Alaminilla

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo Moratilla, bajo licencia CC By-sa petit.png
Detalle del plano de Guadalajara de Francisco Coello (hacia 1850).
Fuente de la Alaminilla por J. Diges (1890).

En sesión del día 23 de febrero de 1972, el Ayuntamiento aprobaba un amplio expediente por el que se modificaban los nombres de varias calles y se bautizaban otras de nuevo trazado; entre ellas estaba el paseo de la Alaminilla que, desde entonces, pasaría a ser avenida, luego calle, de Valencia.

Antaño se denominaba Alaminilla al paraje comprendido entre la calle del Alamín y el Camino Real de Aragón –hoy calle Zaragoza–, y que tenía por eje el arroyo de aquel mismo nombre. Las aguas torrenteras de la Alaminilla confluían en las del Alamín, delante de lavadero municipal y muy cerca del puente de las Infantas. Ambas depresiones definían una superficie aislada, de relativo tamaño, donde se emplazaba el convento de San Bernardo desde principios del siglo XIV.

Su nombre, «Alaminilla», se ha entendido como diminutivo del barrio en que se emplaza: el Alamín; pero también, según otras teorías, como alusión directa a la arboleda de álamos blancos que cubría las dos laderas del arroyo. Además de esta especie mayoritaria debieron existir otros árboles, como el almendro, de ahí la letrilla que canta:

En el barrio del Alamín hay un almendro florido
con un letrero que dice jódete y no haber venido...

Un paseo singular

Como se puede observar en el plano realizado por Francisco Coello a mediados del siglo XIX, el paseo de la Alaminilla se definía con un sencillo camino que, por el frente más alejado a la ciudad, discurría paralelo al arroyo desde la calle del Alamín hasta la carretera de Zaragoza; en sus extremos se situaban la fuente y puente del mismo nombre: Alaminilla. Muy cerca de este viaducto –construido en el siglo XVIII– confluían las corrientes del arroyo del Sotillo y del arroyo de la Olmeda del Conde.

Aún en ese momento, hacia 1850 y a tenor de lo representado, el paseo carecía de construcciones; manteniéndose como lugar de recreo y esparcimiento gracias a sus pequeñas explanadas cubiertas de hierva, alamedas, corrientes de agua y fuente. De hecho, en las madrugadas de los domingos y jornadas festivas, era costumbre inveterada que todas las familias sin distinción de clases acudieran a este lugar para tomar chocolate con churros; y que, durante la primavera, se organizaran bailes y otras distracciones propias de la época, como saltar a la comba, jugar a las prendas, a la gallina ciega, etc.

Juan Diges Antón en su ‘‘“Guía de Guadalajara”’’ (Guadalajara, 1890), relata:

La Alaminilla es de lo más antiguo que se conoce con relación a paseos.

En otros tiempos, cuando aún no existían los paseos anteriores, fue sitio amenísimo por sus praderitas cubiertas siempre de verde césped, mantel muchas veces y salón de baile de bulliciosas meriendas; por sus copudos árboles, diseminados unos y agrupados otros formando pequeñas alamedas; por su fuente de piedra, en la que aparece toscamente esculpido el redentor de nuestra esclavitud morisca, reedificada en 1847; por su arroyo, que serpentea bullicioso por aquellos sitios, formando en alguno de éstos pequeñas cascadas; por sus arbustos, y sus flores, y los pájaros que cantaban en su enramada; por sus puentes rústicos y el de fábrica inmediato, perteneciente a la carretera de Aragón, que ofrece la particularidad de ser construcción oblicua, uno de los límites de sitio tan encantador; elegido en ciertas épocas del año como paseo matutino, especialmente en los días de fiesta.

Hoy no existe mucho de lo referido: la tristeza, la soledad domina generalmente en aquellos sitios, que son a espaldas del convento de San Bernardo, salvo los días 5 y 8 de Febrero (Santa Águeda y Santa Apolonia) en que se va de romería al citado convento, reliquias, sin embargo, de lo que fueron otros tiempos.

Juan Diges, en ese mismo año, publicó un interesante dibujo en el que representa la fuente de piedra con la efigie de Alvar Fáñez, la frondosa arboleda de álamos y, en ángulos opuestos, el puente rústico de rollizos de madera que salvaba el barranco en las inmediaciones de su confluencia con el arroyo del Alamín y el oblicuo de piedra de la carretera de Aragón.

Como conclusión de su reseña, el señor Diges advertía: No se ha verificado más mejora en aquel sitio que la desaparición de unas charcas utilizadas como lavadero público.

A este respecto, sabemos que 1871 en el expediente formado para el arrendamiento de servicios municipales se incluía el lavadero del Alamín junto al lavadero de la Guarrina, al lavadero de Santa Ana y al lavadero San Roque. Aunque la primera intervención arquitectónica documentada se remite a 1898, año en que el arquitecto Baldomero Botella diseñó una techumbre de cuatro faldones sobre pilastras para cubrir la pila preexistente. Pero por razones desconocidas el proyecto de Botella no se ejecutó. En ese mismo año se presentó otra propuesta, ahora firmada por el maestro albañil Rogelio Ortega, que proponía una cubierta de un único faldón que partía desde el muro preexistente hasta sobrepasar los límites de la pila.

Pese a todo, en 1900, aún no se había acometido ninguno de los proyectos presentados; documentándose una diligencia del arquitecto Luis Vaquero Blanco para colocar una cubierta sobre la pila del Alamín, ejecutándose una solución mixta entre las propuestas de Botella y Ortega que incorporaba columnas y capiteles de piedra recuperadas de una construcción del siglo XVI.

Un largo proceso de urbanización

La Alaminilla nevada desde el torreón del Alamín (hacia 1920).
Solares y chimenea de la Fábrica de Harinas (hacia 1989).

Durante décadas la fuente de la Alaminilla, situada al comienzo de su paseo, fue el punto obligado para el abastecimiento de agua de las familias residentes a ese lado del barranco y su sobrante la corriente para mantener en uso el lavadero.

En la década inicial del siglo XX comenzaron a construirse en las parcelas inmediatas a la fuente las primeras viviendas del vetusto paseo. Se trataba de casas de planta baja y corral, y con fachada hacia la ciudad. También, durante la década de los veinte, se comenzaron a levantar modestas viviendas a espaldas del lavadero y junto a la senda que conducía hasta la portería del monasterio de las bernardas desde el puente de las Infantas. Atendiendo a esta realidad, el Ayuntamiento, en sesión de 5 de mayo de 1930, acordó nombrar a esta nueva vía con el del convento adyacente: San Bernardo.

Durante y tras la Guerra Civil se talaron gran parte de sus álamos y se arruinó el monasterio bernardo, perdiendo la Alaminilla los atributos que la mantuvieron durante décadas como el paraje más agradable, típico y popular de la ciudad.

En el año 1961, la urbanización del paseo se completó hacia el sur, llevándose a cabo la construcción de un grupo de cuatro edificios de varias plantas para 96 viviendas económicas, gracias a las aportaciones de particulares y de entidades oficiales, especialmente bajo el patrocinio de Juan Manuel Pardo Gayoso, gobernador de la provincia.

Para ello, un año antes, siendo alcalde Pedro Sanz Vázquez, se había aprobado la ejecución del proyecto de encauzamiento y soterramiento parcial del barranco de la Alaminilla con el fin de crear un amplio acceso a ese nuevo Barrio del Alamín que se pretendía crear. El estrecho paseo se había convertido en calle que, como hemos adelantado, desde 1972 pasaría a ser de Valencia.

En 1988 se puso en marcha un plan parcial –Peri Alamín– que acabaría por desfigurar al completo el antiguo paraje. Entonces se demolieron, además de otras construcciones, los locales de la Fábrica de Aceite de Vicente García León que ocupaban el solar del convento bernardo –sólo quedó en pie su chimenea de elevadas proporciones– y los del Tejar Riendas para levantar nuevos bloques de viviendas. También se trazaron nuevas calles, como la avenida de Barcelona, con un importante impacto medioambiental al recrecer o sepultar por completo los barrancos del Alamín y la Alaminilla.

A esta actuación se sumaría, en el año 2000, la ejecución del proyecto del Parque lineal Barranco de Alamín que, entre otras actuaciones, incluyó el desmantelamiento parcial del lavadero y el traslado de las pilas, ahora arropadas bajo una moderna cubierta de diseño retro, a una plazoleta próxima de nueva creación.

Bibliografía

  • Diges Antón, Juan. Guia de Guadalajara. Guadalajara : Imprenta y Encuadernación Provincial, 1890.
  • Pradillo Moratilla, José. Guadalajara de antaño. Guadalajara : 2008.