1882. Diges Antón, Juan. Orígenes de Guadalajara y sus murallas

De Enciclopedia de Guadalajara
Revisión del 14:40 21 jul 2011 de JBA (discusión | contribuciones)
(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

Referencia

Diges Antón, Juan. "A mi buen amigo M. V. Y C.". Revista del Ateneo Escolar de Guadalajara, 1882, año II, n. 15, p. 22-24.

  • Este artículo puede considerarse el punto de partida de las investigaciones contemporáneas sobre la historia urbana de Guadalajara. Muchas de sus afirmaciones se han puesto en duda, naturalmente, a medida que progresaban nuestros conocimientos sobre el pasado de nuestra ciudad, pero otras siguen vigentes o han servido de pista a otros autores. Una aportación esencial de este trabajo fue la publicación del plano de las murallas que la Brigada Topográfica del Cuerpo de Ingenieros, asentada en Guadalajara, había trazado en 1846.
  • Disponible en el Archivo Municipal de Guadalajara.

Transcripción

Plano de las murallas de Guadalajara.

Guadalajara, Junio de 1882

Averiguar el origen de una población y de sus muros de defensa, que suelen ser coetáneos, cuando una y otros cuentan algunos siglos de su vida, es meterse en un laberinto cuya salida, por razón del significado de la palabra, es dificultosa. Y si a esto añadimos que las fuentes donde pudiéramos apagar la sed que a veces nos devora, o no existen, o no están al alcance de nuestra mano, las dificultades son mayores, hasta hacerse insuperables. No extrañes, pues, que yo me limite a consignar algún dato citado por algún autor, o a dar noticias cuya autenticidad no se pueda poner en duda, porque basta darse un paseo por la población para verlas confirmadas. Dispensa, y lamenta conmigo que no tenga las fuerzas que supone desenvolverla del sudario de polvo que fabrican el tiempo y el olvido en que según segura un escritor, está envuelta, como otras muchas, la nuestra.

Distintos autores antiguos, citados por Nuñez de Castro, atribuyen la fundación de Guadalajara unos a los fenicios, otros a los griegos y otros a los romanos. "Francisco de Medina de Mendoza, en sus Anales de Guadalajara, inéditos -dice el citado Nuñez- afirma haber fundado los romanos de esta ciudad. Las razones que alega son las siguientes: que las murallas, el Alcázar, el puente, las torres, cubos y puerta en forma de caracol, son obras de romanos; y en la torre grande que está de medio a medio sobre el puente, hay una piedra que está en lo alto cuyas letras están gastadas, no entendiéndose más que esto:

N.O AE MIL. I. AI ANN. M.XXXIII.

Que quiere decir: Esta piedra se puso el año de 1033 de la fundación de Roma, que fue el año 281 de Jesucristo".

Y añade el mismo Medina: "Que había el año 1550 por aquella parte por donde desagua el río, unas piedras muy grandes con letras romanas, tan gastadas, que apenas pudo leer ninguna".

Pero el mismo autor en el capítulo 13 de su Historia, añade: "El mismo Medina en sus Anales, dice que en el año de 1542, siendo Alcalde de esta ciudad Bribiesca de Muñatones, se hundió un gran pedazo de cimiento en la torre que está en la puerta de Alvar-Fañez. Descubriéndose diferentes sillares, y entre ellos una grandísima piedra con inscripción romana, tan desgastada, que solamente se podían leer estas letras: JULIUS CAESAR".

De aquí se deduce una cosa, y es: que si suponemos a la torre del Cristo de la Feria con tanta antigüedad como a la piedra en cuestión, entre esta torre y la piedra del puente media una distancia a favor de la antigüedad de la primera, de 332 años, tomando por término medio de la vida de Julio Cesar el 51 años antes de Jesucristo. Y vea V. lo que son las cosas: con tantos años de diferencia, la más moderna ha muchos que no existe, y la más antigua todavía está en pie.

Y si como dice Nuñez de Castro en el citado capítulo 13 de su Historia, Julio César reedificó a Guadalajara, tenemos que suponer a la fortificación primitiva una antigüedad de más d e 1932 años.

Pero me llama la atención, amigo, que en algunos, bastantes, de los sillares que forman las artistas de los trozos existentes de algunas de las antiguas torres, se observe una cruz hecha acaso con el mismo instrumento de labrar la piedra, signo de los cristianos, prodigado en la antigüedad hasta en las cosas más nimias. Y digo que me llama la atención, porque en ese caso había que suponerlas con una antigüedad menor, o declarar que ha podido haber más reedificadores que Julio César. Yo me conformo con esta última idea, y así la apoyan las inscripciones de la torre del puente, antes citadas. Pero sobre ser de sentido común, esta misma idea la apoya otro suceso, si hemos de seguir valiéndonos de inscripciones, ya que no podamos disponer de otra cosa, para probar la antigüedad de las murallas. Es el siguiente:

En 1610, según asegura otro escritor, se derribó un cubo cerca de la puerta de la Alcallería con un motivo se encontró un cántaro con muchas monedas del tiempo de Augusto, Emperador, que ni es el de Julio César, ni el 231 de Jesucristo.

Y aún me parece que en el trozo comprendido entre el 2 y el 8 del plano hay vestigios de los árabes, por más que dejaron muy pocos recuerdos en Guadalajara, "a lo menos si hemos de juzgar por los insignificantes restos de ellos que se conservan", dice Manuel Angelón.

[Puertas de la ciudad]

Tenía la fortificación antigua más puertas que las que aparecen en el plano, pues además de las del el Alamín, Bejanque, Santo Domingo, San Antonio y de Madrid, hubo las de Bramante, Alvar-Fañez, Postigo, del Sol, de la Alcallería, una que en 1600 existía ya cerrada en la cerca de las monjas de Jerónimas y alguna otra. No he contado entre las anteriores a la de Zaragoza, situada a espaldas de San Francisco, y por consiguiente, fuera de la fortificación, ni a la que debía haber en la torre del puente que cité al principio de estos mal perjeñados renglones.

Algunos de estos nombres -como sucede con Bramante, Alcallería y Alamín- parece que indican la intervención de los árabes en la constitución de las murallas; pero sin que se niegue que tomaran parte en reedificaciones, pues al cabo la tuvieron en su poder 369 años -de 716 a 1085- no es una razón para suponer que fueran fundadores, pues sin las razones antes enumeradas, está fuera de duda que cuando la ganaron era ciudad amurallada.

Lo que sucede es, que con el trascurso de los tiempos caen en desuso algunos nombres para ser reemplazados por otros, que adquieren carta de naturaleza. Y así observamos, que la puerta de la Feria se llamó después de Alvar-Fañez; como la de Santo Domingo, que con anterioridad se llamó del Mercado, como indiqué en otra ocasión, y mucho antes del Monte.

¡Pero qué más, si a la ciudad le ha sucedido lo mismo! De la antigua Arriaca de los romanos, pasó a ser Caraca, y de aquí Guadalajara, de Guadalhidjara, río de las piedras, por alusión al Henares, que corre a sus pies.

Sin embargo, asegura un escritor que la de Bramante, fuertísima, y uno de los más notables edificios que los moros hicieron en Guadalajara, fue debida a Bramante o Bradamante, rey de esta ciudad.

La puerta de San Antonio data de después de 1590, época en que comenzaron las obras del monasterio del mismo nombre, de franciscos descalzos, situado en una pequeña eminencia a continuación del puente. Dice que las vueltas y revueltas que tenía la puerta de la Feria dificultaba el paso a los ciudadanos, y con licencia del rey y beneplácito de la cuidad, abrieron en la muralla una brecha anchurosa, que es la puerta, y construyeron un puente para pasar el arroyo de las huertas y llegar al convento.

[Torres y murallas]

Ocupa la ciudad, y por consiguiente la fortificación, una pequeña eminencia a izquierda del río Henares, cuya fortificación bordeaba desde su nacimiento dos pequeños barrancos con vertientes a arroyos. Estos barrancos, no solo recogen las aguas pluviales, si que también las sucias de la ciudad. Los barrancos se llamaban del Alamín y de San Antonio, y eran para la fortificación como fosos donados por la naturaleza para dar a aquella más importancia y hacerla más inexpugnable.

Hoy no existen de la fortificación más que las torres del Alamín, Bejanque y Cristo de la Feria, moles inmensas de piedra que demuestran el poderío de sus fundadores, majestuosas por su altura, y severas, por la severidad que imprime a los edificios el predominio de la línea recta.

No existen, repito más que las citadas torres deterioradas, y algunos, menos de los señalados en el plano, viejos y carcomidos trozos de muralla que en un tiempo debieron ser firmísimo baluarte de la antigua Caraca, así como de sus muy leales y muy nobles defensores; de la que goza el título de Ciudad desde Enrique IV el impotente; de la que fue centro de un gran grupo de nobles, entre los que se distinguía el Duque del Infantado; de la que ha sido visitada en distintas y repetidas ocasiones por veintidós reyes, desde Alfonso VIII el de las Navas, hasta nuestros días, sin contar gran número de personas reales, algunas de las cuales tuvieron aquí su morada; y de la que, por último, un escritor de nuestros días se atreve a decir en 1877 que crece la hierba en algunas de sus calles.

De la puerta presumible, representada en el plano con el número 13, cerca del puente, que me parece ser la de Bramante, no hay el más pequeño vestigio, así como tampoco del lienzo de muralla que parte de la misma puerta en sentido de 13 a 2.

El tiempo y la piqueta demoledora han sido los encargados de hacer desaparecer la fortificación. He dicho piqueta demoledora , porque las magnificas tapias que circundan la huerta de la Academia de ingenieros son producto de las antiguas murallas, así como gran parte de la fábrica empleada en la edificación de la Iglesia y convento de antiguas Jerónimas, como antes dije.

La parte de la muralla que va desde la puerta de Madrid al ángulo inmediato tampoco existe, y siguiendo desde este ángulo hasta cerca de la torre número 11, es una parte sobre la cual me parece que se apoya casi en toda su extensión la parte posterior del archivo de los regimientos de Ingenieros, del cuartel de San Fernando, de la Academia, y de la huerta del Hospital Civil.

De lo demás, ya he dicho que no existe casi nada, y si las torres señaladas con los números 5, 11 y 7, sobre todo ésta, están en pie, es porque no han podido derribarlas fácilmente. Bien es verdad que ya para qué se quieren, como no sea para dar a la población ciertos visos de arcaísmo, si me permites en este caso el empleo de esta palabra.

Y pues que he dicho cuanto he podido y sabido decir acerca de la antigüedad y otras circunstancias de la fortificación, pasemos a otra cosa, aunque tú sepas ya cuanto vaya a decir, siquiera para hacer un poco más larga esta epístola.

Extramuros de la ciudad teníamos el Alamín, arrabal que todavía existe y al cual se pasa por la puerta del mismo nombre y puente de las Infantas. A este barrio le da el nombre una fuente, que con el lavadero de piedra adjunto llaman de Alamín, que quiere decir fuente de Dios: Ala-mín; Ala Dios y mín fuente; pero Bárcia da a esta palabra la misma significación que tiene almotacén y dice: árabe, al-min, fiel de quien fiamos.

En este barrio, y siguiendo el barranco, a su derecha está San Bernardo, junto a la fuente de la Alaminilla (diminutivo de Alamín) el más antiguo sin duda de los de la ciudad, pues que se fundó en 1926 por la Infanta D.ª Isabel, Sra. de Guadalajara, hija de Sancho IV el Bravo. Esta señora y su hermana D.ª Beatriz, habitaron los reales Alcázares de Guadalajara y a ellas se debe la denominación de las infantas que tiene el puente citado, y que ellas mandaron construir.

Siguiendo el circuito de las fortificaciones desde este último punto, observamos, que lo mismo que el Alamín, se encuentra fuera de la muralla la puerta de Zaragoza, barrio pequeño llamado también desde muy antiguo de Santa Ana, por una fuente y lavadero adjunto que llevan el mismo nombre; disminuido a consecuencia de la nueva dirección que se dio a la carretera de Madrid a Francia ha como unos 16 o 18 años, que obligó a derribar una manzana de casas, y del que se verificó bastante tiempo antes de una cuarta manzana para edificar parte de la fortificación y de almacenes del Fuerte de San Francisco, que son los que corren paralelos a la carretera, y cuyo último torreón mira al convento de San Bernardo y al ventorro de Tetuan. Estas obras se hicieron siendo comandante de Ingenieros de la plaza, el Excelentísimo Sr. D. Joaquín Terrer, de feliz recordación.

A continuación vienen San Francisco, hoy Comandancia de Ingenieros, Arrabal del Agua, que antiguamente se llamó de San Francisco por su inmediación la convento; San Roque, plaza de Jáudenes, El Amparo, plaza de Santo Domingo y el Carmen. Como los vestigios comprendidos entre el 8 y el 2 del plano son casi nulos, vienen las conjeturas y se duda si el Carmen estaría o no fuera de la fortificación; pero hablando Nuñez de este convento, dice, entre otras cosas: "Entraron a fundar este convento en 1631, y tomaron el puesto que hoy tienen (1653), en el Arrabal de la puerta que está a extramuros; sirve aquel plano de mercado a la ciudad".

La plaza de Jáudenes está construida por la carretera de Guadalajara a Cuenca, que es denominada Carrera, y antiguamente Carrera de San Francisco, en un extremo, y en su centro por la Concordia, eras de trillar en 1850 y hoy un bellísimo jardín, sitio de solaz, y recreo para los habitantes de esta población.

Tirando una línea recta, como se ve en el plano, desde la puerta de Santo Domingo a la de Bejanque, nos dice que la muralla debía pasar por entre la calle la Mina y la de las Canuevas. Se llama de la Mina por existir una desde muy antiguo que servía de desagüe al pozo llamado de la Nieve, perteneciente a la ciudad y situado donde hoy llamamos la hondonada, junto a la puerta de Santo Domingo.

Por último, y para no molestar por más tiempo tu atención, he creído conveniente, para mejor comprender estas noticias históricas que te mando, adjuntar a ellas un plano de la antigua fortificación de Guadalajara. Me he servido al efecto de uno que publicó el Memorial de Ingenieros en 1846 y que por casualidad llegó a mis manos no hace muchos años. Entonces le copié para mi uso particular, y hoy no hago más que reducirle a la mitad de su escala para adecuarle algún tanto al tamaño de nuestra revista. Después nos le han litografiado.

Tu aftmo:

J. DIGES A.