controlar las rentas y su distribución.


Actividades del Cabildo

Además del control que ejercía sobre todo lo que concernía a la religión, tanto a nivel general (autorización y participación en las distintas fiestas y rogativas, relación con el Concejo y con las “religiones”) como individual (bautismos, matrimonios y, sobre todo, entierros), tenía una participación directa y predominante en:

  • La festividad del Santísimo Sacramento o del Corpus Christi (en la que se repartían el protagonismo con el Concejo). El Abad del Calbildo era el encargado de oficiar la misa mayor y presidir la procesión. Seis capitulantes debían cargar con la custodia (junto a otros más que no eran del Cabildo) y el resto participar en la misma como Cabildo en el lugar que les correspondía.
  • La festividad propia del Cabildo que era el día 29 de junio, día de San Pedro. Invitaban a todos los conventos y al Concejo. Los actos principales eran la misa mayor, oficiada por el Abad, con colgaduras adornando la iglesia, y la procesión del santo. El día se completaba con corrida de toros y juegos de cañas. El día anterior se celebraban vísperas. Se celebraba rotando cada año en todas las iglesias de la ciudad.
  • En todas aquellas fiestas en las que eran invitados como Cabildo y a las cuales, mediante acuerdo, accedían a participar.
  • En las rogativas que aprobaban, disponiendo las iglesias y las imágenes que debían participar.
  • En la guarda de la peste. Tenían que ocuparse de vigilar el portillo de San Blas, situado entre la Puerta Mercado y el convento del Carmen.


Fuentes

Archivo Histórico Nacional, Sección Clero, Secular-regular: Libros 4460, 4461, 4462, 4463, 4464, 4473.

Referencias bibliográficas

Mejía Asensio, Angel (1996). "Danzas, comedias y música en la ciudad de Guadalajara en la celebración del voto de Santa Mónica y festividad del Corpus Cristo a fines del siglo XVI”. Cuadernos de Etnología, n 28, p 171-190.

Pradillo y Esteban, Pedro José. El Corpus Cristi en Guadalajara : Análisis de una liturgia festiva a través de los siglos (1454 - 1931). Guadalajara : Ayuntamiento; Aegidius, 2000.

Rubio Fuentes, Manuel (2006). "El Cabildo de Abades (también llamado de curas) y beneficiados de Guadalajara". Cuadernos de Etnología, n. 38, p. 277-312.