Ángel García Díaz

De Enciclopedia de Guadalajara
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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png

Ángel García Díaz fue uno de los principales artistas que renovaron la escultura española de las primeras décadas del siglo XX; y que, gracias a la relación profesional mantenida con el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, cuenta con una interesante obra en Guadalajara. Principalmente, en los del panteón y edificios de la Fundación Condesa de la Vega del Pozo, actualmente Colegio de las Adoratrices.

Perfil biográfico

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Vista nocturna de la iglesia de San Sebastián, en primer término relieve del martirio.(Fotografía de Nacho Abascal, 2009).
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Escudo de la fachada principal de la Fundación San Diego de Alcalá. (Fotografía de Plácido Sáenz, 2008).
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Conjunto funerario para los restos de la condesa de la Vega del Pozo. (Fotografía de Nacho Abascal, 2009).
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Aparato ornamental de la fachada del Liceo Caracense en la calle Teniente Figueroa. (Fotografía de Plácido Sáenz, 2008).

El escultor Ángel García Díaz nació en Madrid el 19 de marzo de 1873. Su andadura en el ámbito de la escultura se inició en el taller de damasquinado de Eusebio Zuloaga, para, al poco tiempo, ser reconocido con una de las menciones de la Exposición Universal de Barcelona de 1888.

Como respuesta a sus evidentes cualidades artísticas emprenderá su proceso formativo: primero, entre 1889 y 1895, en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado; y, después, con la asistencia a los talleres de Ricardo Bellver y Elías Martín Riesco. El resultado de estos estudios pronto se rentabilizará con nuevos premios, como los obtenidos en 1892 en la Exposición Internacional por su Retrato de don Ramón Vigil, obispo de Oviedo, y la figura de Giotto adolescente'; y en importantes encargos, como los grandes relieves dedicados a la Minería y a la Industria para el edificio de Fomento.

Ante esta exitosa realidad, intentará obtener, sin resultado, la beca de la Academia de España en Roma y, con fortuna, la Pensión Piquer. Gracias a este premio podrá, por fin, residir en Roma, Turín y París (entre 1900 y 1905). Es en este período cuando afronta los bocetos para el mausoleo de la duquesa de Sevillano y las esculturas ecuestres para el puente María Cristina de San Sebastián.

Su actividad artística se encuadra en la "generación perdida", aquella que padeció el drama del 98; y su estilo en el empleo del lenguaje académico con una técnica impecable, pero alejando sus composiciones de los principios inamovibles de los clásicos y de las influencias "subversivas" de las vanguardias.

En 1905 García Díaz regresa a Madrid para dar comienzo a una carrera profesional ligada al amparo de los grandes programas constructivos que se abordaron en la España de Alfonso XIII y al compás de una arquitectura ecléctica e historicista que apelaba a la ornamentación escultórica como unos de sus principales recursos estéticos. De este modo, la firma de este escultor estará ligada a la de los arquitectos más destacados de las décadas de tránsito del siglo XIX al XX; por ejemplo, cabe citar a Ricardo Velázquez Bosco, Antonio Palacios, Joaquín Otamendi o Julio Martínez Zapata y a sus principales proyectos: Ministerio de Fomento, Escuela de Minas, Palacio de Comunicaciones, o el Banco de Español del Río de la Plata en Madrid, la Virgen de la Roca en Bayona, el puente de María Cristian en San Sebastián, etc.

También, una vez instalado en Madrid, accederá a una plaza de profesor en San Fernando y creará un taller de escultura, tan importante –en volumen de negocio y creatividad– como el dirigido por Mariano Benlliure.

Ángel García falleció en Madrid el 15 de julio de 1954, en una situación económica delicada, después de una frenética vida dedicada a la escultura. Desde entonces, la figura de este afamado escultor madrileño quedó eclipsada junto con la de otros creadores de su tiempo, como el arquitecto Antonio Palacios con el que fue socio fundador de la Asociación de Pintores y Escultores –creada en 1910 para defender los derechos laborales y de propiedad intelectual de los artistas españoles–. Este olvido se hace incomprensible cuando se trata de un artista muy notable que tiene su obra bien conservada y expuesta, a la vista de todos y de forma permanente, en los edificios del centro de Madrid y en buena parte de las principales ciudades españolas, incluía Guadalajara.

García Díaz en Guadalajara

Uno de los principales destinos de las primeras obras de Ángel García serán los proyectos arquitectónicos que diseñara Ricardo Velázquez para doña Maria Diega Desmaissières. Esta asociación a tres –escultor, arquitecto y mecenas– tendrá su primer capítulo en 1900 en la reforma del palacio de los Sevillano de la madrileña calle de Caballero de Gracia; a éste seguirá, ya en Guadalajara, el complejo de la Fundación y panteón familiar (1887-1921).

Aquí, se multiplicarán los alardes ornamentales; alternando los recursos escultóricos como simples elementos tributarios de lo arquitectónico y constructivo con tallas de excepción. Así, se demuestra en el grandioso escudo de la fachada principal de la Fundación, en los relieves y capiteles de galerías y arquerías, en la escultura de santa María Micaela, o en las piezas que embellecen el Panteón.

Este proyecto, paradigma de la arquitectura historicista española, contó con un presupuesto casi ilimitado que posibilitó la contratación de los mejores profesionales y materiales. Por consiguiente, Ángel García pudo contar con magníficos mármoles de Carrara para labrar, además del grupo funerario, las esculturas de devoción dedicadas a San Diego de Alcalá y a Nuestra Señora de las Nieves y asumir el encargo de la grandiosa puerta de acceso en bronce dorado y maderas nobles. Además pudo diseñar, platear y modelar las pilas del agua bendita, los capiteles, trompas y frisos para que oficiales de experiencia acreditada afrontaran su materialización.

De entre todo este cuidadoso programa decorativo emerge el modernista mausoleo de doña María Diega Desmaissières, que, en opinión del propio escultor, fue una de sus principales composiciones. No podemos olvidar que una de sus piezas angelicales sería premiada en la Exposición Nacional de 1920.

Esta obra consta de dos grupos de marmóreas figuras celestiales alzadas sobre independientes basamentos de mármol negro. Al frente, abre la comitiva fúnebre un trío de ángeles cantores que anuncian la marcha del féretro hacia la gloria; allí donde, en compañía de sus plegarias, será conducido hasta la presencia del Creador. En un segundo plano, cuatro compañeros, sin apenas esfuerzo y con ánimo venturoso, alzan del túmulo el noble ataúd para iniciar la venturosa travesía desde este mundo. Por ello, aún, el féretro está recubierto con el manto de la capilla ardiente, adornado con guirnaldas de flores, y rematado con el almohadón sobre el que se exhibe la corona ducal.

La elección de rocas de distinta composición y cromatismo para cada uno de los elementos y figuras, confiere al conjunto un valor estético y simbólico que redunda en la originalidad y expresividad de la obra. También es de elogiar la calidad con que fue planteada la disposición y expresión de las figuras angelicales, así como la delicadeza con que fueron talladas; es especialmente notorio, y de primorosa perfección, el tratamiento de los paños y ropas que las cubren.

Para el frontal del heráldico basamento de éste segundo grupo, Ángel García talló en mármol blanco un elegante y sereno retrato de la condesa que emerge entre las armas de los distintos linajes que honró la difunta en vida.

Nota complementaria

Por estos mismos años, en Guadalajara se ejecutaban otros proyectos arquitectónicos en los que la ornamentación escultórica tenía un importante protagonismo: la iglesia de San Sebastián y el palacio de los condes de Sevillano, el Instituto General y Técnico Provincial –estos tres bajo la dirección técnica de Ricardo Velázquez Bosco–, y la nueva fachada del Ayuntamiento.

Hasta el momento, desconocemos la autoría de los relieves y figuras clásicas que exornan estos edificios; únicamente, podemos anotar la identidad de uno de los artistas responsables: José Soler Onrubia. Este escultor participó en la decoración del palacio de la plaza de Fernando Beladíez y del nuevo hastial de la Casa Consistorial.

Bibliografía

  • Arévalo Cartagena, Juan Manuel. "Un escultor para arquitectos : la obra de Ángel García". En Goya, 301-302, Madrid, 2004, p. 289-306.
  • Diges Antón, Juan. Guía del turista en Guadalajara. Guadalajara, 1914.
  • Herce Montiel, Pablo. La Duquesa de Sevillano y su obra social. Guadalajara : Institución Provincial de Cultura "Marqués de Santillana", 1999.
  • Herrera Casado, Antonio. El Panteón de la Duquesa de Sevillano en Guadalajara : una guía para conocerlo y visitarlo. Guadalajara : Aache, 1993.
  • Pérez Arribas, Andrés. El palacio de la Condesa de la Vega del Pozo en Guadalajara. Guadalajara : Hermanos Maristas del Colegio Champagnat : Ayuntamiento de Guadalajara, 2003.


Emplazamiento