Leonardo Torres Quevedo

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Artículo de Pedro José Pradillo y Esteban, bajo licencia CC By-sa petit.png
Retrato en bronce del escultor Ramón Murieras, c.1986. (Exposición Leonardo Torres Quevedo y la conquista del Aire: 1907-Guadalajara-2007).

Don Leonardo Torres Quevedo fue un destacadísimo ingeniero español que fraguó una inigualable carrera como científico e inventor, poniendo a disposición del saber y de la sociedad importantes instrumentos para su desarrollo; como el «Telekino», los trasbordadores para pasajeros en el Monte Ulía de San Sebastián y en las cataratas del Niágara, el «Artimómetro electromecánico», o los dirigibles Astra-Torres.

Sobre este último aspecto, cabe recordar que el 27 de julio de 1908 el Ministerio de Fomento publicó una Real Orden por la que se reconocían los esfuerzos realizados por los ingenieros Leonardo Torres Quevedo y Alfredo Kindelán Duany para la botadura del primer dirigible español en el Parque de Aerostación de Guadalajara, hito que sería importantísimo en la historia de la aeronáutica española y mundial.

Ingeniero-inventor

Leonardo Torres Quevedo nace el 28 de diciembre de 1852 en Santa Cruz de Iguña, Molledo (Cantabria); aunque su infancia la pasa en Bilbao, ciudad en la que su padre ejercía la profesión de ingeniero de ferrocarriles. Aquí estudió el bachillerato para, años más tarde, trasladarse a París y completar sus estudios. Luego, en 1870, la familia siguiendo la carrera profesional del progenitor se instalará en Madrid. Este nuevo destino permite al joven Leonardo matricularse en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, de la que se licenciará en 1876 con el número cuatro de su promoción, después de haber interrumpido puntualmente sus estudios en 1873 para asistir a la defensa de Bilbao durante la Tercera Guerra Carlista.

Con el título de ingeniero recién expedido comienza su carrera profesional en la misma empresa de ferrocarriles en que trabajaba su padre. Entre sus primeras misiones destaca el viaje de formación que realizó por los centros industriales de Europa para, de este modo, conocer de primera mano los avances científicos y técnicos que se están desarrollando en la incipiente área de la electricidad. De regreso a España se instala en Santander donde, hasta 1899, mantendrá un laboratorio experimental sufragado con los ingresos que le proporcionan la comercialización de las invenciones allí desarrolladas.

De vuelta a Madrid, en 1901 y en el seno del Ateneo, participará en la creación del Laboratorio de Mecánica Aplicada para diseñar y fabricar aparatos e instrumentación para la experimentación científica. Ese mismo año ingresa en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, institución de la que fue presidente en 1910. A esta primera época corresponden importantes proyectos de mecánica e ingeniería, como el ‘Telekino’ y los primeros transbordadores aéreos para pasajeros.

Leonardo Torres Quevedo falleció en Madrid el 18 de diciembre de 1936 a punto de cumplir 84 años, después de una dilatada carrera profesional de dimensión internacional jalonada por importantes aportaciones que trataremos de esbozar.

El Telekino

Telekino perteneciente al Museo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid. (Exposición Leonardo Torres Quevedo y la conquista del Aire: 1907-Guadalajara-2007).

En diciembre de 1902 el inventor cántabro presentó en Francia la solicitud de patente para el «Telekino», primer aparato de control remoto por hondas hertzianas que pretendía gobernar y maniobrar a distancia los dirigibles aerostáticos. El primer prototipo se construyó en el Laboratorio de Mecánica de La Sorbona en 1903, año en que presentaría la solicitud de patente para España y Estados Unidos.

Una vez perfeccionado el sistema, y al amparo del Centro de Ensayos de Aeronáutica (creado en 1904), se realizarían las primeras pruebas de acción remota sobre un triciclo en el frontón Beti-Jai de Madrid y, en octubre de 1905, con el bote «Vizcaya» en la ría del Nervión en Bilbao. Al año siguiente, se repetirían las prácticas con una barca en el estanque de la madrileña Casa de Campo. El éxito de estas experiencias impulsaría el nacimiento de la inteligencia artificial y de los computadores digitales, así como la publicación de innovadores planteamientos en su artículo titulado: Ensayos sobre automática (1914).

El invento del Telekino ha servido recientemente para que el prestigioso Institute of Electrical and Electronic Engineers conceda a Torres Quevedo uno de sus «Milestone».

Los trasbordadores aéreos

Cabina de la maqueta del trasbordador perteneciente al Museo de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid. (Exposición Leonardo Torres Quevedo y la conquista del Aire: 1907-Guadalajara-2007).

También a este período corresponden los esfuerzos para resolver con éxito el traslado de personas en zonas de dificultosa orografía por medio de trasbordadores aéreos. Es cierto que los primeros proyectos se iniciaron en el siglo antecedente, logrando en 1887 la patente de invención sobre un «sistema de camino funicular aéreo de alambres múltiples». Los ensayos del novedoso trasbordador se realizaron en el valle de Iguña y, en 1890, en Suiza con la intención de abrir mercado en un país de excepcional orografía; pero el invento fue rechazado por los empresarios e instituciones helvéticas.

Mucho tiempo después, en 1906, se crearía la Sociedad Anónima Estudios y Obras de Ingeniería con el objeto de experimentar y materializar las ideas y prototipos creados por Torres Quevedo. Se comenzó en 1907 por recuperar el fracasado trasbordador para pasajeros, proponiendo la construcción y puesta en servicio de uno en el Monte Ulía de San Sebastián con un recorrido de 230 metros.

El notable éxito alcanzado, basado fundamentalmente en sus condiciones de extrema seguridad, permitió a la empresa plantear otros transbordadores en diferentes países europeos y acceder al difícil mercado norteamericano. Al fin se creó la sociedad The Niagara Spanish Aerocar Company para instalar un funicular de 550 metros de longitud en las inmediaciones de las famosas cataratas canadienses. El proyecto, de capital y tecnología española –la obra fue dirigida por Gonzalo Torres, hijo de don Leonardo–, se inauguró el 15 de febrero de 1916 y aún hoy presta su servicio. En reconocimiento a su aportación a la ciencia, ese mismo año, Torres Quevedo recibiría del rey Alfonso XIII la Medalla Echegaray.

Tras estos logros, profesionales y honoríficos, vendrían otros de similar importancia. Por ejemplo, en 1920, presentaría la máquina calculadora denominada “Artimómetro electromecánico”, e ingresaría en la Real Academia Española de la Lengua para ocupar el sillón que había dejado vacante Benito Pérez Galdós. También en aquel año inscribiría su nombre en la Sección de Mecánica de la Academia de Ciencias de París; y después, en 1922, la Universidad de La Sorbona le nombraría Doctor Honoris Causa.

Torres Quevedo en la conquista del aire

1911. Vuelo de pruebas del dirigible Torres-Astra. (Recorte de prensa de la revista La Ilustración Española y Americana.

Como advertíamos en la cabecera, la ligazón entre don Leonardo y Guadalajara viene propiciada por sus aportaciones al desarrollo de la aeronáutica, en especial a las patentes para nuevos modelos de dirigibles y al perfeccionamiento de sistemas asociados a este tipo de aeronaves, como lo fue el innovador poste de amarre.

Su periplo en este campo se inicia en 1902, año en que presenta ante las Academias de las Ciencias de Madrid y París un nuevo tipo de dirigible semi-rígido con un armazón interior de cables flexibles.

Esos proyectos comenzaron a materializarse a partir de 1905 con la ayuda de Alfredo Kindelán en el Parque de Aerostación Militar del Ejército en Guadalajara. Las pruebas de vuelo y maniobra se realizarán con gran éxito en los años siguientes: en 1907 con un prototipo de 640 metros cúbicos; y, en 1908, con otro de 950 metros cúbicos.

Las discrepancias habidas con Kindelán obligarán al ingeniero cántabro a abandonar el Parque de Guadalajara y sus dirigibles Torres Quevedo, virando sus esfuerzos e iniciativas hacia la empresa privada, concretamente con la firma francesa Astra. En sus talleres de Issy-les-Moulineaux se desarrollarían varias patentes y fabricaría un elevado número de dirigibles que nutrirían las dotaciones aeronavales de los ejércitos de Francia e Inglaterra durante la primera Guerra Mundial y, después, de otras muchas naciones.

En 1919 Torres Quevedo se enfrentaría a un nuevo reto: el dirigible «Hispania», con el que se pretendía crear un puente aéreo para viajeros entre Europa y América. Esta aeronave, concebida en colaboración con el ingeniero militar Emilio Herrera Linares nunca llegó a construirse.

Bibliografía

  • Actas del III Simposio Leonardo Torres Quevedo : su vida, su tiempo, su obra : 24 a 28 de abril de 1995 / edición de Francisco González de Posada, Francisco A. González Redondo. [Pozuelo de Alarcón] : Amigos de la Cultura Científica, [1999].
  • Exposición Leonardo Torres Quevedo y la conquista del aire : centenario de la botadura del dirigible "Torres Quevedo" : 1907-Guadalajara-2007 : Guadalajara, del 5 de noviembre de 2007 al 12 de enero de 2008 : Teatro-Auditorio Buero Vallejo / [Francisco González de Posada ... et al.]. [Lanzarote] : Amigos de la Cultura Científica, [2007].
  • González de Posada, Francisco, y González Redondo, Francisco A. Leonardo Torres Quevedo y los globos dirigibles. [Madrid] : INTEMAC, [2002].
  • González-Granda Aguadé, Rafael. Crónicas Aeronáuticas. Madrid : Instituto de Historia y Cultura Aeronáuticas, [1992]-[2004]. Tomo I: Desde Dédalo hasta el Aeroplano (1903). Tomo II: Del Aeroplano de los Wright a los europeos (1904-1907).
  • Kindelán y Duany, Alfredo. Globos dirigibles. Madrid : Memorial de Ingenieros del Ejército, 1909.
  • Lázaro Ávila, Carlos, y Pérez Heras, Angel. La Aerostación Militar en España. [Madrid] : Ministerio de Defensa, Secretaría General Técnica, D.L. 1995.
  • Pradillo y Esteban, Pedro José. Guadalajara cuna de la Aerostación Española. Guadalajara : Patronato de Cultura, 2008.