Córdoba Cuadrado, Marta (2011). 100 años del lavadero de D. José Santamaría de Hita

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de José Ramón López de los Mozos, bajo licencia CC By-sa petit.png
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Cubierta de la obra

Córdoba Cuadrado, Marta. 100 años del lavadero de D. José Santamaría de Hita, 1910-2010. Guadalajara : Asociación Cultural Cicerón, 2011. 94 pp. (Colaboración y redacción: Marta Córdoba Cuadrado).

Reseña publicada en Nueva Alcarria, «Baúl de libros», 7 de octubre de 2011, p. 35.


Una obra arquitectónica, de esas que en muchas ocasiones se han considerado como «menores», un singular lavadero público que podría haberse perdido para siempre, sirve de motivo principal a este sencillo libro que, de esta manera contribuye al más completo conocimiento de una parcela tan específica y, al tiempo, tan ignorada, como la historia de Iriépal.

Un lavadero, como mínima parte de la obra benéfica de un personaje, D. José Santamaría de Hita, igualmente poco conocido... El hombre y su obra o, al menos una pequeña parte de su obra, son el origen de este libro ameno e ilustrativo que, desde ahora también entra a formar parte de ese otro mundo, tan apasionante, que es la bibliografía provincial.

El prólogo ha sido escrito por el alcalde pedáneo de Iriépal, Luis García Sánchez. En él, habla del «progreso y la comodidad» que significó en 1910, hace cien años, la construcción de este lavadero, especialmente para las mujeres, dando con ello cumplida cuenta de la última voluntad de D. José Santamaría, que así quiso resolver, en gran parte, los padecimientos que tanto su madre, como el resto de las mujeres, tenían que sufrir a la hora de hacer la colada, para lo que debían ir al arroyo y a la intemperie, ya fuese verano o invierno.

Así pues el lavadero comenzó a construirse el 10 de julio de 1910 y, poco más tarde, el 3 de diciembre de ese mismo año ya estaba listo para su uso.

Un uso continuado desde aquella fecha hasta los años setenta del siglo pasado, en que el Ayuntamiento de Iriépal comenzó a instalar el agua corriente en las casas del pueblo, con lo que lavadero fue relegado al olvido al ser sustituido por las lavadoras, llegando a convertirse en una ruina, signo de un pasado en el que las mujeres, además de lavar allí las ropas, se reunían a comentar últimos cotilleos, como si de una especie de mentidero se tratase. Pero con el paso del tiempo, aquellas ruinas que se creían inservibles, quisieron recuperarse y rehabilitar aquel primitivo lavadero para otros usos y contenidos más acordes con los tiempos, de modo que siendo pedáneo de Iriépal Bonifacio García Viejo y alcalde Guadalajara, José María Bris, se asumió la idea de convertirlo en centro cultural, cosa que por fin se logra a principios de los dos mil.

Y, precisamente para conmemorar este nuevo nacimiento, se ha editado el presente libro que recoge entre sus páginas una breve historia de la Fundación de D. José Santamaría de Hita y un estudio del lavadero, desde el punto de vista arquitectónico, que también se acompañan de algunos relatos de los niños y los adultos participantes en el concurso convocado para la ocasión. María Córdoba Cuadrado es la autora de los dos principales capítulos que acoge este libro. El primero alude a la Fundación: "D. José Santa María de Hita, benefactor de Iriépal", y en el se da a conocer su figura a través de algunos datos entresacados de unos apuntes tomados por Carlos Cambronero: «Santa María de Hita no tiene historia, los que le trataron lo saben; así, pues, el que no tuvo esa suerte, no espere hallar en estos apuntes aventuras, rasgos y anécdotas interesantes. Su vida se desplazó plácida y tranquila, merced a su desahogada posición, estudiando de continuo, haciendo el bien cuando podía y sufriendo con resignación las flaquezas del prójimo, para lo cual tenía una filosofía rayana en la santidad y que no estaba a merced de todos los caracteres.» (Apuntes de Carlos Cambronero, A la memoria de Don José Santa María de Hita, 1908).

José Santamaría de Hita

Nuestro protagonista había nacido en Madrid el 24 de agosto de 1831 y allí murió el 27 de julio de 1906, a los 74 años de edad. Hijo de comerciantes de comestibles y ultramarinos, no quiso seguir el rumbo familiar y estudió Derecho, llegando a alcanzar el cargo de profesor sustituto en la Universidad Central, así como los de catedrático interino de Derecho Mercantil y, por oposición, la cátedra, en propiedad, de Geografía Fabril y Comercial, siendo trasladado en 1860 a la cátedra de Economía Política del Instituto de Valladolid, donde permaneció por espacio de siete años, hasta que por causa de la grave enfermedad de su padre y tras el fallecimiento del mismo, no tuvo más remedio que renunciar a su cátedra pucelana y regresar a Madrid donde poder prestar mayor atención a su familia.

En Madrid compaginó la docencia y el Derecho con su afición a la lectura, de la que era un empedernido, y a la escritura. Su amigo Mesonero Romanos, «El Curioso Parlante», decía de él que era retraído y «poco propicio a visitas, etiquetas y cumplimientos cortesanos».

En "Sobre el testamento y la escritura de operaciones sucesorias" se publican algunas hojas, extractadas de su testamento, relativas a Iriépal. Se trata de un testamento redactado en Madrid a 27 de julio de 1889, ante D. Manuel de Bofarull y Palau, cuya última voluntad confirma y ratifica en 25 de abril de 1904, a los 72 años de edad. Dispone al mismo tiempo las pautas a seguir para la creación de tres fundaciones piadosas: en Madrid, en Iriépal (Guadalajara) y en Muro de Cameros (La Rioja), además de ciertos legados para familiares, amigos y sirvientes.

El 30 de marzo de 1907 se formalizan las operaciones de distribución de sus bienes ante el citado notario, su hermana Doña Manuela y dos amigos, Don Manuel Hernández Soria y Don Diego Miranda y Berridí, que ejercieron de albaceas, y de cuya reunión se envió copia a Iriépal. En la cláusula novena deja a su hermana como heredera en usufructo vitalicio de la totalidad de los bienes y establece las tres memorias perpetuas, cuyo patronato recaería también en ella, junto con D. Manuel Hernández como gerente, con la condición de que las cuentas anuales se publicasen en los Boletines Oficiales de Madrid, Guadalajara y Logroño, remitiéndose copias a los respectivos alcaldes y párrocos de San Luis y San José, en Madrid, y a los de Iriépal y Muros, así como a las correspondientes Juntas de Beneficencia.

En las fotografías que acompañan al texto pueden leerse las propiedades que D. José poseía en Iriépal: «una casa con cocedero y corral en la Plaza del Olmo», «una tierra en el barranco del pago del Cerrillo», otra «tierra en el Pintor» y otra más «debajo del Peñascal de la Dehesa», «una era de pan trillar en medio de las eras largas de las de abajo», «una tierra en la Quebrada de encima del Sotillo», otra «en el Barranco de la Menora» y otra más «en el Carrizal», que había heredado de su madre Doña Manuela de Hita y Letón, y que alcanzaban un valor de 143.685 pesetas.

El apartado final está dedicado a las fundaciones de D. José Santa María y, concretamente, a las de Iriépal y Muro de similares características, ya que ambas tenían como fines el mantenimiento y mejora de las escuelas de niñas, ya existentes; la construcción de nuevas escuelas para niños; la de lavaderos y casas para los maestros; al establecimiento de dotes de ciento cincuenta pesetas para hijas del pueblo; al socorro de viudas y enfermos; a préstamos con garantía colectiva a hermanos de cofradías, y a premios a niños y niñas de las escuelas, de veinte y diez pesetas, respectivamente, por buenos expedientes.

Se incluye un documento, perteneciente al Archivo Municipal de Iriépal, en el que pueden apreciarse los movimientos económicos que la Fundación produjo durante sus tres primeros años de existencia.

El Lavadero

La segunda parte se dedicada al "Lavadero" y a lo largo de su lectura podemos recordar que gran parte de los lavaderos públicos fueron erigidos a comienzos del siglo XX, cuando el agua corriente aún no había llegado a las casas, aprovechando los caudales sobrantes de fuentes y ríos que, entrando por un lado servían para lavar la ropa y saliendo por otro, conducían las aguas sucias a algún barranco u otro lugar algo alejado. Lavaderos a los que solía adosarse algún que otro abrevadero destinado al ganado.

Según señala Marta Córdoba, estas sencillas construcciones podían clasificarse en tres grupos o tipologías, atendiendo a su revestimiento superior, pudiendo ser descubiertos, cubiertos y cerrados, dentro de la cual podemos encuadrar el lavadero de Iriépal, cuyo diseño corrió a cargo del arquitecto D. Gerardo de la Fuente.

El solar donde habría de construirse fue adquirido por 352,83 pesetas, el 18 de diciembre de 1909 y las obras no dieron comienzo hasta el año siguiente, como así consta en la elocuente inscripción fundacional: «Este lavadero fue construido á expensas de la Fundación de D. José Santa María de Hita para beneficio del pueblo de Iriépal. Se colocó la primera piedra en 10 de julio de 1910 y se terminó la construcción en 3 de diciembre de dicho año.»

También se recoge, debidamente transcrita, la «Sesión extraordinaria del día 6 de noviembre de 1911» que realizó el Ayuntamiento de la villa, en la que se establecieron las pautas que debían seguirse para la utilización del nuevo lavadero.

Finaliza el libro incluyendo algunos trabajos, tanto de adultos y de niños, escritos en prosa y en verso, así como una brevísima bibliografía.