Borovia Vegas, Francisco Javier (2014). Papeles de Javier Borovia: notas de andar, sentir y soñar

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de José Ramón López de los Mozos, bajo licencia CC By-sa petit.png
Cubierta de la obra

Borovia Vegas, Francisco Javier. Papeles de Javier Borobia: notas de andar, sentir y soñar. Guadalajara: TresPasos, 2014, 204 p. Selección de textos y coordinador de la edición: Jesús Orea. (ISBN: 978-84-616-8690-2).

Reseña publicada en Nueva Alcarria, «Baúl de libros», 2014, 171.


Siempre se ha dicho que las gentes de Guadalajara somos más bien frías. Yo más bien pienso que somos gentes engañadas y por ello temerosas. Gentes que, como el gato escaldado, del agua fría huye. En tiempos pasado muchos fueron los que se rieron de los de Guadalajara y de su buena fe... Y tal resentimiento pudiera parecer falta de cariño y de afecto. Este libro que hoy comento viene a demostrar que las gentes de Guadalajara tienen su corazoncito, puesto que los trabajos que contiene no son más que «piropos» a esta tierra y a sus gentes, salidos de la forma de ser y de pensar de ese gran enamorado de su tierra que es Francisco Javier Borobia Vegas, hombre empecinado en demostrar que una tierra ¿pobre? como la nuestra puede dar lo mejor de sí para que quien la visite se lleve un grato recuerdo: el paisaje y el paisanaje se unen en estas páginas maravillosamente seleccionadas por ese otro gran amigo que es Jesús Orea.

Para quienes conocemos bien a Javier Borobia por haber sido compañeros en el trabajo, colaborado en infinidad de actividades culturales, compartido mantel, pan y vino, por tantas cosas... estos escritos no nos suenan nuevos, es más, a lo mejor en alguno que otro aparecen latidos semejantes, formas de ver las cosas habladas hace tiempo, ideas que surgieron una noche bajo las estrellas después de unos «versos a medianoche» en Pastrana. Deseos de regeneración patria igualmente sentidos..., pues muchas fueron las sobremesas o los viajes o los momentos adecuados en que la palabra amable de Javier se iba por los cerros de Úbeda, se escapaba a propósito de su mente y el parlamento, más que comentario o diálogo, se hacía precisamente texto, aunque todavía sin escribir. Sobre todo me llama la atención la claridad de ideas, el concepto puro que Javier tiene de las cosas, sin envolturas que lo pudieran convertir en algo barroco, en lo que prima la «cascara» antes que el «meollo».

Y Javier es o fue -fue o es- un mago en estas cosas de la creación pues, no en balde, era capaz de improvisar un poema o una escena teatral como si tal cosa, siempre con la sonrisa en los labios y esa mirada lacia, como aburrida, o más bien de irónica retranca, la mirada de quienes saben muchas cosas y las dicen a los cuatro puntos de la rosa de los vientos y, a veces no se comprenden porque no se tiene el mismo grado de interés, de utopía o simplemente de romanticismo mezclado con algo de bohemia sin pulgas y, sobre todo, de esa bondad desinteresada que siempre ha caracterizado a Javier. Este es un primer valor, un primer punto que yo destacaría de Papeles de Javier Borobia.

Un segundo aspecto a tener en cuenta es, que dos instituciones, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Guadalajara, se hayan puesto de acuerdo a la primera de cambio, para colaborar juntos y ofrecer este magnífico libro, en cuya edición han tenido tanto que ver Jesús Orea y Fernando Toquero (TresPasos).

Y, tercero y principal, la recuperación de una gran parte de la producción literaria de Javier Borobia, que de esta forma puede llegar a todos los públicos: una parte entresacada de los artículos que desde su sección «El Mirador», fue publicando entre julio de 1992 y julio de 1997 -cinco años justos-, en ''El Decano de Guadalajara'', así como desde esa otra sección denominada «Punto de vista», en ''Noticias de Guadalajara'', desde abril de 2006 hasta enero de 2009.

Recopilación de trabajos periodísticos y literarios

Un total de ochenta y dos trabajos a los que hay que añadir otros diez más, publicados esporádicamente en otros medios de comunicación como ''Nueva Alcarria'', ''El Día'', etcétera. Selección que se completa con una amplia serie de pregones de fiesta, Navidad y Semana Santa, entre otros de difícil clasificación, algunos poemas (faceta esta de Javier poco conocida) y una entrevista que en su día -septiembre del 2000- le hizo para El Decano Luis Pedroviejo.

A todo este amplio bagaje literario -porque los artículos de Javier son literatura en su más amplia expresión- hay que añadir un epílogo escrito al alimón por los dos hijos de Javier y Alicia: Rodrigo y Diego, que lleva por título «”Sentimentalizar” el verbo», una especie de carta que los dos hacen a su padre, cargada de amor y por tanto verdaderamente entrañable, ya que no hay nada más bello que los hijos sepan reconocer pública y agradecidamente lo que han aprendido de su padre y cómo lo han aprendido, puesto que como él, piensan con Ortega que: «El hombre, más que biología, es biografía». Sentimentalizar.

Para quienes no lo sepan, Javier Borobia -para un pequeño grupo de amigos Parmenio (que es uno de los nombres con que fue bautizado hace sesenta años: Francisco Javier Luis Vicente Parmenio)-, ha estado presente en muchísimas actividades culturales de Guadalajara: Festival Medieval de Hita, Certamen Nacional de Teatro Arcipreste de Hita, Grupo Mascarones, Cofradía de Amigos de la Capa, Tenorio Mendocino, Gentes de Guadalajara, en la lucha de Don Carnal y doña Cuaresma, cofradía de la Pasión y de los Apóstoles, además, claro está, de ganarse la vida como abogado y Técnico de Administración Especial y Jefe de Servicio de Planes Provinciales de la Diputación Provincial de Guadalajara, hasta el momento fatídico en que una grave enfermedad le impidió continuar con su tarea cultural, una asumida devoción que Javier siempre supo llevar con orgullo por cariño y amor a esta su tierra de Guadalajara.

Pero, volviendo a lo anterior, quien lea los artículos que se agavillan en este libro, se dará cuenta de que en su autor, en Javier, hay unos motivos que son factor común de casi todos sus escritos: el gran amor que manifiesta por su tierra, por Guadalajara y por las gentes que la pueblan, un amor que en muchas ocasiones excede los límites provinciales y llega a ser ampliamente castellano para, al fin, ser hacia toda España, con un patriotismo puro y serio, ahora que parece que ser patriota no se lleva, quizá por ciertos conceptos mal entendidos.

Aunque de ese amplio amor hacia la tierra de Guadalajara yo destacaría el amor especial que Javier pone de manifiesto cuando escribe de la Sierra del Ocejón, de sus pueblos «negros». ¿Es ello una pervivencia de aquel tiempo -ya lejano- en que compartió casa en Valverde de los Arroyos? ¿De aquellos años en que la ascensión anual al Ocejón era casi un rito? Para allí, desde la cima (si el clima lo permitía), pensar en tanta tierra, en la vasta extensión que se contempla, en tantas gentes que laboran en busca de su sustento, que viven -cada cual como puede- y que ríen cuando llega la fiesta de su Virgen a la que celebran con misas, cánticos y alguna que otra licencia, feriando al hijo o al nieto con un camioncillo de madera o al menos con unas peladillas, si el año ha sido bueno.

Ese hombre que forma el tejido humano de esta tierra dura, cuyas entrañas cuesta tanto arañar para sobrevivir, mientras se espera la llegada de la Parca y nos lleve sin sufrimiento, como si no pasase nada. Un tránsito más de esta vida, definitivo. A Javier le anima el Ocejón, su sagrado Ocejón... recuerdo con que cariño lo mencionaba cuando, desde la ventana de la emisora de radio, veíamos el pico en la lejanía y sonaban los primeros aires de la sintonía del Guardilón... Sí, el padre Ocejón, con toda su carga mitológica... Hoy, Javier, no me atrevo a escribir más y creo que lo mejor de todo, lo más recomendable, sería que quienes quieran conocerte mejor lean tus Palabras... Un fuerte abrazo.