Barrio de la Estación

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png
Vista aérea del barrio de la Estación hacia 1935 (CEFIHGU, Colección Latorre-Vegas).

A comienzos de 1916 los alcarreños se hacían eco de un rumor que paulatinamente cobraba fuerza: La Hispano-Suiza buscaba terrenos suficientes para construir un gran centro fabril en Guadalajara. Esta realidad se cristalizaría en el mes de julio de 1917 cuando se inscribía en el Registro Mercantil de Madrid La Hispano, S.A. Fábrica de Automóviles y Material de Guerra, una sociedad que durante dos décadas situaría a Guadalajara entre los centros fabriles más importantes de Europa.

Para la realización de este proyecto se habían adquirido casi un millón de metros cuadrados en el paraje de La Regalada, entre la carretera de Marchamalo y la carretera de Fontanar, donde planificar y construir las naves y talleres necesarios.

Esta empresa suponía la recalificación del suelo afectado y la redacción del pertinente plan de ordenación urbana sobre las parcelas inmediatas que posibilitara el desarrollo de un nuevo barrio residencial para obreros.

Expectativas de desarrollo urbano

El 22 de febrero de 1916 el Ayuntamiento de Guadalajara celebró una sesión pública, presidida por su alcalde don Miguel Fluiters Contera, con un único punto: informar del establecimiento de La Hispano en la ciudad. En esta sesión se tomaron los principales acuerdos para el feliz logro de este objetivo, nombrándose una comisión integrada por el alcalde y algunos concejales que se ocuparían de facilitar el contacto entre los representantes de la sociedad y los propietarios de los terrenos elegidos. Asimismo, se aprobaron varias medidas de colaboración económica con el proyecto que afectaban a la financiación de la adquisición de los terrenos y a la eliminación de tasas e impuestos que incidían sobre las actividades a desarrollar.

Pero también con la llegada de La Hispano, y ante las óptimas perspectivas de crecimiento demográfico que se auguraban, se puso sobre el tapete una importante cuestión: ¿cómo debería afrontarse el desarrollo espacial de la Guadalajara industrial?. Este interrogante y sus posibles opciones tuvieron su eco en las páginas de los semanarios alcarreños, donde se cruzaron distintas opiniones al respecto. A modo de ilustración, traemos la propuesta realizada por el empresario y político Vicente Predomingo:

En esto estoy acérrimo partidario, como otros muchos, de que la ampliación se reduzca a la parte alta, nunca a la baja; pero creo que esto no lo hemos de lograr en absoluto, pues el núcleo trabajador ha de descomponerse en dos grupos: pudientes y no pudientes; aquéllos procurarán tener sus viviendas en la capital, donde buscarán las comodidades y refinamientos que les exijan las costumbres por ellos adquiridas en ciudades más populosas; y los otros, los que dependan de un jornal modesto, se acomodarán a la casita humilde que hallen en los alrededores de La Hispano, donde el alquiler será moderado, o en los pueblos limítrofes cuyos moradores atisbarán un negocio y edificarán viviendas pequeñas que les rindan un interés crecido en relación con el gasto escaso de las edificaciones. (La Crónica, 20 de abril de 1917).

A consecuencia de estas expectativas, y ante la falta de suelo disponible, los propietarios de parcelas y solares elevaron los precios de sus fincas; incluso, en algunos casos, se ofertó a peseta el pie cuadrado, una cifra inadmisible e inaceptable para cualquiera.

La solución técnica disipó pronto todas las dudas, pues el 22 de junio de 1917 el Ayuntamiento aprobaba el proyecto de ordenación redactado por el arquitecto municipal Francisco Checa Perea que calificaba como urbanos a los terrenos comprendidos entre el puente del Henares y la Estación de ferrocarril, permitiéndose aquí la construcción de las necesarias viviendas para albergue de la masa de trabajadores que se esperaba y para la ubicación de otros talleres y fábricas, como sería el caso de la Nueva Harinera de Guadalajara que obtuvo su licencia municipal en 1919.

Proyecto urbanizador de Francisco Checa

Plano general de las obras de la Hispano (1917). (Archivo Municipal de Guadalajara).

Un mes antes de su aprobación por el Pleno, el arquitecto municipal firmaba su propuesta de ordenación de las superficies inmediatas a los terrenos de La Hispano, reconociendo en su Memoria la trascendencia de tal acto:

…que representa para esta noble ciudad de Guadalajara la transformación completa de su naturaleza y una nueva era de prosperidad, rompiendo los antiguos moldes de su vivir y aumentando su población con una nueva obrera y fabril entrando en el concierto de las grandes capitales de la Nación.

En otro párrafo, asumía la influencia que habían tenido sobre el proyecto las opiniones vertidas por la prensa local y por las personas de reconocido renombre de la ciudad; y, desde una perspectiva más técnica, las modernas orientaciones que se estaban aplicando en las ciudades americanas y en los ensanches realizados en Madrid y en Barcelona.

No obstante, el dibujo final del nuevo polígono quedaría pendiente del trazado que la Jefatura de Obras Públicas diera a la vía de comunicación que habría de conectar la carretera de Madrid con la de Marchamalo por delante de la fachada principal de la fábrica. Esta nueva infraestructura, junto al bulevar que se diseñaba en paralelo a la vía férrea, sería el principal eje vertebrador de todo el desarrollo que, formalmente, quedaba resuelto con una geometría ortogonal de calles transversales y manzanas rectangulares de más de 1.200 metros cuadrados de extensión. Las dificultades para otorgar las adecuadas condiciones de salubridad a todas las futuras viviendas obligaba a variar el tamaño de las calzadas, adoptando «el criterio seguido en New York (Estados Unidos), de dar a cada orientación un ancho distinto.»

Dejaba abierta la solución para la conexión entre la antigua y nueva ciudad; aunque, más tarde, una de sus propuestas fue materializada después que, en 1922, se ampliara la calzada del puente sobre el Henares con: «la construcción de dos muros de contención como el de la Carretera de Jáudenes y los paseos laterales a la carretera, con sus dos filas de hotelitos que, por su renta elevada, compensa el interés del capital empleado.»

Después, el transcurso de los acontecimientos y las exigencias de los propietarios del suelo darían al traste con el planeamiento diseñado por Francisco Checa.

Casas Baratas

Bendición del solar para la construcción de la iglesia de la Estación (1924). (Recorte de prensa: Mundo Gráfico).

Aquellos terrenos propuestos por el arquitecto municipal para desarrollar el Barrio de la Estación coincidían, en su mayor parte, con una huerta propiedad de don Álvaro de Figueroa y Torres. En consecuencia, muy pronto, se constituyó en Guadalajara la Industrial Arriacense, una sociedad de la que formaban parte, además de los Figueroa, las familias más adineradas de la capital: Alvira, Zabía, Velasco, Viejo y Llandera, con el objeto de construir viviendas en régimen de alquiler y al amparo de la Ley de 12 de junio de 1911 de «Casas Baratas».

Para esta empresa los capitalistas alcarreños contaron con la colaboración de la Cooperativa Nacional de la Habitación Popular, una entidad barcelonesa especializada en el desarrollo de este tipo de promociones, con la que formarían sociedad el 7 de abril de 1918. Conjuntamente se hicieron cargo de los terrenos urbanizables y de la construcción de treinta y cuatro casas en las proximidades de la Estación, más allá del arroyo de Cabanillas, entre la carretera Nacional y las vías de ferrocarril; y otras ciento veinticinco, junto a esa misma vía, hasta las inmediaciones del puente sobre el Henares.

Apenas un año después, un redactor de Flores y Abejas pudo comprobar el éxito del proyecto y la calidad de las viviendas edificadas por el contratista Pedro Vilata:

De la barriada que se está construyendo en la carretera de la estación, están terminados dos grupos de casas, los cuales tuvimos el gusto de visitar pasados días.
Son unas viviendas admirables, construidas con arreglo a los últimos adelantos, y todas tienen habitaciones en planta baja y en principal.
Para evitar la humedad, se han construido magníficas cámaras de aire y cada vivienda cuenta con un 'waterclosset', lavadero y amplio jardín.
En el interior no falta ningún detalle: magnífico comedor, gabinete, despacho, cocina y alacena en la planta baja, y cuatro dormitorios y un ropero en la principal.
En la cocina hay fuente y fresquera. (Flores y Abejas, 22 de junio de 1919).

Además de estas casas, se materializaron otras promociones de menor entidad en las inmediaciones de La Hispano, junto a la carretera de Fontanar y entre la de Marchamalo y la Estación, esta última conocido como barrio de Cobos o de Grasa. La nueva barriada en su conjunto contaría a finales de 1920 con más de 100 vecinos; es decir, unos 400 residentes.

Pero, como ha ocurrido con otras muchas planificaciones, los trabajos para la dotación de los servicios urbanos que posibilitan el normal desarrollo de la vida cotidiana iban a un ritmo menor que el deseado por sus ocupantes; cuando no, estaban paralizados. Fue don Francisco Mariño, responsable de la parroquia de Santiago Apóstol, el encargado de encabezar una carta remitida al alcalde de la ciudad en noviembre de 1920 en la que todo el vecindario reivindicaba sus derechos; y, en especial, reclamaba la construcción de un templo y un centro docente.

Entre tanto se materializaban estos proyectos, en febrero de 1921, se inauguró una capilla adscrita a aquella parroquia en uno de los locales interiores de La Hispano; y, en 1923, unas escuelas primarias provisionales.

Después de diversas negociaciones, el 18 de mayo de 1924, se procedió a la colocación de la primera piedra del nuevo templo; este solemne y multitudinario acto estuvo presidido por el arzobispo de Toledo, doctor Reig y Casanova, la condesa de Romanones y Francisco Aritio. Finalmente, en 1926, fue abierta al culto la iglesia de la Sagrada Familia como auxiliar de la parroquial de Santiago Apóstol.

El 14 de febrero de 1923 se publicó la Real orden del Ministerio de Instrucción Pública por la que se creaba la Escuela Primaria Nacional de Niños y Niñas de la Estación; un requisito indispensable que, sin embrago, tardó en tomar forma material pese a la rápida intervención del Ayuntamiento. Por fin, el 20 de marzo de 1931, se procedió a la recepción definitiva de las tres escuelas ejecutadas por el constructor Joaquín Ortigosa.

Las dotaciones para toda la barriada de suministro de agua, alcantarillado, pavimentación y alumbrado se concluyeron en 1934, después de una larga espera. En ese año, el Ayuntamiento adquirió a la Cooperativa 8.888 pies cuadrados de terreno disponible, a 25 céntimos el pie, para levantar un lavadero público por un importe total de 33.722,43 pesetas. También, antes del comienzo de la Guerra Civil, la calle Francisco Aritio y sus inmediaciones fueron el enclave elegido por otras industrias; como la estación subsidiaria de CAMPSA y La Pizarrita, fábrica de tubos, chimeneas, canales y depósitos de fibrocemento.

Gran parte de esta barriada sería objetivo de la aviación del denominado Ejército Nacional, que lanzaría sobre ella sus destructivas y mortíferas bombas el 6 de diciembre de 1936, sembrando el caos y la desolación.

Bibliografía

  • Baldellou Santolaria, Miguel Angel. Tradición y cambio en la Arquitectura de Guadalajara (1850-1939). [Guadalajara] : Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha, 1989.
  • Pradillo y Estaban, Pedro José. Hispano-514 : el automóvil y la industria en Guadalajara (1917-1936). Guadalajara : Patronato de Cultura, 2011.
  • Pradillo Moratilla, José. Guadalajara de antaño. Guadalajara : José Luis Pradillo de Miguel, 2008.


Mapa de situación