Bizcochos borrachos

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png

‘‘Bizcochos Borrachos. ¡Y son de Guadalajara!’’ Con este eslogan se ha vendido, durante décadas, el dulce más exquisito elaborado por los confiteros y reposteros de Guadalajara. De tal modo que estos pequeños bocados, junto a la miel de la Alcarria, identifican la ciudad y provincia, de la que son su principal souvenir.

Elaboración

Como cualquier bizcocho, el ‘‘Borracho’’ se elabora a partir de un batido compuesto por varios ingredientes: huevo, harina, azúcar, levadura, agua…; que, por acción del calor en el horno, crece y esponja hasta adquirir su estado final. Su peculiaridad radica en el baño de almíbar –composición aleatoria de agua, ron y miel, en proporción secreta según cada repostero– en que se sumerge después de la cocción durante, al menos, una hora.

El dulce símbolo de Guadalajara

Calle Miguel Fluiters. En el centro de la imagen el local de La Favorita, confitería de Jesús Campoamor.

El origen de este afamado dulce se pierde en la historia de los obradores alcarreños; no obstante, su crónica reciente se remonta a mediados del siglo XIX, cuando el ‘‘Borracho’’ y Guadalajara comienzan una asociación inquebrantable a partir de la difusión que, por toda la geografía nacional, propician los cadetes y profesores de la Academia de Ingenieros del Ejército.

Será en 1843 cuando Félix Suárez funda su Confitería y Repostería en el número 6 de la plaza de San Gil, luego ampliada con una delegación en la Fonda de la Estación de Ferrocarril. Es en ese momento cuando se inaugura una saga de pasteleros que van a saciar, durante toda la segunda mitad del siglo XIX, los paladares de los guadalajareños y de todos aquellos que pasan por esta capital. No en vano, la calidad de sus bizcochos será premiada en la Exposición Provincial de Guadalajara de 1878.

A Félix Suárez le seguirán sus hijos, Luis e Hilario, con comercios abiertos en la calle Mayor Baja número 19 y Mayor Alta número 20, respectivamente. Todos serán proveedores de la Real Casa.

A parte de ese abastecimiento puntual que hacían los confiteros de Guadalajara a los monarcas españoles, la ciudad obsequiaba a los Borbón con sus ‘‘Borrachos’’ en cada una de las estancias o tránsitos que hicieran por estas tierras. Por ejemplo, el 23 de marzo de 1879, con motivo de la inauguración del Colegio de Huérfanos de la Guerra en el palacio del Infantado el rey Alfonso XII y todo su séquito fueron obsequiados con: “…unas libras de bizcochos borrachos de superior calidad que, colocadas en dos bandejas de plata, se conducirán a aquel sitio por una comisión de este Municipio.”.

Confiteros y pastelerías más notables

Calle Miguel Fluiters. En el ángulo inferior derecho el establecimiento –aún hoy abierto– de la primera confitería de Antonio Hernando.

En esos años del último cuarto del siglo XIX, los Suárez competirán con otro conocido establecimiento: Confitería La Rosa. Este obrador fue fundado por Fernando Criado en un local de la calle Mayor Alta número 2; de hecho, los dulces de Criado ya habían sido galardonados en 1876 con motivo de la primera Exposición Provincial.

Tras esta inicial generación de artesanos pasteleros, que lograron aupar a los ‘‘Borrachos’’ –y sus artísticas y preciosas cajas de hojalata– al rango de recurso gastronómico y turístico de Guadalajara, se gestó otra, ya en el siglo XX, integrada por nuevos empresarios que se hicieron cargo de los negocios establecidos por sus maestros –por ejemplo, Víctor Saldaña se ocupó de La Rosa (años después lo haría la familia Villalba) y Antonio Hernando Guajardo, llegado de Alhama de Aragón, de la de Luis Suárez– o de otros de nueva apertura. Destacar la incorporación de la Confitería La Madrileña, fundada por Rafael Moya en la calle Miguel Fluiters, o La Favorita por Jesús Campoamor Sonsierra en el número 4 de esa misma calle.

Por entonces fue tal éxito del dulce alcarreño que hubo pastelerías de la provincia que se encargaron de producir y distribuir sus ‘‘Borrachos’’; cabe citar, entre otras, la Confitería de Isidoro Escolano en Alcolea del Pinar, La Mariposa en Tendilla o la sucursal que abriera Antonio Hernando en Sigüenza.

Después de los múltiples avatares que han transformado los usos y costumbres de la sociedad española a lo largo de los últimos lustros; aún, en el siglo XXI, perdura la tradición y comercialización de los ‘‘Borrachos’’ de Guadalajara. Ahora se pueden seguir adquiriendo y degustando los deliciosos bocados ofrecidos por las confiterías Hernando –en la actualidad dirigidas por los nietos del fundador de la dinastía–, Campoamor –desde hace tiempo bajo las manos expertas de Emiliano Trejo–, o en Catapán –obrador de última hornada–.

Referencias

  • Aragonés Subero, Antonio (1985): Gastronomía de Guadalajara, Guadalajara.
  • Cuenca, Emilio y Margarita del Olmo (2006): Nuestra cocina, Guadalajara.
  • Pradillo y Esteban, Pedro José (2001): "Propaganda y legitimación de una nueva monarquía. Fastos públicos en Guadalajara durante el reinado de Alfonso XII", en Actas de VII Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, Guadalajara, págs. 359-388.