Academia de Ingenieros del Ejército

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png

La Academia de Ingenieros del Ejército es una institución docente y de formación militar con una amplia tradición tecnológica y científica que permaneció en Guadalajara desde 1833 hasta 1932. Por sus aulas pasaron, como profesores o alumnos, importantes personajes para la historia de España, unos por su trayectoria castrense, otros por su aportación al avance de la ingeniería y la técnica. Señalar, entre muchos, a Mariano Barberán, Eduardo Barrón, José Cubillo Fluiters, Alejandro Goicoechea, Emilio Herrera Linares, Alfredo Kindelán, José Ortiz Echagüe, Pedro Vives Vich, etc.

Tuvo por ubicación el solar existente en la actual plaza de los Caídos de la Guerra Civil, frente al palacio del Infantado, ocupado antaño por los edificios de la antigua Real Fábrica de Paños. Desgraciadamente, en 1924, un incendio fortuito acabó con parte de sus dependencias, y con una interesante colección de modelos, documentos, libros y obras de arte.

Orígenes

Plano del piso bajo de la Real Fábrica de Paños de Guadalajara 1833

La Academia de Ingenieros del Ejército abría sus puertas el 1 de septiembre de 1803 en Alcalá de Henares, en el antiguo Colegio de Basilios; era una de las principales aspiraciones planificadas dentro de las reformas promovidas en el Cuerpo por su Ingeniero General, José Urrutia de las Casas, y aprobadas por Carlos IV.

El programa de la nueva Academia se concretaba en cuatro cursos anuales; uno preparatorio y tres específicos. En Primer Curso se impartían las siguientes materias: Álgebra, Cálculo diferencial e integral, Hidrodinámica y Fortificación; en Segundo: Artillería, Minas, Ataque y defensa de plazas, Castramentación y Estrategia; y en Tercero: Óptica, Perspectiva, Trigonometría esférica, Geografía, Astronomía, Topografía y Arquitectura civil. Además el horario de formación se complementaba con clases de dibujo y las propias de instrucción de armas y prácticas.

Con el comienzo de la Guerra de la Independencia, profesores y alumnos de la Academia abandonaron Alcalá, creándose una provisional en Cádiz desde 1811 hasta 1814, año en que se reimplantó en la ciudad del Henares. En 1820, se sumaron a la causa liberal y, en 1823, ante la amenaza de las tropas del duque de Angulema, se trasladaron a Granada y posteriormente, ante el acoso de las tropas de los ‘‘Cien Mil Hijos de San Luis’’, a Málaga. Ante esta situación, el 27 de septiembre de 1823, una Orden de la Regencia declaraba disuelta la Academia de Ingenieros Militares. Al año siguiente, el 23 de abril de 1824, el déspota Fernando VII dictaba otra Orden por la que se creaba el Colegio General Militar en la ciudad de Segovia en lugar de la Academia suprimida.

En 1826 Ambrosio de la Cuadra, Ingeniero General, lograba la promulgación de una Real Orden –fecha de 20 de agosto– por la que se abría nuevamente la Academia de Ingenieros, esta vez en Madrid. Después, hasta 1833 –año en que llega a Guadalajara por Real Orden de 13 de septiembre– la sede rotaría por las localidades de Ávila, Talavera de la Reina y Arévalo.

La Academia en Guadalajara

Aquí, en Guadalajara, los Ingenieros Militares ocuparían las dependencias de la clausurada Real Fábrica de Paños. Unas instalaciones diáfanas y suficientes en las que desarrollar con comodidad y amplitud toda su actividad docente y administrativa; además, contaba con una considerable superficie abierta en el barranco de San Antonio para actividades complementarias. La Real Fábrica era un complejo vetusto, resultado de varias ampliaciones y reformas; cuyo último episodio correspondió, en 1778, a un programa de renovación y ampliación bajo la dirección del arquitecto Diego García.

Entre 1837 y 1839, y debido a la inseguridad generada por la Guerra Carlista, la institución docente trasladó sus aulas a Madrid. De regreso a Guadalajara, en 1839, se aprobó un nuevo Reglamento.

Quizás podríamos considerar el período comprendido entre 1843 y 1860 como el más fecundo de la Academia de Guadalajara, el que corresponde con los años en que Antonio Remón y Zarco del Valle ocupó el cargo de Ingeniero General. Entonces fueron muy frecuentes las comisiones de profesores que, de cualquier asignatura –Física y Química, Electricidad, Telegrafía, Fortificación, etc.–, se trasladaban a similares centros de formación de países amigos para contrastar sus opiniones con las de sus colegas, e incorporar al programa docente nuevas teorías, últimas ediciones e instrumental de precisión.

Pero también durante esos años hubo momentos de incertidumbre cuando, por la ciudad, se sembraba la duda sobre la continuidad de este instituto castrense en Guadalajara. Fue en 1864 cuando, ante los signos evidentes de deterioro que mostraban algunas partes del reconstruido palacio de Montes Claros, se formalizó una omisión para estudiar en profundidad el alcance de las patologías. Fue tal el resultado de la investigación que ese mismo año se propusieron proyectos para una nueva Academia en Guadalajara; pero también en Madrid y en Zaragoza. Ante la posible pérdida de esa institución, el Ayuntamiento de Guadalajara emprendió una campaña hasta lograr, el 28 de mayo de 1867, una Real Orden que aseguraba la continuidad del centro en la capital alcarreña. Las obras diseñadas por el oficial de Ingenieros Juan Puyol se prolongaron desde el 14 de noviembre de 1867 hasta el 24 de diciembre de 1869; entre tanto, los alumnos siguieron su formación en el inmediato cuartel de San Carlos.

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Fortificaciones proyectadas en 1879 por Federico Vázquez Lanza

Para la financiación de este proyecto la Diputación Provincial y el Ayuntamiento tuvieron que realizar un importante esfuerzo económico, aportando gran parte del presupuesto de la obra: 110.000 escudos.

Nuevamente en 1879 se afrontó el proyecto de renovación de las construcciones del siglo XVIII que coronaban el barranco de San Antonio –en parte sostenidas por los paredones de la muralla medieval–. El comandante de ingenieros Federico Vázquez Landa planteó la obra como una fortificación medieval; proyectando, de una parte, un pabellón siguiendo el modelo de la arquitectura de los palacios pontificios de Avignon; y, de otra, reconstruyendo una cortina de la muralla de la ciudad con ciertas licencias mudéjares.

En 1888 la Academia acrecentaría sus dotaciones con la construcción de un Picadero, aún hoy en pie, según diseño realizado en 1881 por el entonces capitán José Marvá y Mayer.

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Fachada de la Academia proyectada en 1905 por Ramón Valcárcel

En 1905 volvieron a programarse obras de renovación, esta vez teniendo por objeto la fachada principal. Entonces se propuso la eliminación de la entreplanta bajo cubierta para lograr dependencias de mayor altura y un diseño más armónico en el muro de cerramiento, ahora con ventanas de proporción vertical. Para ello el capitán Ramón Valcárcel López-Espila, optó por recurrir a planteamientos de gusto historicista de tendencia clásica: alternando dinteles de dispar trazado, sillares fingidos, pilastras de orden gigante, balaustradas, etc., y erigiendo una nueva torre de mayor proporción.

Las obras, finalizadas en 1909, dotaron a la Academia de una nueva fisonomía que rivalizaba con la de las sedes de las principales instituciones civiles de Guadalajara y con los elaborados diseños que el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco realizaba para las empresas de Doña María Diega Desmaisières.

Incendio y traslado

Portada de la publicación Nuevo Mundo del 15 de Febrero de 1924:Formidable incendio en la Academia de Ingenieros

La noche del 9 de febrero de 1924 un violento incendio destruía casi por completo el edificio de la Academia de Ingenieros, salvándose el Picadero y los pabellones ubicados en la cornisa del barranco de San Antonio.

Durante el siniestro se perdieron los gabinetes de Construcción, Química, Mineralogía, Fotografía y Física, y su contenido: aparatos de precisión y medida, piezas y modelos únicos, colecciones de minerales y fósiles, el archivo histórico de la institución, etc. Además, fueron pasto de las llamas otros dos importantes fondos patrimoniales: el Salón del Trono, donde se exponía una completísima colección de retratos de Ingenieros Militares; y la Biblioteca de la Academia, que contaba una colección de más de 28.000 volúmenes, incluidos decenas de incunables procedentes de los fondos de la histórica Academia de Matemáticas de Barcelona.

Al día siguiente se personó en el lugar del siniestro el general Primo de Rivera y otros miembros del Gobierno del Directorio Militar. El lunes, a la una de la tarde, llegó Alfonso XIII quien: “…mostró su aflicción por tan enorme desastre, prometiendo al alcalde que el edificio incendiado se construirá de nuevo…” (Flores y Abejas, 17 de febrero de 1924). En este sentido, Ernesto Villar Peralta redactó y presentó el proyecto de reconstrucción con fecha 10 de abril de ese año. No obstante, las obras se limitaron a ciertas ampliaciones sobre de la huerta, repartiéndose algunas aulas por dependencias de la Diputación Provincial e Instituto de Enseñanza Media.

En 1928 una nueva Orden volvía a reorganizar la enseñanza militar, obligando a aquellos que querían formarse como Ingenieros a repartir sus años de estudios entre Zaragoza y Guadalajara. Una vez proclamada la Segunda República se decretó la supresión de la Academia General y la integración de la Especial de Ingenieros en la de Artillería –Orden de 4 de julio de 1931– con sede en Segovia; alejando, ya para siempre, a la Academia de Ingenieros de Guadalajara.

En las aulas de esta capital completaron su formación 115 promociones, integradas por un total de 2.213 oficiales Ingenieros, algunos de ellos máximos responsables del nacimiento y desarrollo de la Aeronáutica Militar Española.

Finalizada la Guerra Civil, el Ayuntamiento de Guadalajara gestionó, sin éxito, ante los responsables de la Dictadura Militar la reinstalación de la Academia de Ingenieros en esta ciudad. Finalmente, esta institución docente se ubicó en Burgos, domiciliándose en Guadalajara la Academia de Infantería, entretanto se reconstruían sus instalaciones en Toledo.

Referencias

  • Carrillo de Albornoz, Juan (2003): Bicentenario de la Academia de Ingenieros, Madrid.
  • ___ (1911): Cuerpo de Ingenieros del Ejército: Estudio Histórico: Iniciado al celebrarse el Primer Centenario de la creación de su Academia y de sus Tropas, Madrid.
  • García Bodega, Andrés (2006): Guadalajara y los ingenieros militares, Guadalajara.
  • Pradillo y Esteban, Pedro José (2008): Guadalajara cuna de la Aerostación Española, Guadalajara.